Cultura

Identidad y estética: Tatuaje en La Huasteca

Arte para algunos, daño físico para otros, aún hay divisiónes sobre los tatuajes pero para los huastecos, representan una conexión entre el cuerpo y la naturaleza.

| Por: Gaby Méndez.

Los tatuajes son más que una simple tendencia, la doctora Catherine Grognard nos regala varias notas donde se cuestiona si el ser humano usa la tinta en la piel como forma de decoración o desnaturalización y si ello conlleva un arte o un daño corporal. Menciona que la decisión de tatuarse se da en los años de adolescencia, donde la persona no es un niño ni un adulto y es por lo que busca plasmar o dar marca en su piel a los momentos que percibe como clave en su vida, como parte de su identidad y sobretodo para marcarse la propia existencia.

Hoy en día los tatuajes son símbolos de un proceso de autonomía ya que, desde una perspectiva psicológica aunada a lo social, se establece que tu voluntad ha sido impuesta pues has tomado de forma simbólica posesión de ti mismo y a los demás no les queda mas que atestiguarlo. Es difícil establecer una línea del tiempo que nos deje ver claramente la historia de la marca corporal, pero se podría establecer por el arte rupestre que la práctica comienza cuando el hombre busca adornarse para ser distinto a las bestias que cazaba. James Cook (explorador que hizo el primer contacto con Australia y Hawái) fue quien dio a conocer en sus cartas el término “tatuaje”, que significa dibujo y espíritu; por otro lado, fue Cristóbal Colón y Cortés quienes hablan de los adornos en la piel de los indios.

Fotografía: Justin Chrn

Esto es un factor primario de porque en Occidente medieval se ve con malestar a aquellos con tatuajes, agregándose las raíces religiosas que afirman que el ser humano fue hecho a imagen de Dios, por lo que marcarse el cuerpo es negarlo y por lo tanto se transgrede el canon. En aquel entonces se marca sobremanera la exclusión de la identidad marcada en la piel. Contradictorio a lo que sucedía en África (y en otras culturas), ya que el tatuaje o marcaje en piel dan pertenencia al grupo y aún más importante, significó que el cuerpo jamás estará desnudo, nunca vulnerable, nunca sin identidad y siempre vinculado.

Siempre habrá opiniones divididas en cuanto a si esto es un arte o un daño físico, Grognar nos dice que sin duda es un daño. Lo de arte parece quedarse en el aire pues el tatuaje también suele usarse como método de aprisionamiento, es forzar lo extraño en la epidermis y también en ello hay significado, toda herida lo tiene; mas con el tatuaje no se puede generalizar el propósito. Sí es identidad, sí es la propia existencia; pero las condiciones y el objetivo se acomodan por contexto social y cultural.

Fotografía: Jake Davies.

Historiadores de La Huasteca han encontrado evidencia que nos permite usar como ejemplo de lo anterior. La práctica del tatuaje entre los huastecos de la llamada Mesoamérica tiene algunos puntos de coincidencia con otras culturas alrededor de mundo, lo cual es realmente interesante, ya que las cosmovisiones pueden no ser muy parecidas, pero sí convergen en claves como el uso del cuerpo humano. Varias tribus manejan el cuerpo como la unidad de apego con la naturaleza, es en él donde se representan los rasgos culturales, religiosos y estéticos; y en él se da la narración para expresar el imaginario cosmológico particular que se compartía.

Los huastecos eran muy hábiles en el arte de la escultura, representaban a las grandes deidades en la cerámica. Dichas representaciones solían estar tatuadas en casi la totalidad de su cuerpo, debido a ello se ha deducido que aquellos pertenecientes a la clase noble o los elegidos por su habilidad de combate o caza eran los que portaban tatuajes de características similares. La expresión de la marca indeleble obligaba a la sociedad a reconocer a los portadores como superiores, sobretodo por el simbolismo religioso que cargaba, ya que se establecía que los marcados igualmente que sus figuras religiosas podían conectarse con el plano superior y poseían un vínculo en la piel que les permitía contactar a las divinidades.

Tlazoltéotl

Tlazoltéotl es una de las deidades más relevantes para el indígena huasteco, era la diosa de las pasiones (de la lujuria), se le conocía como diosa madre de la fertilidad y la gran paridora, pues era aquella que renovaba la vida y por ello fue venerada como la Gran Madre en varios pueblos de Mesoamérica. Tlazoltéotl se representaba en varios códices con una línea negra a la altura del mentón, un tatuaje en el rostro que para los huastecos evocaba purificación. La gran paridora del universo y el acto de tatuar la piel compartían el fluir de la sangre y el dolor. Ambos era sacrificios que llamaban a la resistencia y valentía. Por lo que aquellos que llevaban el tatuaje se reconocían como personas fuertes y los portadores veían su dolor como ofrenda a la diosa madre.

Al parecer la práctica del tatuaje estuvo conectada estrechamente con la naturaleza, en un principio, el reconocimiento del cuerpo como medio de agradecimiento a la Tierra Madre; posteriormente pasó a ser una práctica religiosa donde se establece una línea cercana a lo divino; resulta de ello miles de consideraciones sociales y culturales que se entretejen para significar la desnudez o la no desnudez, al final la piel. Ahora las implicaciones suelen ser más de autodefinición o quizá de empoderamiento, algunas veces personal y otras (lamentablemente) de terceros. Lo único que es indiscutible resulta ser la narrativa que el tatuaje posee, individual o colectiva, el tatuaje habla de y en la piel.

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