Cultura

Ixtlamatki: Ritual terapéutico en Sierra Negra

En la comunidad nahua de la Sierra Negra de Puebla el ixtlamatki es una figura fundamental en las prácticas terapéuticas tradicionales para curar el alma de los enfermos.

| Por: Gaby Méndez.
| Imagen de portada por: David Tuggy.

En el sureste de Puebla, justo al límite con Veracruz y Oaxaca, se encuentra la Sierra Negra. La investigadora Laura Romero se adentró en las comunidades nahuas de la zona, para aportar la visión de lo que verdaderamente significa “ser indígena” en México, pues poco se ha visto de los pueblos de la Sierra Negra ya que no encajan con el folclor nacionalista exaltado que funciona como espectáculo turístico. La autora reprueba que los pueblos indígenas sean tratados como piezas de museo o negados de la civilización, cuando en realidad su contexto de marginación los deja a la deriva. 

En la Sierra Negra no hay trajes coloridos, sino ropa usada e indígenas que trabajan la tierra o la maquila desde que el sol apenas está por asomarse; gente que vive sin oportunidad por falta de educación digna y fuera de agenda política a menos que sea temporada de elecciones. La doctora Romero se concentra en la ausencia de servicios de salud en las zonas más aisladas de la comunidad dando pie a las prácticas terapéuticas tradicionales. Misma que descubriremos en este texto.

Las prácticas médicas tradicionales son expresiones nahuas actuales que a lo largo de la historia se han tachado como supersticiones o exóticas sin exponer las premisas que la fundan. A falta de ellas las aproximaciones que hagamos se verían reducidas a “creencias”, por lo que debemos conocerlas bajo su propia naturaleza para así entender, o al menos reflexionar, los sistemas culturales indígenas actuales y cercanos a nosotros. Es por ello que abordaremos el tema  explicando la figura del ixtlamatki, él se encuentra en la cumbre de los especialistas rituales de terapias tradicionales, su función es atender situaciones en que las almas nahuas se vean afectadas.

Foto: Jesus Francezitho Tuttu Nacum.

Todo lo que un ixtlamatki representa y hace ha generado nuevo conocimiento para la población nahua permitiéndole entender el mundo, la salud y la enfermedad. El ixtlamatki es un ritualista que puede-hacer porque sabe ver, sabe soñar y sabe hablar; estos tres puntos son ejes fundamentales de su práctica, ya que le permiten generar interacciones significativas (a través del ritual) con los sujetos que se encuentran enfermos.

Saber ver y saber soñar, significa que de forma controlada son capaces de acercarse a aquello que parece invisible a los demás. Es decir que las cualidades perceptivas del ritualista son superiores y por lo tanto le es más fácil alcanzar conocimiento específico. En un testimonio recopilado en 2007 en Sierra Negra, se explica que el ixtlamatki ve lo real, refiriéndose al espíritu de personas, plantas, animales y cerros. También se consideran capaces de ver en la noche u oscuridad. 

Respecto a soñar, se dice que es por este medio que se viaja a espacios que no se podrían visitar de otra forma; ya sean cuevas profundas, cimas de cerros o lugares sagrados de su mitología. Y así interactúan con la naturaleza de forma más profunda para, una vez más, adquirir conocimiento que los demás no pueden conseguir. El sueño es voluntario y cada uno es intencional para que el ritualista actué y genere consecuencias en el mundo físico, esto ha generado un profundo respeto hacia el ixtlamatki principalmente por el temor a las acciones que se deriven del sueño o información que se reciba en él.

Foto: Elliot M.

En cuanto a saber hablar podemos decir que es cuando el ixtlamatki trae acá aquello invisible que percibió y lo pone en común con los demás. Entrecruza las dos zonas que se entienden separadas. Y el lenguaje es considerado el pago, es decir, si con saber ver y soñar se recibió conocimiento, con saber hablar se da a los demás. 

Los nahuas entienden al ixtlamatki como humano y espíritu, siendo su personalidad la fuente de su poder. Los testimonios explican que para ser un ixtlamatki se deben de vivir una serie de eventos que inician desde antes de nacer. Si un niño tiene el don, mientras esté en el vientre materno su alma viajará por cuevas o cerros. En este viaje el futuro ixtlamatki adquiere una perspectiva de lo incorpóreo. Este proceso se considera un primer nacimiento, haciendo sentir a la madre un vacío extraño dentro de sí o inhabilitandole el sueño, pero no debe asustarse, de lo contrario su hijo no podrá volver al vientre y se convertirá en un animal, ocasionando que al dar a luz su hijo sea sólo carne. El segundo nacimiento es el alumbramiento común, obteniendo así una conexión con el mundo físico. Por ello es que el ixtlamatki se considera una doble existencia que comunica dos esferas primordiales. 

Los dos nacimientos le otorgan una doble piel o toelbayo al ixtlamatki, y este decide cuál usar dependiendo de la situación. Los nahuas reconocen que la piel es el escenario que refleja las consecuencias de las acciones de una persona y otorga perspectivas. Se piensa que por ello el ixtlamatki es capáz de vestir de animal, pero que jamás rondará el pueblo con esta piel y será violento en esa forma, de lo contrario su capacidad terapéutica se verá perdida. Sería sólo un brujo-nahual que agrede y es incapaz de cumplir con los tres conceptos clave que ya revisamos.

Foto: Ben Maguire.

En la infancia, el ixtlamatki es instruido para enfrentar aquello que la percepción visual humana no ve, entonces su línea de aprendizaje iría de saber ver para identificar el problema y encontrar la solución para actuar intencionalmente en un espacio soñado para finalmente activar la respuesta mediante el habla. Todo ello es parte de un ritual que requiere de una habilidad lingüística particular aunado al conocimiento que el ixtlamatki va adquiriendo con el paso del tiempo.

En el ritual se hacen las peticiones pertinentes para transformar al enfermo, y es mediante la apropiación del espacio y el lenguaje que se “hace un camino” hacia la solución. El habla es el puente entre lo visible e invisible, y al nombrar sujetos y objetos es hacerlos presentes construyendo, así, un contexto. El ixtlamatki interroga al enfermo, da órdenes y, finalmente apunta certidumbres. Es el lenguaje el vehículo para influir. Por ello es que se considera una práctica terapéutica.

La investigadora Laura Romero culmina su investigación apuntando que en Sierra Negra la ritualidad no se da en colectivos, y que estos rituales terapéuticos se llevan a cabo dentro de las casa con el ixtlamatki, el paciente y un familiar presentes. Y resulta clave reconocer que el escenario no se construye con lo vistoso, por el contrario son reservados y crean a través de su voz. Pues <<el lenguaje ritual es el lenguaje de la diplomacia>>

Foto: Hugo Tasca.

Referencia:

El poder de saber. Especialistas rituales de México y Guatemala, Patricia Gallardo Arias y François Lartigue (coordinadores), México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 2015, 342 p., cuadros imágenes y mapas (Serie Antropológica, 23).