Historia

La Independencia de México: novela histórica

La novela histórica en México permitió que todos los sectores vieran de cerca los momentos de la Independencia y fue el origen de los imaginarios colectivos históricos actuales.

| Por: Gaby Méndez.
| Imagen de portada: “La Patria” de Jorge González Camarena.

La Independencia de México trajo consigo una serie de cambios en la vida de lo que hoy es nuestro querido México, es un parteaguas político, social y artístico. Para 1867 el gobierno se había establecido como republicano y liberal, lo cual se acompaña de una nueva visión del rumbo de las artes. Pedro Santacilia hace hincapié en que esta resolución traía como consecuencia natural el renacimiento total de la literatura y así, pocos años después, las “Veladas Literarias” comienzan a suscitarse. Poetas y escritores, liberales y conservadores, se reunían bajo el lema “orden y cordialidad”. Juan Antonio Mateos, Ignacio Manuel Altamirano, Justo Sierra y otros personajes de la época se reunían para leer y discutir la escena literaria.  Este periodo se antojaba esperanzador para el crecimiento cultural, la creación nacional era la mayor aspiración y por ello es que las preocupaciones yacían en la creación de un sistema educativo que permitiese a todos los sectores sociales estar en la misma sintonía.

En el próximo par de años se crea la Escuela Nacional Preparatoria y en 1869 Ignacio Manuel Altamirano funda la revista literaria “El Renacimiento”, exponiendo contenido universal de distintos géneros siempre con la intención de abrir paso al mexicano en la creación de literatura propia, era la propuesta de reconciliación cultural nacional. Sin embargo, las publicaciones no fueron del todo objetivas debido a que no se negaba el apoyo a cualquier discurso, la revista terminó con una parcialidad que apoyó la creación de los imaginarios colectivos que, inclusive, perduran hasta hoy.

Imagen: Portada de “El Renacimiento”.

Con el aparato educativo que se había conformado y las propuestas literarias nuevas, el mercado de lectores comenzó a crecer y así, poco a poco, el inconsciente colectivo afianzó un lugar a los “grandes héroes de la patria”. La escritura de novelas históricas se volvió un buen negocio para las imprentas y, para compensar el analfabetismo latente en el país, la lectura en voz alta se fue popularizando. Esta situación comenzó a preocupar a las élites que eran ilustradas en los relatos, sobretodo por la perspectiva negativa que se les atribuía, por lo que en el espectro político comenzó a debatirse entre la necesidad de crear una historia general o permitir una integración natural.

La primera propuesta era de corte positivista, tendía a lo científico y principalmente quería instruir sin requerir la aprobación del pueblo, posteriormente se propuso que para su mayor aceptación el estilo que debía de adoptarse era el agregado de las pasiones de los personajes. En contraparte, la segunda propuesta iba en el eje de lo humanístico, una educación que se fuese estableciendo con el tiempo, y de esta forma todos se sentirían mexicanos y patriotas, ya que se verían reflejados en la historia que han aceptado como suya, terminando por tomar su papel de ciudadanos que construyen el futuro.

Imagen: Episodios Históricos Mexicanos 1887.

El sistema educativo terminó por volcarse en la primera idea, por lo que se buscaron a los hombres ilustres de la época para que escribieran la historia general de México, historiadores e intelectuales de corte republicano y liberal generan un catálogo de más de 200 registros de la historia de México, pero de hecho la primera gran Historia general sería publicada hasta 1884. Los textos se fueron documentando al pasar de los años y posteriormente ideas, como las de José María Vigil (segunda propuesta), se fueron agregando al sistema, así los puntos en torno a la reconciliación con los conquistadores y la inclusión social se fueron dando hasta construir el bagaje histórico actual que acepta el sincretismo mexicano. Es un proceso que ha tomado muchos años y sigue en proceso, aunque con bases ya bien establecidas, puntos anclados que sostienen la historia del pasado y pilares que fueron instaurados desde el inicio de la escritura histórica.

En 1868, José Rivera y Río señala que la novela histórica o libro del pueblo resulta la herramienta más útil para popularizar los eventos históricos, sobretodo porque, a diferencia de Estados Unidos, en México aún no se contaban con monumentos, reliquias o museos que permitiesen la veneración a eventos o figuras de la historia. México sólo tenía “monumentos literarios”.

Posteriormente más obras históricas de intelectuales e historiadores se fueron publicando, pero el costo de esos libros era alto y la exigencia que requería del lector llegaba a fatigar a quienes no acostumbraban estas lecturas. Por ello es que la novela histórica continuó siendo un referente, y permitía educar a los niños de grados bajos.

Imagen: “La Patria” de Jorge González Camarena.

En Latinoamérica, los escritores de novela histórica seguían uno de dos modelos: El modelo Walter Scott, donde se privilegiaba lo literario sobre lo histórico y el modelo de Alfred de Vigny, donde el texto pretendía ser testimonial y así prioriza el evento histórico.

Entre los primeros intentos por novelar la Guerra de Independencia se encuentra Juan Díaz Covarrubias en 1858 con “Gil Gómez el Insurgente” y Juan A. Mateos en 1869 con “Sacerdote y Caudillo” y “Los insurgentes”. En 1870 se escribe “El Libro Rojo”, donde Vicente Riva Palacios, Manuel Payno, Juan A. Mateos y Rafael Martínez de la Torre escriben episodios novelados de la lucha contra España, periodos coloniales y semblanzas biográficas de los patriotas célebres.

Imagen: José María Vigil.

José María Vigil publica en 1878 un ensayo respecto a la historia de México, en él habla de la literatura como el medio para profundizar en la realidad mexicana, que a partir de su estudio se volverá más claro qué es lo esencial y lo propio del mexicano. Nos dice que no se trata de perseguir a un sistema educativo, más bien es buscar el saber de uno mismo, conociendo más de una perspectiva y cultivarnos con la Historia patria para ser reconocida como inspiración humanista. Rechazar esa historia, para él, resulta absurdo, porque ahí se encuentra la semilla de nuestro hoy y persistirá. Pero quizá más importante es el hecho, de que la transformación de la semilla es posible, que puede florecer para ser algo más virtuoso de lo que la historia contó.

Fuente:

Flore, Alfredo. (2010) “Entre Episodios e Imaginarios: Una Lectura a la Visión de Enrique De Olavarría sobre la Independencia de México” en Tiempo y Escritura no.19

Vigil, José María. (2001) “Necesidad y Conveniencia de estudiar la historia patria” En Polémicas y Ensayos mexicanos en torno a la Historia. UNAM, México.