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Literatura viajera alemana: México del S.XIX

El furor europeo por lo mexicano se ha visto reflejado en los diarios de viajeros alemanes que han investigado rubros geográficos, económicos y sociales de nuestro país en el siglo XIX.

| Por: Gaby Mendez
| Imagen de portada: Juan Moritz Rugendas

La literatura viajera nos encanta porque permite conocer a través de distintas perspectivas con sus contextos únicos, la visión de quienes han pisado tierras desconocidas. Lugares que jamás podremos visitar porque se han quedado en aquella época del tiempo que las palabras describen y, sin embargo, guardan tanto de su realidad actual. 

Ya hemos realizado un pequeño viaje por México a través del tiempo desde miradas francesas. En esta ocasión exploremos la investigación del historiador Juan Antonio Ortega y Medina, que analiza la literatura viajera alemana sobre el México del siglo XIX. Los exploradores, investigadores o turistas de cultura alemana se diferencian de los franceses o ingleses en el hecho de que contaban con menos prejuicios antihispánicos, podríamos afirmar la existencia de una particular empatía viajera alemana hacia México. Se considera que se debe a que nunca hubo fricciones políticas siendo colonia española o tras la Independencia. 

Volcán Popocatépetl por Dr.Atl, Gerardo Murillo.

El texto alemán más antiguo sobre el país fue El viaje del señor T. de M. a Oaxaca, en Nueva España escrito por Nicolás José Thiéry, libro que permitió a los extranjeros conocer sobre la cochinilla y el cultivo del nopal. De 1820 a 1850 hay varios escritos de comerciantes, cartas de viajeros y trabajos de geógrafos principalmente respecto a la minería o recuerdos de vivencias. 

En 1826 se publica Los españoles en Perú y México, por Julius Soden; obra que pasó a ser el principal manual para aquellos alemanes que quisieran embarcarse al nuevo continente haciendo énfasis en las castas que seguían respetándose en la tierra del maíz. José Burkart por su parte publica Residencia y viajes por México desde 1825 a 1834, la principal temática son las riquezas minerales del país. Con estos ejemplos podemos percibir cómo los alemanes alentaban la inversión y comercio con México. 

Hay que destacar que el testimonio más importante a analizar es el de Alejandro de Humboldt, por su gran influencia en el viejo continente y en la misma Nueva España. Pues se considera que estos textos ofrecen valor a los criollos con miras a la Independencia;  además de que la obra del barón abarca varias áreas de conocimiento, pues Humboldt trazó mapas y ofreció una mirada científica, mercantil y social de México. De ahí se inicia una chispa que llamó a varios inversionistas, se cuenta que los interesados en México iban al apartamento de Humboldt para que les diese una recomendación que les permitiera abrirse paso en la ya antigua Tenochtitlán.

Baile en el canal de La Viga por Juan Moritz Rugendas.

José Fernando Ramírez escribió que los mexicanos estaban muy agradecidos con Alejandro de Humboldt porque dio a conocer el país por todo el mundo, también permitió que los mismo oriundos se interesasen en la arqueología y estudios históricos de México. La obra del barón se conforma por 30 volúmenes y por ello se le ha llamado “el segundo descubridor de América”. El alemán encontró una severa explotación contra los indios en las minas de Taxco y en general a lo largo y ancho de la Nueva España. Sus ideales reprobaron esta situación y debido a esto es que profundiza más en los estudios de costumbres y lenguas diversas entre los mexicanos, siempre defendiendo la igualdad social y racial.

Humboldt también enfatizó en el buen clima del país y habló de la interacción entre las fuerzas de la naturaleza. Recorrió montañas, lagos y volcanes en México. Visitó la costa veracruzana y encontró una vasta vegetación tropical. Anduvo por la región semidesértica y los bosques de encinos.  Es a él a quien se le debe los fundamentos de nuestra geografía y geología. 

