Cultura

Hueytlacatzintli: droga ritual nahua sagrada

Las sustancias alucinógenas usadas por curanderos o chamanes permiten curar a aquellos dañados por la brujería. Los nahuas de Guerrero se valen de las visiones que el Hueytlacatzintli genera por lo que se considera una planta sagrada.

| Por: Gaby Méndez.
| Fotografía de portada: Luz Mendoza.

La cultura nahua actual está llena de rituales con distintos objetivos, la mayoría de ellos tienen un origen milenario, algunos preceden a la llegada de los conquistadores y otros surgen después de la presencia española en Mesoamérica. El uso de drogas con motivos rituales fue desapareciendo en algunas regiones tras la conquista, sin embargo no se extinguió del todo, más bien se volcó a la clandestinidad, actualmente, algunas culturas indígenas utilizan enteógenos para crear un vínculo con lo sagrado.

Los enteógenos son sustancias vegetales que al ser ingeridas proporcionan una experiencia divina. Robert Gordon Wasson, estudioso de la etnobotánica, tras formar parte de un ritual mazateco donde se usaba el teonanácatl (hongo alucinógeno) escribe que los enteógenos pueden ser denominados alucinógenos, psicotomiméticos o psiquedélicos, pero en realidad su uso ancestral los liga a creencias sagradas que llevan a un pueblo a considerar la experiencia como un símbolo de “Dios dentro de nosotros”.

Fotografía: Lorenzo Armendáriz.

La percepción de la divinidad es lo más relevante para los curanderos nahuas. La divinidad se encuentra en el ser humano, pero también en las plantas. Cuando una planta se usa como tratamiento médico, no se debe a la planta en sí misma, se debe a su parte divina que equivale a la magia que aquella posee. Gonzalo Aguirre Beltrán, médico y antropólogo mexicano, cuenta con un texto titulado Medicina y Magia: el proceso de aculturación en la estructura social, donde se entiende más claramente que es la cualidad de lo “divino” lo que se ve en este tipo de plantas, no es un alucinógeno sino una conexión que permite que las cualidades sacras de quien la consume y lo que consume, en este caso las sustancias vegetales, generen una sanación mágica.

Lilián González Chévez realizó una investigación donde se habla del uso actual de enteógenos en la región norte y centro de Guerrero. Las plantas: Hueytlacatzintli,  Huaxchiquimolin, cecectzin, tlapatzintli y tecomaxóchitl, son usadas en rituales chamanes para uso profético y terapéutico. El principal motivo para su uso es identificar el origen de brujería y combatir a aquellos que la llevaron a cabo, así como a sus efectos. El tenexyetl o San Pedrito es una planta considerada un importante vehículo sagrado, su uso primordial es proteger del mal aire, el tlazol (mal aire que da solamente a los niños) y el chincual (salpullido).

Fotografía: Lilián González

La investigación de la antropóloga González Chévez se enfoca en Copalillo, Atenango del Río y Chilapa; siendo el Hueytlacatzintli (solandra guerrerensis) la especie estudiada. En la región se cuenta que Moctezuma dio un mandato explícito de que esta planta sagrada debía ser resguardada de cualquier extraño y que su uso debía mantenerse en absoluto secreto. Hueytlacatzintli es una planta que se ha cultivado bajo el nombre de tecomaxóchitl, chichihualxúchitl y copa de oro. Se considera que es hembra y crece entre peñascos. Forma parte del género Solandra, el cual era apreciado por los príncipes, que la bebían con cacao. Al atenernos a su significado etimológico , huey significa “grande, supremo” y tlacatl “digna de reyes y señores”; resultando en planta “suprema, digna de reyes y señores”.

Testimonios locales afirman que el “espíritu” de la planta Hueytlacatzintli era usado por los gobernantes de mesoamérica para obtener información sobre el estado de su reino. Actualmente su uso es combatir la brujería y curar. Se considera brujería cuando alguien se enferma de forma abrupta o que la enfermedad avance en un periodo de tiempo muy corto, también se agrega cualquier sensación de que “algo te roe por dentro”.

Imagen: Moctezuma en Códice Durán.

Para su uso contra la brujería los curanderos arrojan doce granos de maíz con agua al “paciente” y leen la posición en que los granos tocan el suelo, son tres las posibles respuestas que ofrece el maíz: un enfado, la pérdida de la sombra o brujería.  Si es esta última, el curandero inicia el ritual donde da al afectado un enteógeno para que este le diga qué tiene, quién lo enfermó y cómo curarse.

