Cultura

La leyenda de las serpientes protectoras

El origen detrás de una festividad en Oaxaca que mantiene vivas las tradiciones de nuestros pueblos.

| Por: Gaby Méndez.
| Fotografía de portada: Freepik.

La tradición oral en México es vasta. Las leyendas y mitos siguen resonando en los pueblos del país, dando origen a tabúes, tradiciones, fiestas y, en sí, a comunidades enriquecidas por su pasado. San Bernardo es un pueblo de Oaxaca ubicado a cuarenta minutos en carretera de Miahuatlán de Porfirio Díaz, en donde se relata la leyenda de la culebra de agua protectora.

Se cuenta que un señor iba hacia un pueblo vecino, junto a su burro y dos grandes canastos. A la mitad del camino encontró tres jícaras que fueron de su gusto, así que las echo dentro de los canastos. El señor continuó su camino, pero su paso fue disminuyendo pues el burro se paraba a cada rato. Le pesaban los canastos. El animal terminó por echarse y el hombre revisó la carga, encontrando tres culebras de siete cabezas. Las tres salieron y tomaron rumbos distintos, una de ellas se fue a San Bernardo y las otras dos tomaron su rumbo hacia un cerro cercano. A partir de ahí comenzó a fluir el agua hacia el pueblo, a través de los ojos de agua de La Ciénaga, en donde el pozo principal se convirtió en el lugar donde La Culebra reside.

Fotografía: Erik Mclean.

Después de un tiempo llegó un hombre que trató de llevarse el agua a otro pueblo; intentó hacer un pozo profundo pero La Culebra se dio cuenta de ello. Al final lanzó un rayo que golpeó al hombre, matándolo al instante. También se dice que existieron dos hermanos que iban juntos a cazar venados, uno tenía esposa y el otro andaba con la misma esposa. Mientras caminaban por el cerro pretendiendo cazar, se encontraron con uno de los huecos donde se dice vive una de las culebras. El hermano soltero le pidió al otro que se asomase hacia el orificio y aprovechando su confianza, terminó por aventarlo. Lo arrojó porque quería quedarse con la esposa.

Fotografía: Trevor Cole.

El hermano cayó hasta que se topó con la Ciénaga, ahí encontró ollitas llenas de culebras. Entonces la culebra mayor apareció y preguntó por qué se encontraba él ahí; el hombre le contó que había sido su hermano quien le empujó. Así fue como la culebra le reveló la verdad a aquel muchacho, diciéndole que su esposa le había engañado y por eso se habían deshecho de él. La culebra le explicó que la gente del pueblo suele prepararle una fiesta muy grande, donde mucha gente viene y ahí sería la oportunidad perfecta para devolverle al exterior sin que los demás se dieran cuenta. El hombre aceptó permanecer cautivo mientras la fecha llegaba, y la gran culebra tuvo que proteger al hermano de las hijas, de las culebras pequeñas. Entonces llegó el miércoles de ceniza, el día de fiesta en que todos se reunían para dar tributo y mientras la gente preparaba la comida, el hombre fue liberado. No sin antes recibir la instrucción de cazar un venado, llevarlo a la esposa y pedirle que vaya por agua al pozo. La culebra dijo que ella no iba a regresar. Así hizo el hermano y la mujer jamás volvió, pues dicen fue devorada por su traición.

Fotografía: John Royle.

Carlos Hernández Paulino nos habla de cómo el pueblo de San Bernardo es un claro ejemplo de la tradición oral prehispánica con huellas del movimiento revolucionario conviviendo con las luces de la modernidad. El pueblo de San Bernardo, como se ha relatado, se siente protegido de ladrones y traiciones por La Culebra; una leyenda que da origen al mismo pueblo y explica su prosperidad en recursos naturales.

En San Bernardo la cultura originaria principal es la zapoteca y existen vestigios de los prehispánicos en la tradición oral que se presenta. Pese a la gran fuerza del catolicismo en el pueblo, se ha mantenido la tradición de la culebra protectora, porque no son mutuamente excluyentes. Las festividades religiosas van en torno al ojo de agua y su mitología guardiana a la vez que se celebra el miércoles de ceniza y se agradece al santo patrono.

La culebra o serpiente es reconocida como dueño del agua, lo cual da pie a una serie de simbolismos que son principalmente purificación, regeneración, fertilidad y vida; características que son primordiales para un lugar agrícola. Finalmente podemos decir que deidades como Quetzalcóatl o Coatlicue son, sin lugar a duda, eje central en la mexicanidad, por su eco que sigue siendo escuchado e incluso hablado.

Fotografía: Saturnino Herrán.
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