Fotografía

Viajar es cultivar el asombro

Entrevistamos a Carlos Adampol Galindo, el fotógrafo nómada que busca nuevas formas de retratar al mundo.

| Por: Karla Ceceña.
| Fotografías: cortesía de Carlos Adampol Galindo.

Vivimos en una época en la que la fotografía se ha vuelto parte cotidiana y fundamental de nuestras vidas. Gracias a la tecnología es mucho más fácil capturar en una imagen aquellos momentos que consideramos importantes y que queremos retener más allá de la memoria. Sin embargo también vivimos en la inmediatez, donde retratar nuestra vida y compartirla se ha vuelto casi obligatorio sobre todo cuando viajamos. Encontrar una imagen que destaque del resto, que atrape tu mirada o incluso que te haga reflexionar es cada vez más difícil pero aún hay personas que con su lente nos muestran otra forma de concebir el mundo. 

Carlos Adampol Galindo hizo de los viajes su forma de vivir y de la fotografía su modo de observar la vida. La particularidad de sus imágenes es evidente no sólo desde las composiciones que construye, sino también del proceso artesanal detrás de su captura (algunas de sus obras están compuestas por más de 70 fotografías). Conocimos a Adampol viajando y de inmediato admiramos su trabajo, su filosofía y la fortaleza que tuvo para volverse nómada, para vivir del asombro. 

¿Cómo descubriste la fotografía y por qué decidiste dedicarte a ella?

Antes que fotógrafo me hice viajero, al viajar es natural querer retratar la belleza del mundo y un día alguién me preguntó, ¿a qué te dedicas?, tenía mi cámara en la mano y contesté: a la fotografía. Así me hice fotógrafo. Siempre tuve hambre de mirar, la gente en los autobuses duerme en los viajes largos, yo siempre estaba en la ventana, mirando, mirando insaciable, pero fue hasta mucho tiempo después que aprendí a “ver”.

¿Qué tipo de instantes buscas capturar en tus fotos?

Me apasiona la naturaleza del instante mismo, ponerme en una “situación fotográfica” y fluir con el acontecer que desemboca en la belleza de un instante para capturarlo, es casi como cazar algo que habita en mí, más que en exterior. No fotografío lo que veo, fotografío lo que pienso. No elijo un lugar y lo miro, dejo que mi intuición me lleve hasta ahí y luego que ese lugar entre dentro de mi, fotografío desde mi centro como un acto de fuerza que resuena en el tiempo.

La simetría y las esferas en tus imágenes son elemento constantes, ¿por qué?

La esfera es el símbolo de la totalidad y la simetría el lenguaje con el que lo divino se manifiesta, como una nota musical que está bien tocada se convierte en reflejo de su silencio. La simetría es armonía de los espacios y cuando miro ese espacio a través de la totalidad de brinda la esfera, una resonancia poderosa se manifiesta. Utilizo la esfera para ver y entender, un instrumento mágico para ver el mundo.

¿Crees que la fotografía es una labor en solitario? 

No toda la fotografía, pero si todo arte que busca crear y mirar de manera original. No importa que estemos rodeados de ruido, el fotógrafo necesita poder escuchar su dialogo interior, generar un silencio desde su interior. El silencio es un elemento indispensable para entrar en el estado de flujo que permite “ver”. El arte y la creación en general requieren que nos salgamos de la esfera de lo común, que nos conectemos con un estado no aparente de las cosas y por lo regular esos estados solo llegan en solitario.

¿Cuál es tu filosofía de vida y qué relación tiene con la fotografía? 

Desde mi perspectiva el único sentido de la vida es el asombro, todo se desvanece en el tiempo pero el asombro perdura en lo eterno. Mi búsqueda en la fotografía es la misma, cultivar el asombro, mirar lo común y transformarlo en extraordinario, mirar lo extraordinario y transformarlo en lo sublime. 

¿Qué es lo que más disfrutas de la fotografía?

Amo cada parte del proceso, desde las largas horas detrás del obturador para capturar un paisaje nocturno hasta las largas horas en mi espacio de revelado. Amo la posibilidad que me da la fotografía para llevarme a lugares extraordinarios. Nunca hice fotografía por encargo o comercial porque sentía que si hacía algo que no me gustara, terminaría por matar mi amor a la fotografía, así cuando me saturo me doy un saludable descanso y al poco tiempo mi cuerpo me pide de nuevo hacer fotografía, nunca es un deber, siempre es un placer. 

Para ti, ¿qué significa viajar? 

Viajar es cultivar el asombro en nuestras vidas. Los medios, la velocidad de la vida nos tienen adormecidos, ya nada nos conmueve, acaso lo más brutal. Viajar es tomarse el tiempo para cambiar nuestra mente, llenarla de experiencias significativas, una exploración de conocimiento no sólo del mundo, sino de uno mismo, un viaje a la conciencia interior, como dice Herman Hesse: “La verdadera profesión del hombre es encontrar el camino hacia sí mismo”.  Viajar es cuestionar la realidad como la conocemos, salir de nuestro esquema y expandir los límites de lo posible. Viajar es enfrentarse a lo distinto cada día, un salto al vacío de lo desconocido, un acto de claridad y energía ante las fuerzas sedantes del confort de la vida cotidiana. El viaje es un acto de voluntad interna, un reflejo de la fuerza del espíritu, por eso no puede ser pagado o dirigido por alguien más allá de uno. Para conseguir una experiencia real, el viaje exige un desapego a lo material, no se puede llevar más allá de lo que se puede cargar, el viajero se desapega de sus posesiones, se separa de sus seres queridos para poder encontrar nuevos horizontes, nuevas conexiones.  El viaje es movimiento que desafía al sedentario, el andar diario que despierta la mente, la hace más afilada, más nítida, que nos conecta con la vida, con la transformación; el movimiento es la acción pura más relacionada con la felicidad. Para el viajero, una sonrisa es la puerta al mundo y su atención el mejor seguro de viaje, y al final, al contemplar la belleza del mundo, lo que queda es pura gratitud, el viajero usa sus experiencias como un caleidoscopio con el que mira su nueva realidad, ahora mucho más rica y compleja, sólo para descubrir que el paraíso está donde uno decida mirarlo.

