Cultura

Ser para la vida

Una perspectiva psicológica del día de muertos.

| Por: Mariana Sanabria Arriaga.
| Fotografía de portada: Ivan Díaz.

“La muerte es intransferible, como la vida…La indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida.” – Octavio Paz

Altares, aromas, agua, flores, fuego, incienso, color, tradición, fiesta, dan inicio a una fecha donde el 1 de noviembre arriban a la tierra las almas de los niños y santos, y el 2 de noviembre la del resto de los difuntos. En la noche los altares deben de estar iluminados para evitar que las almas se desvíen del camino. Según la tradición, estos altares tienen arcos o puertas por donde ingresan las almas que vienen desde el mundo de los difuntos.

Coloquialmente son proverbios que se escuchan en el contexto social, pero desde el punto de vista psicológico el día de muertos es visto como una oportunidad para agradecer la vida y reflexionar sobre cómo se puede vivir de la mejor manera posible, para que nuestro paso por la tierra ocurra de la manera más agradable. La tradición es considerada una construcción social que cambia temporal y espacialmente, se actualiza y se renueva. México es una muestra representativa de elementos procedentes de diversos tiempos en el desarrollo histórico. Así mismo el sujeto se amolda a su cultura y su contexto social para adaptarse a esta forma alegre de asimilar la muerte de un ser querido. 

Fotografia: Miguel Bruna.

La huesuda, en este sentido, no se enuncia como una ausencia o el término de la vida; simbolizada por un esqueleto cubierto con una especie de túnica y una guadaña; no se trata de la historia lúgubre de un ser humano ni de la ausencia de su alma, en presencia de sus restos. Se trata de la imagen de la perdurabilidad, la prueba de la vida, el núcleo último de los elementos que nos componen; por el contrario, es concebida como una nueva etapa: el muerto viene, camina y observa el altar, percibe, huele, prueba, escucha. No es un ser ajeno, sino una presencia viva. 

“La metáfora de la vida misma se entiende a la muerte como un renacer constante, como un proceso infinito que nos hace comprender que los que hoy estamos ofreciendo seremos mañana invitados a la fiesta”.1 No temas a la muerte, teme no estar viviendo plenamente.

Fotografía: Ivan Díaz.

La lección que deja ésta tradición basada en la pérdida, como lo expresa Jorge Luis Borges: «La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene», es darse cuenta el don que se nos ha otorgado: la existencia. Aprender a respetarla y tomar consciencia de que este es un camino breve, preciado y frágil.

Así mismo meditar, reflexionar y analizar sobre nuestra propia muerte desencadena un gran número de sintomatología física y emocional como ansiedad y miedo intensos, si el miedo es tan frecuente e intenso como para afectar la vida diaria, entonces se considera un trastorno llamado tanatofobia que es una forma de ansiedad caracterizada por el miedo a la propia muerte o al proceso de morir también se la conoce como fobia a la muerte. 

Fotografía: NeONBRAND

El rol del a muerte seguirá siendo un estigma entre el paso de la vida al más allá, es un momento emblemático que seguirá causando admiración, temor e incertidumbre al ser humano a través de la historia, de manera trascendental. Es un letargo singularmente eterno del que nos hemos servido durante milenios para, en el último de los instantes, reafirmar la existencia del espíritu. México es un país rico en cultura y tradiciones; uno de los principales aspectos que conforman su identidad como nación es la concepción que se tiene sobre la vida, la muerte y todas las tradiciones y creencias que giran en torno a ellas, por lo que se continuará, venerando, honrando e incluso burlándose de ella. Tal y como lo dice Carlos Fuentes en su obra “En esto creo” (2002), «El pensamiento no muere. Sólo mide su tiempo […] No hay palabra que no esté cargada de olvidos y memorias, teñida de ilusiones y fracasos. Y sin embargo, no hay palabra que no venza a la muerte porque no hay palabra que no sea portadora de una inminente renovación». Así pues, las generaciones pasan y la memoria olvida las muertes de los que amamos.

Fuente:

1: Deni, P., Hermida, A., & Huesca, J. (2012, Enero-Abril). El altar de muertos: origen y significado en México. Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la Universidad Veracruzana, XXV, 7.

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