Cultura

Minoría lingüística: “En mi alma su idioma”

Un recorrido en el tiempo de las minorías lingüísticas en México y la resiliencia de las lenguas indígenas.

| Por: Gaby Méndez.
| Imagen de portada: Sander.

August Schleicher desarrolló la teoría de que al igual que los seres vivos, el idioma es un organismo que pasa por las distintas etapas del ciclo vital. Usó términos de biología para clasificar los idiomas, encontrando patrones de origen y descendencia. De acuerdo con sus ideas, el idioma se desarrolla, alcanza la madurez y finalmente decae. Sostiene que la variedad lingüística se origina de un mismo tronco. Existen muchos factores que intervienen en el ciclo y para su conservación es necesario el trabajo en conjunto del gobierno y la comunidad; dar espacio a las minorías lingüísticas permite que se salvaguarden los derechos de sus hablantes. Contrario a las ideas de Schleicher, otros investigadores consideran que la lengua está subordinada a la voluntad de los usuarios y está en la comunidad la responsabilidad de no permitir que desaparezca. La investigadora Pilar Máynez recopila textos de indígenas en el México contemporáneo y nos cuenta de la andanza de estas lenguas por el país a través del tiempo.

Al llegar los españoles, con miras a la conquista, encuentran 3 lenguas principales: la maya, el náhuatl y la tarasca en Michoacán. Optan por la proliferación del náhuatl, ya que era el que más permeaba en la comunidad y con la homologación sería más fácil comunicarse. Iniciar la conquista. Los españoles contribuyen en la expansión del náhuatl y así se inicia la conversión religiosa. Varios años después se comienzan a dar las políticas lingüísticas de la Nueva España. Aunque lo ideal para los conquistadores era imponer el castellano, al final son los misioneros quienes se pronuncian a favor de la no prohibición de las lenguas indígenas, por lo que se opto por su permanencia y estudio. Recordemos que fue gracias a los puntos en común que se logro una exitosa conversión.

Imagen: Bautizo de Ixtlixóchitl, José Vivar y Valderrama.

Los españoles aprendieron náhuatl y los novohispanos el castellano, se hicieron adaptaciones gramaticales y de sonidos. Fue hasta 1555 que se manda la orden de enseñar únicamente castellano, esta medida radical se toma porque les parecían ineficientes los términos con los que se referían a los conceptos de la fe católica. El arzobispo Lorenzana apoyó la moción ya que consideraba que con la obligatoriedad del castellano se daría un paso muy largo hacia la aceptación de la religión católica y se evitaría el aislamiento de diversas etnias.

A pesar de estas medidas se continuó con la escritura indígena en documentos como testamentos, cartas e incluso litigios de tierras. A mediados de S.XVII las narraciones de la aparición de la virgen de Guadalupe se escriben y publican en náhuatl. Nicolás Sánchez Albornoz escribe en su investigación sobre la población de América Latina que, al comenzar la guerra de Independencia, los hablantes de lenguas indígenas eran más numerosos que los que usaban el castellano.

Imagen: Escuela mexicana del siglo XVIII vista desde el canal de Iztacalco.

En el siglo independiente, México mantiene una gran brecha social. Los sectores de máxima pobreza se mantienen y los criollos dejan ver su odio hacia los indígenas, ya que se les señala como ejemplo de ignorancia y ancla en el progreso del país. El fray Manuel Crisostómo Nájera diserta sobre las similitudes del otomí con el chino, con el propósito de negar la idea de que los idiomas patrimoniales fuesen un atraso. Con las Leyes de Reforma se mantienen las restricciones a comunidades indígenas y por lo tanto no se da una integración nacional. Y así es cono se manifiesta el termino “dialecto” para referirse a las lenguas indígenas, adquiriendo así una categoría de inferioridad, a pesar de su complejidad. Cabe señalar que ninguna manifestación culturas es inferior o superior, pero al ser un tema difícil de poner en mesa suele ser de ayuda comparar los sistemas lingüísticos discriminados con los de países primermundistas.

En los últimos años del S.XIX se comienzan las vertientes. Altamirano, de la corriente indigenista considera que incorporar indigenismos en la literatura da pie a una nueva forma de expresión artística. Por otro lado, Francisco Pimentel de corriente hispanista, sostiene que la pureza del castellano debe salvaguardarse. A partir de este punto se genera un renacer mexicanista, que se refleja en la producción escrita. Múltiples escritores e investigadores se han pronunciado en favor de que los indígenas abandonen sus esquemas para ser absorbidos en las nuevas interrelaciones, aceptando sus representaciones culturales como un pasado glorioso de la nación, y así, Justo Sierra encabeza el movimiento para que la educación pública fuese exclusivamente en castellano.

Fotografía: El Siglo de Torreón.

Con el inicio de la Revolución se mantiene la idea de que la única forma de integración al progreso es cerrar el panorama lingüístico, sin embargo, la existencia de alrededor de 2 millones de indios fuera del patrón los lleva a idear formas de integrarles al modelo que se pretendía construir. Por lo tanto, se adecuan los impulsos al progreso económico y cultural del indígena, intentando tomar siempre en cuenta sus tradiciones. A partir de ahí se crean múltiples organismos que protejan las diversas etnias.

Los estudiosos de Estados Unidos buscan determinar si el idioma es el instrumento idóneo para conocer el ser y el pensar de un pueblo, es decir el concepto de inmanencia lingüística.  Antropólogos lingüistas como Sapir y Whorf consideraban que a través de las lenguas se describe, se organiza y se percibe de determinada forma el universo, es el relativismo lingüístico. Estas ideas permean en los estudiosos mexicanos y se dan más propuestas de preservación de comunidades indígenas. Se crea el Instituto Mexicano de Investigaciones Lingüísticas. Y a partir de 1940 empiezan a publicar poesía y literatura náhuatl, de igual forma la UNESCO establece que todo individuo tiene derecho a ser educado en su idioma materno.

El zapoteco fragmento de poema zapoteco de Gabriel López Chiñas 1996.

La educación en las zonas indígenas tomó la dinámica de enseñar el castellano hasta después del dominio de lectura y escritura de su lengua nativa. Con el tiempo los hablantes del náhuatl han encontrado diversos espacios académicos para exponer peculiaridades, estructuras y diferentes compuestos de su idioma. Al verse respaldados, la expresión artística se hace cada vez más presente; historias y composiciones poéticas se publican, inclusive los libros de texto gratuitos se divulgan en 33 lenguas diferentes y 56 variantes, mas cabe recalcar que 3 857 profesores no hablan la lengua materna de sus alumnos y la brecha se mantiene. Pues como Carlos Fuentes escribiese: “Que la incomunicación es cabrona. Que el que no se puede comunicar se siente inferior. Que el que se calla, se jode”


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