Cultura

Los colores prehispánicos: devoción por el color

Para los prehispánicos el color tenía un significado específico que se reflejaba en su vida cotidiana y en su religión.

| Por: Gaby Méndez.
| Fotografía de portada: Roberto Carlos Román.

Eulalio Ferrer, de acuerdo con la “Historia general de las cosas de la Nueva España” de fray Bernardino de Sahagún y del “Vocabulario en lengua castellana y mexicana” de fray Alonso de Molina, escribe sobre la lengua náhuatl presente en la religiosidad y cosmovisión de los indígenas y las abundantes significaciones que se asocian a valores e imágenes a partir de las formas cromáticas del lenguaje.

México es un lugar lleno de variedad en comida, en flora y fauna, en personas y sobre todo en colores. Toda expresión visual mexicana se acompaña en la exploración de la diversidad del color y en el antiguo México existía todo un sistema que engloba lenguaje, tradición, significado y religión. “Tlapalli” significa color en náhuatl y de ella se derivó el término tlapalería, que refiere al lugar donde se vende pintura. El término sigue vigente y es ejemplo de lo mexicano que se conserva gracias a la voz popular.

Fotografía: David Ortega.

En la lengua náhuatl existen prefijos que orientan las palabras a determinado color. “Iztac”es el prefijo que indica que todo es blanco, “tliltic”indica que aquello es negro; ejemplo de esto es “Iztaccíhuatl” que significa la mujer blanca y “tlilxóchitl” que es flor negra. “Coztic”es la radical de amarillo, lo podemos ver en “costomate” que representa al tomate amarillo. En cuanto a las raíces del color verde y azul, no son tan definitivas como las anteriores. Esto está presente desde la concepción de la cosmovisión de los indígenas, ya que los límites entre ambas tonalidades estaban muy difuminadas. Para entender esta visión debemos imaginar lo que los antiguos mexicanos contemplaban cotidianamente, el panorama de los aztecas solía ser de lagos ríos, chinampas, plantas, sembradíos, etc. En conjunto lo percibían como un solo color, el verde azul, un color considerado puro, porque la naturaleza se había negado a separarlos. De hecho los aztecas llamaban “agua celeste” al mar, porque veían al mar como una continuación al cielo, el mar representando al color verde y el cielo al celeste.

“Chalchihuitl” es el término náhuatl que simboliza el “verdeazul”, y se usaba para describir aquello que era realmente valioso para ellos, como lo son los líquidos y la buena cosecha principalmente, pero también era el color de los jades y esmeraldas. Estas piedras preciosas, por su color, se elevaban al valor místico, ya que representaban el corazón humano y la esencia divina que otorga vida. “Chalchiuhtlicue” es la diosa de lo verde y del agua viva, es la figura femenina más relevante que se asocia al agua y la principal protectora de la navegación en el México antiguo.

Imagen: Chalchiuhtlicue de Códice Borbónico

“Xiuhtic” es otro vocablo que puede representar el azul o el verde y de ahí se derivó el nombre de otra deidad: “Xiuhtecuhtli”. Este dios es el más antiguo, perteneció a los aztecas en su pasado nómada. Era la deidad más temida previo al asentamiento en Tenochtitlan. Se le conocía como el Señor Azul, el Señor de la Yerba, Señor de la Turquesa, Huehueteotl, el Dios Viejo, Izcozauhqui y Cuezaltzin, ejemplo que nos permite ver cómo en Mesoamérica una misma deidad contaba con diferentes imágenes, nombres y colores a pesar de una filosofía y simbolismo común. Octavio Paz al referirse a la mitología mesoamericana escribió: “Así como las estrellas cambian de posición en el cielo, así las advocaciones de los dioses de la tierra”. Xiuhtecuhtli presidía varias ceremonias del fuego. Una era cada año, otra cada cuatro y otra más cada 52. Esta última era la más importante, porque representaba el nuevo ciclo náhuatl y el Fuego Nuevo. En las ceremonias se sacrificaban cuatro esclavos: el primero, llamado Xoxouhqui, que simbolizaba el fuego azul celeste; el segundo era Xocauhqui, fuego amarillo; el tercero era Iztac, fuego blanco y el último, tlatlauhqui, el fuego rojo.

Imagen: Xiuhtecuhtl de códice Fejérváry-Mayer

La cosmovisión náhuatl suele ser manejada por solamente cuatro colores, esto se debe a la leyenda de la creación del mundo, donde Omecíhuatl y Ometecuhtli creó a cuatro hijos o a cuatro imágenes de Tezcatlipoca. El Tezcatlipoca negro, el Tezcatlipoca azul (Huitzilopochtli), Tezcatlipoca blanco (Quetzalcóatl) y el Tezcatlipoca rojo (Xipe Totec). Se dice que después del diluvio los cuatro dioses hicieron cuatro caminos subterráneos, salieron debajo de la tierra hasta tocar el cielo para llenar con sus colores al mundo y así en el cielo se formó una serpiente blanca, Iztacmixcoatl, nombre que los antiguos dieron a la Vía Láctea.

Esta Serpiente Blanca durante el día podía adquirir todos los colores, a ello se le llamaba Cozamalotl (arcoíris), el mito dice que ese era el punto de fuga de los cuatro colores hacia los cuatro puntos cardinales, hacia el este viajaba el rojo, al norte el negro, al oeste el blanco y al sur el azul. Jacques Soustelle, estudioso de la herencia multicolor mexicana clasificó los principales significados que portaban los cuatro colores. Las cuatro grandes direcciones representadas por un dios y un color permitían entender la devoción tan grande a las deidades. El rojo representaba resurrección, fertilidad, juventud y luz; por otro lado, el azul era calor y fuego; el negro era la noche, la oscuridad, el frío, la guerra y muerte; mientras que el blanco era el más complejo pues tenía una dualidad de concepción intrínseca: era nacimiento y decadencia, misterio del origen y del fin, antigüedad y enfermedad.

Fotografía: Jaime Serrano.

Quetzálcoatl, dios blanco, era el principal de los pueblos mesoamericano, esto se debía a que parte importante de la religiosidad giraba entorno al sol y su curso. Se creía que al mirar al oeste podías ver la transfiguración de Quetzálcoatl, pues ahí se ocultaba el sol. Por eso, para que el sol se regenerara, se sacrificaban con sandalias blancas que, supuestamente, separaban al alma de lo físico. El blanco integraba a todos los colores y se veía en el crepúsculo y el futuro.

Aún queda más que descubrir sobre el entendimiento del color en el México antiguo, pues la obtención de los colores también era importante en la expresión artística del pasado, pero podemos descubrirlo en otro escrito. Por ahora reconocer esta dimensión de lenguaje cromático, nos permite acercarnos a la cosmovisión de Mesoamérica, donde a primera vista el color es relevante por su natural forma de ser en el panorama y después por sus convenciones religiosas y mitológicas.

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