Cultura

Yeyecatleme: El amor mutuo

La visión nahua reconoce a la naturaleza como un ser con corazón que siempre ha ayudado a los seres humanos.

| Por: Gaby Mendez.
| Imagen de portada: Joanna Haber.

Los pueblos indígenas y comunidades locales son reconocidos por la ONU como sujetos sociales centrales que deben conservarse, el conocimiento que estos pueblos ofrecen al mundo no son afines a la ciencia. Son conocimientos que una sociedad como la actual debe retomar y nutrirse con ellos, porque son expresiones de una racionalidad diferente, es teoría social y saberes que son patrimonio por su efectividad en la conservación de recursos. Son conocimientos con lógicas propias que no separan las prácticas productivas de las tradiciones, del entorno, de la naturaleza y de los mitos de origen.

El modelo capitalista estructura una tajante separación entre ser humano, su ambiente social y natural. Aquello que no es nuestra individualidad nos es ajeno y externo. El modelo de pensamiento que pone por encima de la pirámide a la acumulación de riqueza devasta el ambiente. Los resultados de la brecha tajante se ven retratados en los grandes problemas que aquejan las grandes urbes. Pero México es un país con más de 50 grupos étnicos que definen su entorno de manera distinta y reconfiguran las relaciones de forma distinta. Al conocer algunos de estos otros modelos, podríamos tomar aquello que nos parezca a fin con la vida que queremos llevar o simplemente para tener referentes nuevos de significación.

Los investigadores Yuribia Velázquez y Hugo Rodríguez, realizaron una investigación etnográfica enfocando a los nahuas de la Sierra Norte de Puebla. Me parece realmente importante las consideraciones que los investigadores apuntan respecto a los indígenas y el cómo percibimos sus creencias. Sucede que al estudiarlos, se torna en una conversación intercultural y cada parte envuelta sostiene sus propias categorías conceptuales y por ello solo somos capaces de interpretar, sobretodo porque tenemos nuestro propio método científico tatuado en la mente. Las interpretaciones suelen ser monoculturales y llegan a desvalorizar el pensamiento ajeno.  Si los indígenas creen que un cerro tiene vida, por default nos es inconcebible porque el cerro es un cerro (para nosotros) y punto. Si se dice algo más intrínseco de él, entonces aquello es una creencia. 

Fotografía: Uedany.

En la Sierra Norte de Puebla la comunidad es bilingüe del náhuatl y del español. El ciclo agrícola del maíz es el eje central de la vida y este conlleva rituales para los yeyekatlame. Estos son seres no humanos. Todo aquello que nosotros llamamos naturaleza es una manifestación de los yeyekatlame y los pobladores se interrelacionan y comunican con ellos. Existen diferentes yeyekatlame alrededor del universo y su objetivo es conseguir el bienestar compartido. Ayudan a los humanos con su trabajo, pero ellos asumen el compromiso de responder al apoyo de forma recíproca.

Los yeyekatlame poseen iyolotl (corazón), por lo que son capaces de entender y sentir (tlamatilistli). También tienen voluntad (cialistli). Se cuenta que ellos fueron los que juntos formaron el mundo en que hoy se vive y lo lograron dando a cambio su cuerpo físico. Eran los antiguos dioses y querían que los seres humanos vivieran, pero después pensaron que necesitarían ayuda, así que cada yeyekatlame cambio su cuerpo en sol, luna, tierra, árboles, plantas, animales y todo lo que existe. Mientras los yeyekatlame hacían el mundo, dijeron a Sipaketle (un yeyekatlame) que rompiera un cerro, ella tomó vuelo y se aventó contra el cerro. Pera como era una nube, solamente pasó de largo y su cabeza se estrelló en el suelo creando un gran hoyo y con ello se formó el mar. En cuanto a sus cabellos, dicen que salieron aquí y allá para crear manantiales, arroyos y ríos.

Imagen: Los Metzican.

Cuando Quetzálcoatl no puede sacar semillas para que los hombres se alimenten, busca a Sipaketle, la yeyekatlame más fuerte. Ella quería música para llegar desde el mar hasta donde estaba el almacén de maíz, ranas o sapos sonaban como tambores y varios de ellos se fueron poniendo en el camino. Entonces el dios del viento bailaba y movía el agua en el mar, Sipaketle se alzó como nube y dejó que el viento y la música le guiase. Cuando comenzó a llover los sapos dejaron de cantar. (Por eso se dice que el cantar de los sapos llama a la lluvia) Llovió y relampagueo, pero después encontraron maíz, frijol, chiles, calabazas.

Los investigadores ven en esta narración elementos de la cultura indígena en la Sierra Norte de Puebla. El sapo, el viento y el relámpago se vinculan entre ellos para conseguir un objetivo, están convencidos de ayudar. A cambio de llover deben dar música y baile. Hay negociación, convencimiento y acuerdo.  Ejemplo de la interdependencia a nivel cósmico bajo la cual se vive.

Fotografía: Michal Ico.

En esta comunidad se celebra la Bendición de la Semilla y la Fiesta del Agua de Lluvia, suelen llevarse acabo al interior de cuevas, porque se asume que fueron formadas por el agua y de hecho son los lugares de encuentro con Sipaketle. El 3 de mayo se prepara comida y se lleva a la cueva junto con mazorcas con las semillas que se sembraran, coronas de flores y se inicia una danza junto al sonido del violín y la guitarra mientras se inciensa a los yeyekatlame. Los pobladores piden permiso de entrar al lugar. En lo profundo de la cueva se colocan los presentes y se ejecuta una danza en compañía de los yeyekatlame del aire y el agua. Terminan compartiendo los alimentos.

Los pobladores hacen una fiesta para que agradecer, y ven en una fiesta el que Sipaketle se sienta querida. Desperdiciar el agua es una ofensa para los yeyekatlame que tanto han dado a la humanidad y los pobladores consideran que faltarles al respeto puede resultar en el abandono del lugar. Desde nuestra perspectiva llevar el agua entubada es un servicio indispensable que todo lugar requiere, pero para ellos el acudir personalmente a los manantiales cercanos para acarrearla en cántaros permite que no se pierda el respeto al agua.

El reconocimiento del agua como sujeto sensible, el mostrarse de acuerdo con la existencia de Sipaketle permite dar amor, reconocimiento y respeto recíproco. El verdadero problema es la exclusión indiscriminada de aquellos sistemas de conocimiento de otras perspectivas. Entender otras lógicas y sumergirse en ellas es todo un reto para nuestra formación ya bien enraizada.  Entendemos al hombre como una convención social y el sujeto activo, mientras que la naturaleza es aquellos independiente de él. La naturaleza siempre ha estado ahí, es objeto no sujeto. Nuestra visión de la realidad es segmentada y dicta que la naturaleza y la cultura deben ser excluyentes, el ejemplo que los autores dan es el del estudio de la biología, por un lado, y la antropología, por el otro.  Para los nahuas, los yeyekatlame son lo que conocemos como naturaleza, y al igual que el hombre, son sujetos. Actúan. Por ellos los recursos son conservados a partir de la idea de respeto que se deriva en el amor y cooperación, que al final es la interdependencia que los mitos de origen ejemplifican. 

Fotografía: Zen Maldives.