Personajes

Fanny Rabel: La muralista camaleón

Aleksandra Wołkowicz escribe la andanza de Fanny Rabinovich convirtiéndose en Fanny Rabel. Una de las muralistas mexicanas, integrante de ‘Los Fridos’, que se adaptó a todo país que pisó y que terminó por amar México.

| Por: Gaby Méndez.
|Imagen de portada: Fotografía de Fanny Rabel tomada de Enlace judío.

Su nombre fue Fanny Rabinovich Duval, y más allá de su fallecimiento en el 2008 aquel fue su nombre sólo por un tiempo en su vida. Después se autodefiniría como Fanny Rabel, dibujante, grabadora, pintora y muralista mexicana. La artista nace en 1922 en Polonia, bajo el seno de una familia judía que la llevó a vivir en más de un país. Rabel escribió al respecto que “Si algo hay tradicional entre los judíos, es el judío errante, el viajero que va desde un país a otro. […] va formando grupos en el lugar donde llega. Eso debe ser un resto de defensa, de protección.” Y así fue su infancia. De errante y desarraigo. Se reconocía como doble emigrante, y fue gracias a aquello que se mantenía a salvo de lo que en Europa se anunciaba. 

Sus padres eran actores ambulantes, por lo que pasó su infancia jugando en trenes y tras bastidores; su casa era un camaleón que se vestía para la función que su familia estaba por ofrecer. Fanny admite que en aquella época no sabía si eran proletarios, burgueses, ricos o lo que fuese pues de todas maneras eso no importaba, porque para ella y su hermana, Malkah, todo sitio nuevo era suyo sin importar que estuviesen ahí un día, meses o años. Todo lugar le pertenecía. Desde el kínder en Chernobyl hasta los parques Franceses.

Imagen: Fanny Rabel.

La primera revelación que le ofreció el arte fue en París. A sus 9 años su padre le dió un cuadernillo de dibujos con caricaturas que se mofaban del régimen nazi, también ahí ve por primera vez a un grupo de judíos refugiados que vendían todo lo que les quedaba en una calle cualquiera. Ambos eventos le convencieron que la pintura debe reflejar los problemas del hombre. Temática que le inundaría en su trayectoria y así empezó a dibujar. Donde podía y cuando podía. Si veía juguetes que le gustaría tener y no podía, los dibujaba. Ahora todo lo pertenecía; y así se hizo de países enteros. 

Rabinovich llegó en un barco a México con sólo 14 años de edad. En sus viajes por Europa siempre se había sentido inferior, aunque hubiese personas que la reconocían como francesa cuando estaba ahí o alemana cuando se movía por ahí. Pero siempre sintió que se había convertido en el oprimido, el vulnerable, el que siempre estaba de más, y de ello surgen varios temas que diera pie a su poética posterior. Así que cuando llega a México le preocupaban todos los nuevos retos que debía enfrentar, sobre todo encarar un idioma nuevo. Sin embargo, toda incertidumbre se esfuma cuando es recibida con calidez. México se convertiría en el país que la abrazaría con cariño, como ha ocurrido con otros artistas que profesaron su amor por este lugar. En aquel entonces Fanny ya quería dedicarse a la pintura, pero la situación económica de su familia le obliga a trabajar como obrera, lo cual le ofreció una visión de primera mano de la clase más desfavorecida. La adolescente decide que al terminar sus labores podía asistir a la Escuela Nocturna de Arte para Trabajadores y así lo hizo.

Imagen: Fanny Rabel, INAH.

En 1942 ingresa a “La Esmeralda”, escuela de pintura y cultura que estaba abierta a todo público, principalmente obreros y campesinos. En 1943 la escuela es aprobada por la Secretaría de Educación Pública como una Escuela de Artes. Es entonces que Fanny se convierte en estudiante de grandes exponentes como Raúl Anguiano, Carlos Orozco Romero, Fina Kahlo, etc. Rabinovich pasó a ser considerada parte del grupo “Los Fridos” por ser de los aprendices más allegados a Frida Kahlo, a quien llamaban La maestra. Ella les permitía dibujar con plena libertad, les daba sugerencias y practicaba a su lado. Pero por más cercanos que fueran los miembros del grupo a su instructora, cada uno desarrolló un estilo propio con profunda pasión por lo popular y cotidiano. Con un sello mexicano, a pesar de sus raíces europeas.

