Cultura

Perspectiva general de la medicina prehispánica

La medicina prehispánica estaba ligada a la religión y se contaban con estrategias para identificar y combatir enfermedades, la salud representaba equilibrio.

| Por: Gaby Méndez.
| Imagen de portada: Saner.

Tras años de la andanza de los antiguos pobladores, con la agricultura se establece la gran zona cultural Mesoamérica. Los pueblos eran variados, pero su base era la misma de norte a sur, los matices locales se fueron asentando en cada uno de los pueblos sobre todo de acuerdo con el territorio que sembraban. Los grupos en un principio eran pequeños, básicamente era una sola familia que emparenta con otra y así sucesivamente, se da el inicio de los nexos políticos, religiosos, militares, etc. Las estructuras sociales, se van modificando con el tiempo, las guerras, la religión y el poderío de cada pueblo comienza a moverse y el conocimiento se construye sobre distintos preceptos, claro que se reconoce a la cultura olmeca como la madre del porvenir.

Las fuentes a las que se tienen acceso son las que nos permiten reconstrucciones mentales de cómo fue la vida, y el discurso que ha prevalecido es el del mundo náhuatl, el pueblo de mayor apogeo al llegar los españoles. Por lo que su visión pareciera la única reconocida. He aquí el poder de los textos históricos. Alfredo López Austin, nos recuerda que lo que reconocemos hoy del mundo prehispánico forma parte de la diversidad de zonas culturales. No es el arcoíris, es el color predominante. En esta ocasión abordaremos los puntos clave de su investigación en torno a la medicina.

Fotografía: Joshua Newton.

Cuando dos culturas chocan, la triunfante suele hacer juicios de inferioridad sobre el conquistado. La conversión ideológica es fundamental para que la guerra por un territorio con su población pueda ser dominado sin una fuerte oposición. Los mismos mexicas, lo hacían; López afirma que se etiquetan a los indígenas como incapaces de aplicar su capacidad intelectual en el campo de la medicina, por lo que toda propuesta es interpretada como una creencia. Sin embargo, es un hecho que su sistema era un tanto deficiente. Como en todo, los extremos no logran describir su conocimiento respecto a la salud. No era tan avanzado, pero tampoco era inexistente. Un factor que generaba el rechazo a sus aportaciones era la brecha de religiones. Los mexicas daban una conexión religiosa a toda práctica en su vida, y la medicina no era la excepción.

En los años venideros existieron algunos científicos que sí realizaron estudios sobre la utilidad de los elementos de flora y fauna que los prehispánicos usaban, sin embargo, aún quedan recursos que no se han precisado. En realidad, el origen de la medicina se da a la par que el inicio de la vida sedentaria, debido a la percepción de su tierra, las nuevas estructuras, etc. La enfermedad era ahora identificada, como nómada el andar dejaba atrás a aquellos que no podían moverse a un lugar más seguro o cómodo. Se dice que al establecerse las comunidades, se delimitó una zona en el pueblo donde se encontraba la flora, fauna y minerales que podrían usarse para tratar heridas o enfermedades.

Imagen: Saner.

Los etnógrafos registraron que en el México antiguo se clasificaban las enfermedades en calidad de frío o caliente. Algunas de las ideas que se desprenden de dicha división son: las mujeres durante la menstruación (estado de calor) no debe consumir alimentos fríos (sandía o limón), porque aquello podría detener el ciclo de menstruación. Entonces, la idea consiste en que al poner lo que se considera caliente con lo frío se llega a un punto neutro, donde algo desaparece. En este caso la menstruación, pero como ello no es una enfermedad debe evitarse lo neutro. Si fuese una enfermedad hay que alcanzar el 0. He aquí una idea central de los antiguos pobladores, para tener una buena salud el cuerpo debe estar en equilibrio. Aspiramos a la armonía. Pero las excepciones caben, algún mal o alimento o hierba puede que no entre en ninguna de las dos categorías.

