Cultura

En el Templo Mayor: Tláloc y los tlaloque

En el Templo Mayor se daba el culto a Tláloc y por lo tanto a los tlaloque, esperando que las lluvias y cosechas fueran buenas se realizaban sacrificios humanos en su nombre.

| Por: Gaby Méndez.
| Imagen de portada: Tláloc en templo en cumbre de cerro de Códice Borbónico.

El Templo Mayor era sagrado por ser un cerro que cubría las fuentes de agua primordiales y la pirámide era el punto en que convergen las cuatro calzadas de la ciudad. Se consideraba que en él se desarrollaba el poder sobrenatural, por lo que los distintos ritos que se suscitaban en el lugar eran la expresión de la ideología y las reglas entre el pueblo mexica, participaban en grupos con dos objetivos primordiales. El primero era el uso de ceremonias ligadas a las actividades económicas y la otra dimensión era la de observar la naturaleza.

Era importante comprender los fenómenos naturales para que mediante los ritos se le pidiese a las deidades cierto comportamiento. La observación de la naturaleza se centraba en tres ejes primordiales: el curso de los astros, los cambios climatológicos y los ciclos agrícolas. Al ser una sociedad con la agricultura como principal sustento, la lluvia era de sus mayores preocupaciones. Los extremos afectarían su vida sobremanera; sin lluvia todo se secaría, con demasiada podría ser peligroso. Por ello es que controlar las lluvias se convirtió en pilar de la religión. El Templo Mayor es un templo doble, un lado está dedicado a Huitzilopochtli y el otro a Tláloc.

Imagen: Templo Mayor, Tláloc a la izquierda y a la derecha, Huitzilopochtli. El Tzompantli, altar recubierto de calaveras humanas.

Tláloc, dios de la lluvia, es una de las primeras deidades que se adoraron en la historia de Mesoamérica. Existen diversos murales y esculturas, así como símbolos que le representan dentro del Templo Mayor. En las excavaciones se han encontrado diversas ofrendas, entre las figuras que se han registrado está la rana, que se supone sagrada pues se creía que podía conjurar la lluvia. También se encontró un Chac Mool, algunos investigadores creen que sobre su vientre se vertía pulque, mientras que otros aseguran que se llenaba de distintas semillas que representasen todo el alimento; pero en lo que coinciden es que el rito se acompañaba de sacrificios de niños.

Uno de los osarios que se ha excavado contaba con 30 cráneos y huesos de niños. El sacrificio tenía como principal objetivo que lloviera entre febrero y abril, época que se consideraba de sequía, de igual forma se pretendía que no hubiese ningún tipo de destrucción por agua. Los niños que morían representaban a los tlaloque, seres pequeños que servían a Tláloc y vivían en los cerros, se creía que ellos eran quienes enviaban a las nubes desde lo más alto de los cerros y que hacían sonar los truenos durante las tormentas al golpear vasijas. Otra de sus funciones era evitar que el cielo se desplomase, eran un símbolo de regeneración. Los sacrificios se hacían en los cerros de la Cuenca de México y en el medio de la laguna.

Imagen: Cerro de Coatepec en Códice Tovar. INAH.

Es importante hacer la distinción entre tlaloque y Tlaloque, el primero habla de los innumerables servidores de Tláloc, mientras que el segundo refiere a las 4 formas que tomaba Tláloc en los cuatro puntos cardinales. El mito que, de acuerdo con el Códice Chimalpoca, da inicio a los sacrificios de infantes cuenta que Huémac, gobernante de Tula, jugó con los tlaloque a la pelota, al ganarles exige joyas en lugar del maíz que ofrecían. Cabe mencionar que lo Tlaloque eran los dueños del maíz y de todos los alimentos, el maíz blanco, morado, amarillo y rojo alguna vez fueron robados por los hombres. Los pequeños deciden irse ofendidos junto con la lluvia y el maíz, iniciando así una sequía. Huémac no había entendido que las joyas verdaderas eran el maíz, este era la verdadera piedra preciosa que simbolizaba su poder político como tlatoani. Tras pasar cuatro años llenos de hambruna y sequía, los tlaloque volvieron exigiendo el sacrificio de la hija del tlatoani de Tlatelolco, Tozcuecuex. La niña Quetzalxoch termina siendo inmolada en la laguna de Pantitlán, tras cuatro días de ayuno. Con ello los tlaloque anuncian al tlatoani que la era tolteca terminaba y el periodo mexica se alzaría con el quinto sol. Llovió sin parar por cuatro días sin parar y la tierra se nutrió.  Este mito se usó para afianzar el poder mexica, dando al pueblo la idea de que con este nuevo poder político jamás sufrirían hambre.

Dentro del templo mayor se han encontrado diversas figurillas que tienen los rasgos típicos de Tláloc, como los círculos alrededor de los ojos. Estás ofrendas se consideran parte del culto a los tlaloque, las figurillas llevaban escrito en su espalda los nombres de los cerros del Valle de México, al igual que los niños que eran sacrificados.

Fotografía: Tlaloque en Templo Mayor

Para los meses de mayo y junio, se adoraba a Tláloc para que permitiese que brotara la cosecha. En octubre y diciembre se hacían celebraciones entorno a los cerros, donde la gente hacía imágenes con masa, conocidas como tepeme. Se elaboraron teniendo en mente a los difuntos que murieron bajo la mano de Tláloc (ahogados, alcanzados por rayos o alguna enfermedad de la piel).

Para finalizar recapitulemos un par de puntos clave, en el culto a Tláloc encontrar el número 4 es una constante. Se debe principalmente por los cuatro puntos cardinales, lo mismos que convergen en el Templo Mayor. Tláloc en su origen se encontraba en los cerros, dentro de ellos se decía que guardaba todas las semillas y frutos. Por ello se creía que los tlaloque seguían ahí y los sacrificios se daban en lo más alto de ellos; de igual forma el Templo Mayor es una representación del cerro de Coatepec, (siendo un templo doble) por los mitos que ya mencionamos de Tláloc y por el mito de Huitzilopochtli que podemos mencionar después.

Imagen: Tláloc en templo en cumbre de cerro de Códice Borbónico.

Fuentes:

Díaz, A. El sacrificio de infantes como medio de regeneración del ciclo anual entre los mexica. Estudios Mesoamericanos UNAM Vol.2 Núm. 13 (2012)

Broda, J. El culto mexica de los cerros y el agua.Multidisciplina UNAM. (1982)

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