Ciudad literaria

Selva Hernández: «ser librero es el mejor trabajo del mundo»

La diseñadora y bibliófila mexicana nos cuenta su experiencia con las librerías que mantiene vivas en nuestra ciudad.

| Por: Karla Ceceña.

Desde su niñez, Selva estuvo rodeada de libros y bibliófilos: sus padres abrieron su primera librería en 1985, su abuelo tenía un puesto en la Lagunilla, sus tíos un espacio en la Donceles e incluso ella misma trabajó como librera desde que tenía once años. De este modo, su familia le contagió un amor sincero y perdurable por el mundo del libro que plasmó en proyectos venideros como la revista Galera, su sello editorial (Ediciones Acapulco), y los tres espacios que nutren la mirada literaria de nuestra ciudad: A través del espejo, La increíble librería y La oficina del libro. Podríamos tener cientas de entrevistas sobre la trayectoria de Selva, pero en esta ocasión escogimos platicar sobre su labor como librera de la ciudad. 

¿Qué crees que una librería le aporta a una ciudad? 

Muchísimo, hay un texto del doctor García Diego donde dice que el valor cultural de una ciudad se puede medir a través de sus librerías. Para mí son pequeños oasis en la ciudad porque normalmente vivimos en el caos y con los problemas citadinos pero de pronto te topas con una librería y es como si se detuviera el tiempo porque el sonido y los olores son diferentes. Una librería es un punto de encuentro para la serendipia, para no saber qué te pasará al llegar y por eso hay que estar abiertos a la sorpresa, lo cual es muy emocionante. Además, nunca sobran las librerías, mi abuelo siempre decía que ninguna librería es competencia, que si llegabas y ponías una librería en cualquier sitio y se abría otra junto a ti era buenísimo porque las personas no buscan un sólo espacio, sino una zona librera o un barrio de librerías o una calle de librerías como lo es Donceles. Cada una de ellas tiene su propio estilo, su propia vocación y forma de acomodar libros, no nada más es conversar con ellos sino también con el librero.

¿Cuál es la historia de las librerías que creaste en la Ciudad de México?

“A través del espejo” la fundó mi mamá en 1995, a ella le interesaba que ahí se vendieran textos de conocimiento en general. Para mí esa es la más bonita y la más importante, recuerdo que yo estaba en la universidad porque mis amigos y yo le ayudamos con la mudanza. Cuando yo empecé a administrarla había más de 120,000 libros y hoy ya tiene su clientela y sus años. Ahí es como si fuera una selva en la que por tanto follaje no puedes apreciar las pequeñas flores que están escondidas, entonces se me ocurrió abrir “La increíble librería” con dos funciones principales: que estas pequeñas florecitas tuvieran un lugar especial con mucho más exhibición y ser un punto de venta para editoriales independientes. Aquí también se encuentran rarezas o libros muy buenos y a precios accesibles. Para mí, La increíble siempre ha sido un espacio para la Ciudad de México, yo lo que quería era que además de la oferta, fuera un lugar en el que sucedieran las cosas por sí mismas. Así fue porque salieron clubes de lectura presentaciones, ha pasado de todo ahí en sus casi tres años de vida. “La oficina del libro” es la más reciente y nació porque cuando recibí la librería de mi mamá, tenía una pequeña bodega con su selección de libros más raros. Entonces cuando empecé a investigar, seguí esa tradición hasta que fueron demasiados y decidí abrir una librería de garage con los libros más raros, más caros y más bonitos. Por ejemplo, tenemos una sección de cocina preciosa, otra dedicada a la Ciudad de México, libros de medicina antiguos con cromolitografías impresionantes, publicaciones del siglo XIX, entonces aunque está chiquita, tiene ejemplares muy hermosos. 

¿Cómo son los libreros que transitan tus espacios?

