Cultura

México nuestra patria: mitos de la tierra

En Mesoamérica surgieron mitos en torno a la tierra que proveía alimentos, esta tierra era la patria, era motivo de arte y poesía. Hoy, la gastronomía mexicana nos une orgullosamente al pasado.

| Por: Gaby Méndez.
| Imagen de portada: Restaurante Testal.

México tiene una historia llena de sabores, la variedad de materia prima en nuestro bello país ha permitido que la gastronomía mexicana se extienda a la esencia del mexicano actual. Los litorales marinos, los vastos campos, montañas y prados han moldeado la cocina nacional; en un principio los nómadas sobrevivieron encontrando semillas y frutos para alimentarse, después la agricultura permitió los grandes asentamientos. En ellos tomarían rostro las grandes culturas prehispánicas, religiosos politeístas surgirían y asignarían símbolos representativos a las regiones y poco a poco habría un sinfín de mitos.

Uno de ellos es el de la Primera Montaña Verdadera. Se dice que del agua de los mares salió una gran montaña verde, llena de semillas prodigiosas que evitaron que los primeros pobladores muriesen. Las deidades habían provisto de alimento a los humanos para que pudieran vivir y crear con ellos, por ello es que se les agradecía construyendo monumentos que se asemejaban a las grandes montañas. Eran las pirámides que fungían como centro ceremonial de las civilizaciones mesoamericanas. Al alzar las pirámides se daba gracias a la tierra por alimentar a la comunidad. La tierra y el alimento eran para la comunidad, y la comunidad era para la tierra; se pertenecían mutuamente bajo el ideal de que ambos habían sido puestos en el mundo por los dioses.

Fotografía: Luis Vidal.

 En aquel entonces, los pobladores veían como su patria al pequeño pedazo de tierra en que se sembraba. El suelo que había sido bendecido por los dioses era el sitio de su origen y residencia; era su patria porque ahí transcurría su vida y veían en ese lugar a sus generaciones futuras.

Otro símbolo que se origina a partir del agradecimiento por la materia prima natural es el árbol cósmico. Se decía que cuando se plantó la primera semilla se logró unir los tres niveles del universo. El inframundo, el mundo terrestre y el cielo convergen en la planta del maíz, de acuerdo con la mitología maya. Pero cada región contaba con su propio árbol cósmico, en otras tradiciones el árbol era el del cacao o el mismo nopal. Los mexicas fundaron su ciudad en donde se encontrará un águila devorando una serpiente sobre un nopal, por lo que éste se convirtió en su árbol cósmico. Con el tiempo, el maíz retomó el lugar principal en su cosmovisión, pues era la base fundamental del desarrollo en Mesoamérica.

Fotografía: Jorge Alcalá.

La historia del maíz siempre ha estado unida a la del hombre. El maíz permitió que el hombre subsistiera y el hombre permitió que el maíz también lo hiciera. El maíz llegó al punto en que no se puede reproducir por sí mismo, requiere de la intervención humana, por lo que más allá de ser una planta domesticada se tornó en nuestra creación. La cosecha de este alimento ha sido motivo de reflexión para los mesoamericanos, ya que consideraban que el cuidado y vida de la planta era una responsabilidad que les habían otorgado las deidades. Debido a ello es que la idea del maíz como planta sagrada cobró más relevancia y pasó a ser punto esencial en la cosmogonía de creencias y prácticas religiosas. Su cosecha otorgó un nuevo sentido del tiempo y reordenó los espacios, dando a ambos la función de cumplir los requerimientos del maíz. Su importancia lo llevó a ser representado en el arte prehispánico y el arte culinario. 

Alrededor del mundo es posible encontrar el amor por las cosechas, por la tierra, y en México no es la excepción. En el poema Suave patria de Ramón López Velarde se encuentran varios sincretismos culturales que describen a México y cobra relevancia encontrar el verso “Patria, tu superficie es el maíz”, porque la cocina mexicana actual sigue, como en el pasado, girando o al menos rozando entorno al maíz. Puede que no en toda la república se conviva directamente con el “árbol cósmico”, pero ninguna de nuestras comidas puede iniciar sin tortillas a la mesa, sin un eco de nuestro pasado milenario culinario.

Fotografía: Carlos Decourt.

A partir del S.XVIII extranjeros y criollos comenzaron a pensar en México (Nueva España) como su patria, debido a que vieron en sus riquezas naturales y en su geografía un valor que les hacía querer proteger aquello que veían como suyo, la idea de la tierra como propia, de la patria, sería una de las tantas que originaria una guerra y años después cuando está hubiese terminado una más iniciaría. Durante la Revolución se enfrentarían al unísono de: “Tierra y Libertad” y “La tierra es de quien la trabaja”. Sin dudas, el alimento es parte de la patria, recrear comida con ingredientes milenarios de simbolismo intrínseco forma parte de nuestra cotidianidad.

Los sabores y aromas pueden seguir atados al pasado, aunque tengan toques extranjeros o reformas lejanas, se puede encontrar el fundamento de los antepasados. Compartir la magia de los sabores antiguos nos nutre como a las comunidades mesoamericanas, la comida en común permite que la igualdad sea alcanzada a pesar de la brecha social inmensa entre estratos socioeconómicos. La experiencia gastronómica revive el pasado, borra fronteras y te acerca a aquello que te gusta de tu patria.  

Fotografía: Dennis Schrader.

Fuente: Gónzalez, A. La gastronomía como precursora del patriotismo. Hospitalidad ESDAI. jul-dic. 2010, Issue 18, p139-152. 14p.