Otro libro interesante fue De la prisiones mexicanas, donde el autor Eduardo Harkort habla de sus experiencias encarcelado a causa de su participación en la política mexicana. Primero siendo un partidario de Santa Anna y después poniéndose del lado de su oposición. Harkort llega a México en 1828 para tomar el puesto de director general en una compañía mexicana que poseía varias minas. Disfrutaba de la música tocando la flauta en tertulias musicales en el estado de Oaxaca, fue ahí donde cabalgó por sierras y ríos, llevándolo a trazar mapas y clasificar minerales. 

Vista del Popocatépetl desde el Valle de México por Juan Moritz Rugendas.

Posteriormente se unió al ejército, fue herido de gravedad en varias ocasiones y tras un par de batallas llegó a ser promovido a coronel por sus hazañas; sin embargo en cada derrota se convertía en prisionero de guerra. Estuvo en la prisión de Tolomé, Puebla, Guanajuato, Veracruz, etc. Y así fue acumulando varias experiencias que servirían para la publicación de sus diarios. Harkot describe la prisión de Veracruz en 1832 como un calabozo estrecho, fétido, húmedo donde apenas y entraba una breve mirada del sol; ahí, junto a 35 prisioneros más compartían camas duras de madera. Los encarcelados podían salir durante una hora al patio interno, la mayoría de ellos encadenados y sin ver el exterior por varios meses sólo podían enterarse, clandestinamente, de lo que sucedía mediante el periódico El Constitucional.  

Para escapar de las cárceles debían de esperar a que los guardias fueran trasladados a otras sedes o que las tropas se marchasen, entonces los presos alteraban el orden para escapar. Por ello es que se percibía que la cárcel no era de carácter reformista, sino todo lo opuesto, los delincuentes escapaban para ser peores. Está situación obligaba a los pueblos a ser el sostén de las prisiones, porque el ayuntamiento no era capaz de solventar los gastos que los fugados dejaban en su huida. 

Ahora pasemos a Christian Sartorius autor de Mexico una die Mexicaner, este texto ofrece una visión distinta a lo comercial. Es un tanto más descriptivo del paisaje y la gente, aunado a ello contiene grabados de Rugendas. Sartorius había llegado con la intención de crear una colonia alemana, sin embargo esto no se concretó porque los que la conformarían tenían ideales divergentes entre ellos. Aún así, el autor permaneció en México gran parte de su vida. 

Sartorius explora la geografía de México, pero también el rubro social. En su libro hace anotaciones respecto a la vida en el campo, considera que quienes trabajan la tierra veían su labor como una bendición y percibían la existencia en el entorno urbano como un estilo de vida parasitario. La población india con las que Sartorius convivió es descrita como bastante cerrada, desconfiada de los pertenecientes a otros grupos y un tanto calculadores. El mexicano siempre se aproximaba de forma cautelosa y nada directa, si quería algo daba rodeos antes de solicitarlo; también se usaba regularmente el lenguaje ambiguo para obtener la mayor ventaja posible y en la jerarquía social, los más menospreciados eran los mestizos o bastardos.

Ruinas de Centla, Veracruz por Juan Moritz Rugendas.

Sartorius describe en un pasaje sobre su experiencia en una pulquería de la capital. Contrario a otros autores alemanes que dicen que el mexicano es un tanto melancólico, este autor afirma no haber tenido mayor diversión que entre los indios bebiendo pulque. En las pulquería se escuchaban conversaciones que no cesaban hasta el día siguiente, un montón de bromas y risas. Y beber pulque con amigos no era exclusivo de los hombres, las mujeres tenían su círculo social dentro de este entorno. La gente bailaba al son de la jarana, se abrazaban con pasos inciertos y había caídas por doquier. Aunque lo cierto es que fácilmente las borracheras terminaban en pleitos, pero aquello era normal y no limitaba los buenos ánimos. 