Como en toda creencia, hay fieles partidarios y personas en contra de dichas prácticas dentro de la comunidad. Ambos bandos se ven reflejados en posturas pasadas. Los que están a favor ven su uso como sagrado, ya que los grandes gobernantes prehispánicos así lo hacían. Los que no lo aprueban se remiten a la evangelización tras la conquista, pues los sacerdotes atribuyen a estas plantas poderes demoníacos. La ingesta de Hueytlacatzintli provoca visiones que suelen ser aterradoras: gusanos que comen tus entrañas, hormigas que corren hacia tu cabeza mientras carcomen tu cuerpo o serpientes que intentan devorarte. La visión bajo los efectos de la planta tiende a tener algún animal, y recordemos la creencia de que los chamanes o brujos se pueden transformar en animales, por lo que se refuerza que la brujería es real y se le está combatiendo con este ritual.

Imagen: Junji Ito

Para su uso en ritual de cura, hay un proceso más elaborado. El curandero y el paciente deben ser purificados, para ello la abstinencia sexual es requerida, también se requiere de presentarse en ayuno, recién bañado, con ropa lavada en la casa del curandero. El ritual sólo puede ser en lunes, jueves o viernes, porque estos son los días considerados grandes. Estarán durante cuatro días encerrados en una habitación, el paciente debe ser acompañado por al menos un familiar que estará a su lado durante todo el proceso y debe protegerlo, pues se cree que nahuales aparecerán para evitar que el paciente se cure.  Se hace un altar con velas, copal, flores de cempaxúchitl, cigarros y mezcal. Para iniciar el ritual enciende las velas y el incensario con copal, en una jícara se coloca el Hueytlacatzintli hecho polvo que es denominado como “santo remedio”. El curandero sacraliza el “santo remedio” pronunciando súplicas en náhuatl hacia los cuatro puntos cardinales. Mezcla el polvo, ya sea con agua o mezcal, y se pronuncia una larga rogativa náhuatl mientras se eleva el “santo remedio”.

El paciente bebe de un solo trago el “santo remedio” y se recuesta en contra esquina al altar.  El curandero cubre al paciente con una sábana hasta la cabeza. El paciente puede ponerse violento o entrar en un sueño profundo, dependiendo de las visiones que se generen y es el trabajo del familiar que acompaña el controlarle.  Cuando el paciente está por despertar, el curandero se recuesta para acompañar en sueño al enfermo. Tras ingerir el Hueytlacatzintli, el paciente despierta 5 o 12 horas después y responde qué ha visto y sentido, pues de su respuesta el curandero interpretará. Durante los siguiente cuatro días el curandero lo purificará con el humo del copal mientras ora. En el último día se sirve comida a los presentes, lo cual es una ofrenda a Hueytlacatzintli, se agrega un lugar a la derecha del curandero. Ahí se coloca una jícara con el “santo remedio” y una vela, representando al enteógeno, a su derecha debe sentarse el enfermo. Se sirve primero a Hueytlacatzintli, colocando la comida frente a la jícara. Antes de comenzar a comer, el paciente debe dirigir unas palabras a la planta sagrada agradeciendo que lo haya curado.

Fotografía: CarlosFX.

El uso de Hueytlacatzintli es respetado, en la comunidad se tiene muy claro que deben ser los curanderos quienes manipulen la planta, y ellos son los únicos que saben cómo hablarle e interpretarla. Aquellos que no tienen estos conocimiento y la ingieren no se curan y pueden volverse locos. Los pobladores consideran que el espíritu de Hueytlacatzintli es quien enseñó a los curanderos a sanar y que mediante las visiones se da un mensaje lleno de simbolismo, algunas veces predice sanación, magia o brujería.

Los enteógenos son parte vital de el chamanismo, en el centro y norte de Guerrero, integran parte fundamental de la tradición religiosa mesoamericana y reflejan la cosmovisión indígena. El consumo de estas sustancias alucinógenas contienen un sentido sacro, en estas comunidades  su uso hedonista es mal visto y se prohibió porque se respetan sus propiedades como dañinas para el ser humano bajo este propósito, traen muerte y locura. Cuando su uso es combatir algo más, entonces se agrega la dimensión del espíritu de la naturaleza que ayuda al humano a alcanzar algo sagrado.

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