Tratamos de contratar gente joven aunque no importa la edad ni los estudios pero considero que es una buena oportunidad para estudiar y ganar experiencia laboral, además es un trabajo muy bonito Si por mí fuera siempre habría más libreros porque aprenden muchísimo, es increíble cómo trabajando con los libros inmediatamente empiezas a conocer autores, obras, temas, te vuelves un poquito experto en todo porque empiezas a distinguir los sellos, años de publicación, la importancia de un libro, entonces es un ejercicio impresionante para el cerebro. A veces hay chicos que llegan muy tímidos y luego ya los veo hablando hasta en inglés o francés, dando tours y es muy bonito ver su vitalidad y crecimiento. Además yo digo que los libros se transmiten por osmosis porque aunque sólo trabajes con las pastas y no leas, el tener este universo de libros realmente sí te aporta conocimiento cultural, las experiencias son increíbles, los olores, los colores, las texturas. Ser librero no te dará el mejor sueldo pero sí es el mejor trabajo del mundo. 

¿A qué retos te enfrentas cuando vendes libros?

Lo que pasa con los libros es que se reproducen, de cada 100 que compro, 10 se venden y el resto no es que se quede ahí, sino que tardará más tiempo en venderse. La opción más fácil es ofrecerlos al kilo o tirarlos pero yo prefiero ordenarlos, incluso aquellos que no tengo idea de dónde poner porque de pronto me encuentro con una crónica de la revolución escrita en 1940 por un autor desconocido y no sé si es bueno, malo o regular, si hay mil de esos, si el cronista era un vendido… todos estos factores son difíciles de valorar entonces aquellos libros que no sé, los guardo, no me atrevo a ponerlos en oferta ni a descartarlos. Luego hay otros que se van a lo que llamo El limbo de los libros, es decir ejemplares muy buenos, pero que les faltan hojas o están maltratados o no tienen la pasta, yo creo que ya podría poner una librería que se llame así.

¿Qué es lo que más te gusta del mundo librero?

Lo que más disfruto es acomodarlos: llegar a las bodegas y separar lo que se va a vender, los libros raros, los del limbo del libro y descubrir nuevos tesoros. Si por mi fuera me dedicaba sólo a eso en la vida aunque también me encanta diseñarlos, el trato con autores, curadores y sobre todo ver el libro ya terminado, pienso que es una gran hazaña. 

¿Cómo ves el panorama mexicano respecto al libro?

En México la situación es complicada porque el mercado es muy pequeño y por lo tanto hay muy poca inversión. Aunque es un negocio muy deseable no es rentable porque involucra procesos burocráticos muy caros, competir con las grandes cadenas es muy difícil y ese es el trauma que vivimos aquí. Además el gobierno no ayuda mucho porque no se respeta la ley del precio único, por ejemplo. Por otro lado los estudios que hacen son encuestas del tipo “¿Cuántos libros lees al año?” y eso a nosotros no nos sirve de nada. Lo que nos interesa saber es qué les gustaría leer, por qué no leen o cuál es el problema real porque incluso he descubierto que hay quienes no quieren un libro ni regalado.  

Cuéntanos alguna experiencia valiosa que te haya sucedido gracias a los libros

Cuando tenía 18 años quería juntar dinero para hacer un viaje de mochilazo por Europa con una amiga. Entonces mi abuelito, que tenía un puesto de 20 metros en la Lagunilla, me invitó a vender libros con él. Mis padres, muy generosamente la verdad, me daban sus mejores libros porque les provocaba emoción que yo vendiera en la Lagunilla. Recuerdo que llegaba con mi abuelo a las 5:00am con mi Vocho lleno de libros y después nos íbamos a desayunar al mercado de Garibaldi, que a esas horas estaba lleno de borrachos, prostitutas, indigentes, niños de la calle agarrando comida, eran unos espectáculos visuales impresionantes y siempre pienso en cómo no me hice fotógrafa en esa época aunque todavía tengo esas imágenes muy presentes en mi cabeza. Después de desayunar, montábamos el puesto a las 7:00 y terminábamos más o menos a las 9:00, justo la hora en la que llegaban los grandes bibliófilos como Carlos Monsiváis, Guillermo Tovar de Teresa, Ricardo Pérez Escamilla, Adolfo Castañón… llegaban muy tempranito a ver a mi abuelo todos los domingos, él les enseñaba las novedades y a veces le compraban o sólo lo saludaban. Estuve yendo como un año hasta que gracias a una venta que hice al bibliotecario de Carlos Slim pude irme a Europa.


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