En este libro se destacan tres puntos de impacto histórico en la vida del autor. El primero fue que tras la Independencia varios militares ascendían y descendían a puestos políticos. Eran personas sin educación política y de poca disciplina militar; por lo que había un caos en términos de seguridad. Se hacía “justicia” con mano propia y el balance se sentía perdido debido a que los militares corrompían a los justos y premiaban sólo a sus favoritos. El segundo punto que llama su atención fue la guerra con Estados Unidos, Sartorius percibe que la población india e indigena, que era la mayoría, no mostraba ni atisbo de patriotismo. Desde su perspectiva, poco se hizo para proteger nuestro territorio, principalmente por la escasa unión social y el poco esfuerzo bélico. Omitamos el tercer punto para concluir con un eje central en la observación de Sartorius, él pensaba que en México había “un pueblo dentro de un pueblo”, esto quiere decir que había comunidades muy cerradas que solamente veían por los suyos, si te reconocían como “el otro” era imposible convivir. Sartorius afirma que esta situación es clave para que los indígenas jamás se hayan organizado para hacer valer sus derechos.

Ahora hablemos un poco de los grabados en la obra de Sartorius. Hechos por Johann Moritz Rugendas, alemán que se considera el mayor representante de la naturaleza tropical de América, quien cuenta con una iconografía de 389 óleos, 600 dibujos y varias acuarelas. Fue un pintor viajero que se estableció en el país en 1825 instalando un taller litográfico. Llegó a recorrer los estados de Michoacán, Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y la Ciudad de México hasta su regreso a Europa en 1832.

Para la segunda mitad del siglo XIX lo mexicano estaba de moda entre las elites cultas de Alemania y Austria, dando pie a más investigadores y viajeros a escribir sobre la antigua Nueva España. Carlos Pieschel publica un libro de dotes artístico extraordinarios respecto al panorama con que los volcanes deleitan la vista. (Die Vulcans der Republik Mexiko) La obra de Pieschel se convertiría en antecedente crucial del trabajo del doctor Atl, ambos artistas con una inclinación especial hacia la vulcanología. 

En los años posteriores la literatura se volcó sobre la caída de Maximiliano de Habsburgo debido a su descendencia de la Casa de Austria, todos los textos se construyeron a partir de testimonios alemanes pertenecientes a la aristocracia en posiciones políticas dentro de México. Y en Europa causó una gran conmoción, así que desde este punto la percepción de México cambió, ahora se pensaba como un lugar de guerra al azar y de vida dramática. El último texto al respecto es el diario de Félix de Salm Salm, un príncipe que participó en la Guerra de Secesión en Estados Unidos y después peleó para Maximiliano de Habsburgo como coronel. Su historia es bastante dramática, sobre todo por su encarcelamiento y las súplicas de su esposa Ingrid de Salm Salm para su liberación. De hecho hay una pintura de Manuel Ocaranza, titulada La denegación del perdón a Maximiliano.

La literatura alemana más conocida en torno al México del siglo XIX está particularmente dirigida a los aspectos geográfico y económicos, lo cual nos ha permitido entender más de las interacciones entre ambos países y nos permiten conocer nuestra ciudad en un pasaje en el tiempo.

La denegación del perdón por Manuel Ocaranza

Referencias 

Covarrubias, José. Carl Christian Sartorius y su comprensión del indio dentro del cuadro social mexicano. Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Autónoma de México, 2002.

Martínez, Pablo. Contener y reformar: Un acercamiento a la experiencia carcelaria en Veracruz, 1821-1855. ULÚA Universidad Veracruzana (2013)

Ortega y Medina, Juan A., Obras de Juan A. Ortega y Medina, 3. Literatura viajera (formato PDF), edición de María Cristina González Ortiz y Alicia Mayer, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, Facultad de Estudios Superiores Acatlán, 2015,

Ortega y Medina, Juan A., Obras de Juan A. Ortega y Medina, 4. Humboldt (formato PDF), edición de María Cristina González Ortiz y Alicia Mayer, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas/Facultad de Estudios Superiores Acatlán, 2015