Cultura

Lágrimas prehispánicas: el llanto en la cultura prehispánica

El llanto en la época prehispánica contaba con muchos significados, algunos rituales para atraer la lluvia, otros para acompañar a los muertos hasta el Mictlán o sólo para mostrar honestidad.

| Por: Gaby Méndez.
| Fotografía de portada: Tina Tavera.

Una de las leyendas mexicanas más antiguas y resonantes de México es la de La Llorona, se tiene registro de este relato desde 1550. Tiene muchos nombres, entre ellos Cihuacóatl, La Malinche, Xtabay, etc. El personaje principal puede ser distinto dependiendo de la región, más el llanto por sus hijos y el temor que, principalmente los hombres, debiesen sentir al escucharle no cambia. El llanto de esta mujer es de suma importancia en nuestro folklore, pues es reflejo de la cultura mexicana actual. Podríamos abarcar el tema de la relevancia de la madre en el país y todas las connotaciones que se derivan en el lenguaje, pero esta vez llama más mi atención la relación entre el miedo que se espera se sienta al escuchar un llanto. En este caso es un llanto estruendoso acompañado de gritos. Es la perdida hecha sonido, hecha lágrimas. Todos hemos llorado alguna vez, de felicidad o tristeza, lo más silencioso posible o sollozando sin remedio y en ese momento nuestras lágrimas adquieren varios significados: Para mí, el llorar, es que algo ha inundado mi alma. Para aquel individuo que mira, puede significar lo mismo que para mí (empatía), o no significar nada (apatía), inclusive algunas veces he observado el enojo como respuesta, es decir un nuevo eje relacional de significado. Para toda la sociedad mexicana, me resulta más difícil afirmar; pero si sólo el abanico tuviese a “La Llorona” como contenido, entonces diría que significa miedo y perpetuidad.  

Imagen: Tina Tavera

El Dr. Daniel Graña Behrens, investigador de antropología cultural, explora el tema del llanto en la cultura prehispánica mexicana, con lo cual podemos saber más de las significaciones que otorgaban los antiguos pobladores. En los códices atribuidos a los nahuas el llanto se representaba como una gota de agua de color azul con un toque de blanco que iba justo debajo del ojo. Es decir que el llanto era gráficamente una lágrima. En otros códices más tardíos, el llanto eran un chorro de lágrimas y el color blanco se ausentó. En algunos códices se ven a los indígenas descansando la palma de la mano exterior con los dedos hacia arriba y medio curvados en la frente, junto con su lágrima en el ojo. En específico, el códice Borgia no cuenta con imágenes de llorosos.

Las situaciones en que se les ha retratado así son en escenas funerarias (mayas), también es importante resaltar que tanto hombres como mujeres son objeto del llanto. Se han encontrado murales donde se ven llorosos, pero el más relevante es el de “Tepantitla” donde se observa un juego de pelota y varios personajes que están en llanto. Para hacer una interpretación de esto es necesario explorar otros factores, uno de ellos es el lenguaje, pero aún así es todo un reto por la polisemia. “Choca” es el verbo náhuatl de llorar, pero también puede ser gritar o cantar; por esto es por lo que al traducir varios textos no se llega a conclusiones radicales. Este verbo suele acompañarse con otros como “elcihcihui” (suspirar) o “tzahtzahtzi” (dar muchas voces, gemir).  Para atar los cabos gráficos y de lenguaje se requiere entenderlos dentro del sistema de valores.

Image: Códice Magliabechiano

En el Códice Florentino se explica que las lágrimas significan “buena plática”, porque estas permiten al ser humano comunicarse con honestidad. Sin embargo, el llanto también entra en el contexto ritual, y se da cuando se solicita algo a los dioses, si las lágrimas se usaban en otro contexto se consideraban nefastas. Uno de los dioses más importantes a quien se le lloraba era Tezcatlipoca, se le pedía vida buena y salvación de la pobreza. Este llanto era caracterizado por ser humilde y de profunda tristeza. De hecho, cuando alguien tomaba el poder, debía llorarle para legitimar su gobierno. Los padres enseñaban a sus hijos a presentar su llanto ante Tezcatlipoca durante la oscuridad y las mujeres embarazadas debían pasar noches en vela para llorarle y así sus hijos sin nacer se verían protegidos.