¿Por qué decidiste ser nómada y cómo lograste desapegarte de lo material?

Hace unos años me quedé sin casa de manera repentina, estaba en crisis total, durmiendo en casa de amigos, sintiendome deprimido y atrapado por mi situación. Luego una noche de tremenda pesadumbre escuché All things must pass, de George Harrison y así, con un chasquido de dedos entendí que tenía justo lo que necesitaba,  acomodé mi vida y en unas semanas hice de mi mochila mi nueva casa. Fue mi gran lección, todo cambia en función de cómo miramos lo que nos sucede, y casi siempre miramos desde nuestros miedos o complejos, pero en un instante -no más-, podemos elegir mirar desde los sueños o nuestras potencialidades y construir nuestra realidad desde ahí.

Desapegarme de las cosas fue el mayor regalo que recibí, aunque a veces ese regalo venga en la forma de un infortunio, me permitió ver aquella frase que me enseñó un maestro en la preparatoria: “Lo que tienes, te tiene”, y una vez que nada te tiene eres más libre, y la vida se enriquece muchísimo.  Me propuse vivir muchas vidas, vivir la propia como una obra de arte, siempre cambiante, siempre fuerte y provocadora. Ahora son dos años y medio de vida sin casa, solo para descubrir que he tenido decenas de casas, de amigos que se convirtieron en familia, de experiencias en aprendizajes y sueños en realidad.   

¿A qué retos te has enfrentado para vivir viajando?

El principal reto es romperse, no es posible transformarse y seguir siendo el mismo. Romper esquemas y hacerse flexible hasta poder pasar lo que somos “por el ojo de una aguja”, donde tal vez la mera escencia sea lo único que no necesita doblarse. Muchos piensan que el principal reto para vivir viajando es encontrar una manera de sustento económico, pero esa manera nunca la encuentran dentro de sus esquemas tradicionales, es necesario salir para decubrir que las posibilidades son inmensas, en especial con un poco de creatividad y visión. Hay tanto por hacer en el mundo y tan poca gente dispuesta a romper sus esquemas tradicionales.

¿Qué influencia tienen las ciudades que visitas en tu trabajo?

Siempre me inspiro por el espacio que habito, en especial me gusta buscar los lugares llenos de vida, de cultura, necesito poco y por lo general hay una habitación para mi cerca del centro, donde sea posible salir a caminar o moverse sin necesidad de transporte o auto. El espacio que habitamos influye profundamente en la forma en que pensamos. Ponerse en un espacio asombroso, favorable, enciende luces en nuestra mente y visceversa.

¿Qué lugares del mundo te han sorprendido o marcado de forma especial?

Hay muchos, pero India marcó un parteaguas en mi vida, supogo que es tan distinto que te abre a mirar el mundo con nuevos ojos, después de India nunca más pude tener un trabajo normal, su forma de vida, su filosofía me tocó profundamente.  ¡Hay tanta belleza en el mundo!, las montañas en China y los Himalaya, la bahia de Ha long y las calles llenas de vida en Hanoi, Vietnam; las cascadas de Iguazú en Suramérica, el salar de Uyuni en Bolivia, los mercados en medio oriente, las ciudades mediavales en Europa,  el espíritu de comunidad y la belleza de la gente en San Cristobal de las Casas, Chiapas. Cincuenta países en veinte años de viajes por el mundo, hubo una época que tanta belleza dolía por dentro, como guardar un tesoro que no se podía mostrar, poco a poco comienza a salir.

¿Cómo eliges tu siguiente destino?

Podría decir que el destino me elige a mi, o mejor dicho las circunstancias, siempre aparece en el horizonte lo que se está buscando. El viajero no busca, encuentra a su paso.  Un amigo en una plática de cantina me dijo: —Me gustaría ir a Suramérica, —Vamos, le dije y en un par de meses ya estábamos en camino. 

¿Cómo nació tu libro “El ojo del alma” y qué significa tal nombre?

Esperé mucho para hacerlo hasta que tuve algo que creí merecía ser dicho.  Fue un descubrimiento, una idea fotográfica original, mirar desde la esfera como un acto filosófico más que estético.  Creemos que miramos con los ojos, pero en realidad miramos con la mente, no sólo eso, miramos con todo lo que hemos mirado desde que nacimos y no sólo nosotros, también nuestro grupo, lo que miramos como familia, como sociedad. Miramos con nuestra humanidad entera y más allá hasta los bordes del origen la vida. Ese es el Ojo del alma,  la mirada desde todo lo que somos. Dijo el místico Nicolas de Cusa: “El que mira a Dios, se convierte en Dios mirándose a si mismo”. Puedes cambiar Dios por Totalidad, o Naturaleza o Espacio-tiempo o tu idea de lo trascendente, es una invitación a mirarte desde fuera, desde otro plano de dimensión. 

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