Cultura

Identidad en el andar: un poco sobre peregrinar

Las peregrinaciones tienen un trasfondo religioso, pero en ellas se genera toda una dinámica de memoria, identidad y comunicación simbólica. La comunidad otomí-chichimeca de Querétaro da un breve testimonio del origen de su peregrinar.

| Por: Gaby Méndez
| Fotografía de portada: Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas.

Todos alguna vez hemos querido viajar algún sitio, porque hay algo en él que nos mueve. Hay algo que queremos vivir justo ahí. En ocasiones andas por el mundo acompañado y otras caminas en soledad, se escucha frecuentemente que para aclarar tus ideas es conveniente ir a algún lugar solo. Es para tener un momento con tu mente, mirar atrás y después al frente, disfrutar con tu propia compañía, tener un proceso de reflexión fuera de tu lugar común.

Algunos profesores de religión afirman que los paseos y viajes turísticos son una degeneración de la peregrinación exterior. Porque el sentido de peregrinar, a parte de su trasfondo religioso, está en que un gran grupo se mueva hasta un sitio significativo. El lugar al que se llega suele ser aquel que posee los símbolos más representativos de su fé, desbordan sentido individual y colectivo pues el origen de lo que profesan está ahí. Por lo que podríamos decir que lo que degenera es la carga, es decir que en teoría turisteas para descargar tensiones, mientras que el objetivo de la peregrinación es recargar significados. Tus tensiones ya deben estar descargadas antes de iniciar una peregrinación, porque se piensa que previamente ya tomaste las virtudes que alguna religión te ha ofrecido. El eje central está en la idea religiosa, pero ese no es el objetivo de compartirles esto. 

Fotografía: Mario Purisic.

Peregrinar también trata de compartir una identidad, es una convivencia ritual. Cuando uno inicia una peregrinación, lo hace en cierto punto territorial, con gente que comúnmente suele estar alrededor y mientras se avanza, otras personas se unen. Se crea un puente de interacción con quienes no viven cerca, porque se comparte un objetivo. El antropólogo social, Alejandro Vázquez, habla sobre las peregrinaciones como formas de memoria colectiva, cada una tiene una historia que se lleva año con año. Se recuerdan a las personas que acompañaban y ahora no, las interacciones de hace años, prácticas que se llevaban a cabo y que se perdieron.

Portal Ariosa propone que la comunicación simbólica, es decir la forma en que los símbolos dan sentido a una estructura mental, es la clave en las peregrinaciones porque para algunos es de locos caminar cientos de kilómetros para llegar a un lugar abarrotado de gente, es una pérdida de tiempo. Pero la comunicación simbólica genera que dichas acciones sean de lo más común, los valores y creencias están alineados. Se sostiene que en las peregrinaciones no se llegan a conocer entre todos, pero se saben de una misma comunidad.  Este fenómeno se da en otras interacciones, como cuando se acude a un festival de música, alguna manifestación o algún evento deportivo. 

Fotografía: Phil Hearing.

Hablemos un poco de las comunidades chichimeca-otomí de la región semidesértica (El Cerro del Zamorano, La Peña de Bernal, Cerro del Frontón y la cruz de Higuerillas), ellos realizan una peregrinación cada 27 de septiembre hasta la Capilla del Divino Salvador debido a la fiesta patronal de San Miguel Tolimán, el lugar que cuenta con la mayor población otomí de Querétaro. Los pobladores cuentan que hace muchos años, cuando México se volvió independiente, varios habitantes de la zona se volvieron hacia las distintas cuevas que alguna vez sus ancestros habían habitado en la antigua Mesoamérica. Vivían en los cerros sosteniéndose gracias a la caza, pero con el tiempo algunos decidieron bajar y formar familias en los pueblos de alrededor. Jamás se olvidaron de sus raíces y un día, cuando la sequía les estaba matando, encontraron entre las rocas el rostro del Divino Salvador. Éste les había pedido que hiciesen una capilla en el lugar e incentivó a que no dejasen de luchar, que la lluvia vendría. Con el tiempo el mensaje llegó a varias comunidades, los pobladores dicen que para sus abuelos ello significó el no rendirse ante la pobreza y la escasez. Varios rituales nacieron, como el alza del Chimal: una torre de 23 m hecha de madera y vestida de flores, frutos, pan y tortilla; y la peregrinación hasta la capilla.

Esos días, quienes salieron de su pueblo, vuelven para agradecer y sobretodo reforzar su identidad, en teoría. Resulta importante señalar que este tipo de expresiones culturales dejan entre ver un montón de rasgos particulares del sistema que engloba a cada comunidad de peregrinaje, algunos de ellos deben preservarse porque enriquecen a la sociedad, mientras que otros deben señalarse para que el núcleo de la expresión no se vea diluido, o al menos no se subestime.  Porque el peregrinaje intercambia historias, recuerda personas y valora diversos elementos de cultura. Hay quienes no son capaces de participar en la andanza, y aquí se da otro fenómeno interesante, la participación indirecta. Gente que comparte el objetivo, pero tienen algo que le imposibilita dirigirse al sitio en común. Por ello aportan alimentos a quienes sí van o realizan actividades dentro de su hogar, siempre pensando en los caminantes. Las peregrinaciones son parte de la construcción de la identidad colectiva, ellas son un elemento identitario dinámico porque se viven y transforman a cada paso; para quienes participan en ellas suele ser una forma de revivir a su pueblo, a su comunidad.

Fotografía: INPI.

Fuentes:

Vázquez, A. ¿Peregrinar o morir? Lugares sagrados entre los chichimeca- otomí. Gazeta de antropología No.21 (2005)

INPI. Lugares de memoria y tradiciones vivas de los otomí-chichimecas de Tolimán. Blog de Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (2006)

Borau, J. (2002). Peregrinar a las fuentes. Acontecimiento: órgano de expresión del Instituto Emmanuel Mounier, (65), 40.

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