En las grandes fiestas del mes azteca, “Atlcahualo”, se sacrificaban niños para honrar al dios de la lluvia, entre más abundantes las lágrimas más lluvia habría. Hoy en día esta ceremonia se da entre los nahuas de la huasteca veracruzana, claro que el sacrificio humano no se da, solamente se ofrenda comida a los niños muertos y se pide su llanto para que llegue la lluvia. En contraparte, en la fiesta de Ochpaniztli se sacrificaba a una mujer y tenía prohibido llorar, se pensaba que si lo hacía la cosecha se arruinaría, en esta ceremonia se escuchaba un gran silencio para despedir el mes más húmedo de la temporada.

Imagen: Mural Tepantitla en Teotihuacán.

De acuerdo con el Códice Magliabechiano, al enterrar a algún gobernante hombres y mujeres agachados en el suelo lloraban. En el Códice Durán se describe que al morir un gobernante se hacía un gran llanto, era un ritual en que se lloraba por cuatro días cada año hasta cumplirse cuatro del fallecimiento. Con esto se buscaba acompañar al difunto hasta el Mictlán. En la muerte de Nezahualpilli se lloró por 80 días, que es el plazo en que los muertos en guerra o los sacrificios llegan a la casa del sol celeste (lugar donde mora Huitzilopochtli).

También existió el llanto que se interpreta como “saludo ritual”, este solía darse al ver una profecía cumplida y connotaba felicidad, como cuando se llega a la señal del águila sobre el nopal. Otra forma de llanto es el de amonestación, cuando un gobernante amonestaba a algún súbdito, este lloraba para mostrar remordimiento y debía detenerse cuando su líder derramara alguna lágrima.

Imagen: Moctezuma en Códice Durán.

Los primeros españoles que llegaron a la costa han escrito, y en las cartas de Hernán Cortés se corrobora, que cuando Moctezuma Xocoyotzin se enteró que se había predicho el fin del reino azteca, comenzó a llorar. Todos los presentes reaccionaron con un gran llanto. Este episodio es un ejemplo de cómo los subordinados solían acompañar a su líder en su llanto, se tiene registro de varios episodios parecidos donde el gobernante debe abandonar sus tierras o debe huir y su pueblo le acompaña en lágrimas.

Todas las formas de llanto que se describieron tienen un contexto particular que permite ver la respuesta social y entender más sobre las respuestas comunes en la época prehispánica. En mi opinión, no pareciese que el llanto fue del todo limitado, no demostraba debilidad sino honestidad, la sociedad había visto en el llanto una expresión de unión con los dioses, con los gobernantes y con el resto de lo pobladores. El llorar significaba compartir con los demás en plena honestidad y no honrar su connotación era visto como ofensa a los dioses. Algunos podrían decir que ello era un acto de sumisión, pero yo veo la emoción vinculada que lleva de vuelta al individuo dicha sumisión. Porque la versión de La Llorona escrita por el Fray Bernardino de Sahagún cuenta que Cihuácoatl, deidad que protege a la raza, grita por sus hijos mientras se lamenta con llanto doloroso y conmovedor qué será de ellos, les advierte de la destrucción que viene, se pregunta a dónde los llevará y llora porque no puede protegerlos. Y por ello es que quienes le oían, temían.

Imagen: Códice Florentino.

Fuentes:

Graña, D. El llorar entre los nahuas y otras culturas prehispánicas. Estudios de cultura náhuatl. Vol.40. 2009

Leyendas de México: La llorona. Universidad de Colima: http://ceupromed.ucol.mx/nucleum/LEYENDAS/Leyendas_leer.asp?id=5

Gómez, A. Tlaneltokilli: la espiritualidad de los nahuas chicontepecanos. Ediciones del programa para el desarrollo cultural de la Huasteca / CONACULTA. 2002