Las enfermedades frías, suelen provenir del exterior. Los aires y males de ojos entran en esta categoría y eran de los más temidos en la antigüedad. Por otro lado, las enfermedades calientes se originan del interior del cuerpo. En la actualidad los pueblos indígenas cuentan con sus propias clasificaciones. Francisco Hernández, un viajero de la Nueva España registró algunas hierbas medicinales, preciso que para calmar el dolor se usaba una hierba de tipo caliente.

Fotografía: Ric Ramírez.

Fuentes y Guzmán registraron una enfermedad llamada cumatz, que significaba culebra, se supone que esta no podía afectar a los mestizos, negros o españoles. Cuando alguien padecía de esta, se retorcía de dolor y gritaba “¡cumatz! ¡cumatz!”, los que lo presenciaban (no indígenas) juraban que estaba poseído. Esta enfermedad se consideraba fría, porque las serpientes lo eran, por lo que el tratamiento era exponer al fuego al paciente o sumergirlo en aguas sumamente calientes. Se cuenta que en los primeros años después de la Conquista española, los indígenas recomendaban como remedio a enfermedades que no conocían, la extracción del calor corporal, por medio de hierbas. El mal algunas veces se terminaba, pero otras sólo aminoraba.

Ometéotl, la deidad dual que da origen a todo en la cosmovisión mexica, es a quien se le imploraba por salud. Esto se daba debido a que las otras deidades provenían o se subordinaban de Ometéotl, y ellos otorgaban determinadas enfermedades algunas eran vistas como un honor otras no tanto, esto se debía al lugar donde se encaminaba el enfermo tras la muerte. Las enfermedades comunes te llevaban al Mictlán, mientras que las enfermedades de la piel te daban un lugar en el Tlalocan. Se pensaba que el dueño de una casa era inmune a las enfermedades, porque Omácatl no permitía que los protectores de familias adolecieran o que los dolores reumáticos venían de los dioses menores de la lluvia.

Imagen: Ometéotl en Museo Nacional de Antropología.

Siempre que alguien presentaba alguna enfermedad, se buscaba el origen del malestar. Se registró que uno de los métodos era que el curandero viajaba a lugares sagrados, como cuevas o cerros, y ahí hacía un ritual con el uso de drogas para comunicarse con alguna deidad que le precisara la causa del padecimiento y los pasos a seguir para curarle. Todo este proceso tiene en su eje central la religión y en otro escalón la naturaleza. Sin embargo, sí tiene una sistematización, que poco ha sido registrada, pero que se da a partir de la observación. Contaban con escalas de color para los posibles líquidos que salieran del cuerpo, escalas y tipos de dolor.

Bajo el lazo que se considera se tiene con las deidades, en los pueblos indígenas que aún prevalecen se hace la distinción entre la “enfermedad buena”, es decir la que manda alguna divinidad; y la “enfermedad mala”, que surge de la voluntad humana. La distinción no tiene nada que ver con la gravedad del padecimiento, proviene de la labor de algún chamán o brujo. En la antigüedad se les conocía como nahuales u “hombres búhos”.  Sin duda la herbolaria era rica y los productos animales vastos, cada uno tenía cierta propiedad curativa, pero algunas veces su relación con algún malestar estaba en el color semejante con alguna secreción o la forma de alguna víscera animal que era similar a la parte del cuerpo humano dañada.

Fotografía: Katherine Hanlon.

Terminemos con un par de ejemplos. Si tenías una enfermedad en los ojos debías de ingerir ojos de zorra, si te sentías triste, lo cual va en contra de la armonía a la que se aspiraba y por lo tanto es un mal, debía comerse carne de tórtola. Para aumentar el vigor sexual debía ingerirse víbora mazacóatl y para disminuirlo, debía usarse la carne de ocelote. Actualmente las comunidades indígenas cuentan con sus propios remedios, y aunque sus prácticas vayan en otro sendero, distinto al de la medicina moderna, merecen atención y estudio para eliminar prácticas que no logran mantener una buena salud o que incluso ocasionan más daño. Y las que no generen un mal, se mantengan en el abanico cultural.

Fuente:

López Austin, Alfredo, Textos de medicina náhuatl, 4a. edición, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 1993, Publicación en línea: 2017

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