Cultura

Treinta y seis museos

El museo como ente transformador y consejos para que no te coma.

| Por: Gaby Méndez.

Se dice que los museos son capaces de transformar la obra que en ellos habita. Iniciando por la idea de que todo museo contiene arte, sentencia que puede ser sumamente controversial y varios creadores lo han cuestionado a través de su trabajo. Pero finalmente el museo significa que dentro existen piezas que cuestionan, que significan y propician la reflexión que trascienda el lugar en sí mismo. Parecen ser ventanas de conocimiento, que cuando te paseas en ellos las abres. Al final toda obra o experiencia que ahí sucede se resignifica por su sola estancia en el lugar.

Con el paso del tiempo y la transformación del pensamiento, el museo dejó de ser un templo sagrado del arte. Lo cual supone una apertura para nuevos espacios de reflexión y de poética entre creador, objeto y perceptor. El disfrute se mantiene y las plataformas se multiplican. Cada día hay más y más conocimiento y obra por consumir. Hay más y más lugares en donde ver, pero el museo no se deja morir. Por contradictorio que parezca, los autores y el público que le han criticado le mantienen y le modifican. Quizá porque a pesar de la crítica, le consideran un lugar con credibilidad o para un primer encuentro. Me inclino por la dos. Al final tal vez ahí está el canon, que varios quieren derrumbar, pero para ello primero se le debe conocer. Como siempre, habrán perspectivas distintas. El museo es el cementerio del arte, he leído; es una institución que debería desaparecer, he escuchado. 

Imagen: Maggie Jaszowska

Quizá la clave para disfrutar de los museos sin que se trague nuestras ideas es entender la metamorfosis que genera este espacio. La investigadora de la Universidad de Zaragoza, Elena Marcén Guillén, escribe al respecto que toda pieza se genera bajo un marco referencial, y cuando se presenta en un museo este marco referencial se difumina, por lo que la misión y las emociones que acarreaba se pierden. O al menos se esconden. Pareciese que el goce visual se sube al podium, pero no debemos dejar que canten su himno; porque nos estaríamos perdiendo del valor primario. El valor del contexto que es en realidad lo que te hará estremecer y alcanzar una reflexión más profunda. Es cierto que hay una ficha que suele acompañar la obra, pero resultará más enriquecedor buscar entrevistas del autor y el contexto histórico-político en que se desarrolla el creador y la creación. Estas suelen agregarse en las exposiciones, pero la investigación personal te permitirá reconocer otras aristas que cuestionen los ejes que te plantean en el lugar.

También es común que encontremos objetos de uso cotidiano como parte de algún discurso dentro de los museos, para este tipo de choque es recomendable entender el uso que tú cultura le da a ese objeto, el uso que da el autor, su función en la representación y la historia del objeto en distintos contextos. Puede parecer abrumador o excesivo, pero así podrás entender la postura del artista y hacerte de tus propias reflexiones. Así no te pierdes nada de ti mismo, ni de la obra. De igual forma comenzarás a tener tu propia base de datos (mental) respecto a las intenciones de ciertos creadores y te sorprenderá reconocer patrones de pensamiento. El objetivo final siempre será expandir tu horizonte. 

Imagen: Centro de la Imagen, Museo Amparo.

Zunzunegui escribió que el museo es un lugar de “cristalización estética, capaz de transmutar lo común en arte.” Y ello no debe encasillarse como una mera banalización del labor del artista, podríamos salir de la connotación negativa y pensar en la poética de lo cotidiano. Reformando ideas de Kundera se sentenciaría que cuando el hombre se ciega de lo cotidiano, su vida pierde la dimensión de la belleza. La observación consciente de lo que nos rodea, nos dejará disfrutar de la poética en nuestra casa, en el andar por la calle y en todo escenario que te hace ser quien eres.

Otra práctica mental es posicionar la obra en otros espacios históricos o imaginarnos como personas de contextos distintos exponiéndonos a la obra, así el sentido no se queda encerrado. Crecerá en nuestras opiniones, en los hechos que aprendamos y en la empatía que nos genere. Por otra partes es importante entender que dentro de los museos lo que vemos son acumulaciones que, sí, están ordenados para sostener una idea o varias (depende, pero suele ser un sólo eje central). Pero al final, es una acumulación. Valéry afirma que es como escuchar 10 orquestas a la vez. Y no tienes ni que imaginarlo, pon 5 videos de YouTube a la vez y la cosa se pone lo suficientemente caótica. Por ello es que si quieres disfrutar de una exposición sin la acumulación que un museo representa debes ser organizado y aprender a limpiar tu consumo. 

Imagen: Jessica Ruscello.

Primero revisa las salas que abarcara la exposición o la cantidad de obras, de ahí tendrás un parámetro inicial de la cantidad de orquestas a escuchar. Revisar la duración de la exposición, te dará el margen de tiempo que tienes para enriquecer tu experiencia. Cada quién tendrá su forma de visitar un museo, pero sí eres de esos que quiere seguir el orden que se ha estipulado y contemplar y reflexionar paso a paso; deberías dividir tu visita. Si ello te resulta imposible, porque se te olvidaron las fechas o estás de viaje, debes aprender a limpiar. Es decir, tirar del recorrido algunas pocas, o varias, obras. Habrá unas que te hipnoticen, pero campechanea. Es decir, vive tu proceso con la obra que te agrade pero también con la que odies. Se selectivo sin miedo. Es un hecho que los museos son una amalgama de obras ordenadas. No te dejes abrumar, y toma el control de decir hoy sólo escucho está canción.

Entre todo lo que se podría abarcar consideremos que ninguna idea es absoluta, los puntos medios no solucionarán todos lo problemas que la hegemonía supone. Pero tal vez nos permitan un avanzar nutritivo. Es un hecho que el museo tradicional se mantiene, sin embargo también existe el museo imaginario o virtual. Al respecto André Malraux sostiene que el museo debe entenderse como abstracto. No es un edificio, no es una sala. Es un repertorio visual que jamás se cierra, al contrario, no hace más que dejar entrar. Proviene de más de una fuente. Y este museo virtual es diferente para cada individuo, hasta puedes tener dos museos virtuales o 36. Si quieres.  

Guillén, E. M. (2013). Real museum, Imaginary museum: Reflections on the concept of the museum as a stage for metamorphosis. Espacio, Tiempo y Forma, (1), 129.


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