Frida Kahlo dijo en la primera exposición individual de Fanny que su obra es como su vida, con enorme valor, inteligencia y sensibilidad. Declaró que poseía todo el amor y alegría que le dan sus 20 años de edad. La maestra observó en aquella expresión plástica la preocupación profunda por los problemas sociales, de clase. En la producción artística de Rabinovich se llegó a vislumbrar la persecución religiosa que sufrió, pero no fue su tema trascendental. En una entrevista menciona que es debido a que no podía pintar temas judíos cuando frente a ella transcurría un tremendo drama de la vida en México. Para ella este país poseía una belleza que le desbordaba por lo que le resultaba imposible ignorar todo esto que penetraba sus ojos. Ojos que son el arma fundamental perceptiva del pintor.

Imagen: Casasola.

Y así Rabinonovich cambia su apellido a Rabel, aquello fue un momento simbólico que pretendía afianzar su identidad en algo más mexicano. Posiblemente derivado de la influencia de Kahlo, que al igual que ella, cambió su nombre alemán Frieda por Frida. Aun después de este evento, Fanny siempre se vio como judía, pero sin la dimensión que le obligaba a un viaje eterno. ¿La migrante? La mexicana. 

Siguiendo el consejo de Frida Kahlo, Rabel se convierte en aprendiz de David Alfaro Siqueiros desarrollando habilidad para la creación de murales. En 1943 “Los Fridos” decoran la pulquería “La Rosita”, que se ubicaba en Coyoacán. Más tarde, en 1952 se realiza un nuevo fresco en el mismo lugar para celebrar el santo de Diego Rivera. Ambos fueron grandes eventos, en un principio porque el gobierno había prohibido pintar en pulquerías, para que no fuesen llamativas, Frida Kahlo fue quien consigue el permiso y ahora es totalmente legal la decoración con murales en este tipo de establecimientos. El segundo fue un mural que retrataba a la amistades de los artistas. Actualmente esta pulquería no existe más, fue demolida en 1970 y ahora es un predio particular.

Imagen: Fanny Rabel.

A partir de aquello Fanny Rabel se transforma en una exponente del muralismo mexicano, con obra en el Pabellón de la Revolución Mexicana, en el Hospital infantil de México, en el Museo Nacional de Antropología e Historia, etc. La sociedad machista en que las artistas se desenvuelven no les permite ser reconocidas como su obra lo exigiría. Shifra Goldman establece en su investigación artística que, entre 1905 y 1969, de 289 muralistas activos en México, sólo 11 eran mujeres, por lo que es un hecho que en el muralismo es todo un logro que Rabel haya alcanzado el reconocimiento que su arte pedía a gritos. 

Sin embargo la producción artística de Fanny Rabel no fue sólo en mural, en su obra de formato pequeño, retrató la inocencia, ternura y curiosidad en niños y mujeres; también abordó el miedo y tristeza con un fuerte golpe de denuncia social. Pues le parecía pertinente señalar la crueldad e injusticia que sufrían los desprotegidos, sobretodo niños. Ha plasmado la masa asfixiada, la pesadumbres de la carencia, la prisión fuera del “buen vivir”.  Su imagen nos ha contado que los indefensos son los sacrificados para el “progreso”, al final la pintora mexicana buscaba con, melancolía y crudeza, incitar a una reflexión para impulsar el cambio social. De hecho Fanny Rabel es considerada parte de la “Escuela Mexicana”, a diferencia de Remedios Varo, Leonora Carrington o Alice Rahon, exponentes que vivieron y crearon en México. Fanny Rabel logra entrar en esta corriente por su círculo cercano, por su educación artística y su visión de la sociedad mexicana. Sociedad en que se adentró tanto, que se unió a su entorno. 

Wołkowicz, A. Fanny Rabel-Una mexicana por convicción. Polacos en América Latina, 52.

Mejía-Martínez, M. A. (2015). Fanny Rabel. Pintar la soledad. La Colmena, (88), 93-99.


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