Cultura

En el cielo prehispánico: fenómenos astronómicos

Cuando los habitantes del antiguo México miraban el cielo veían dioses, vida o muerte. Sus construcciones y ciudades fueron alzadas para coincidir con el mensaje que los astros daban.

| Por: Gaby Méndez.
| Fotografía de portada: Max Bohme.

­Desde el inicio de la humanidad, el cielo ha sido un móvil central de la curiosidad. El cielo ha sido considerado desde los pueblos antiguos como una zona divina, su observación y estudio ha repercutido directamente en distintas prácticas culturales. La Astronomía en el México antiguo se ha podido estudiar gracias a los vestigios en la cerámica, la pintura mural, los códices y la arquitectura.  El investigador Jesús Galindo Trejo ha recopilado lo fundamental de la astronomía prehispánica en México, en donde se puede leer cómo lo que se observaba en el cielo contaba con la habilidad de empoderamiento, tanto religioso como político, era el cielo el que dictaba el significado y los pobladores antiguos lo interpretaban y actuaban acorde.

Tras la observación de los astros, se crea un calendario que regiría en Mesoamérica por varios milenios, este había sido un regalo divino que serviría para acomodar el tiempo, pero también el espacio, pues las estructuras que se alzarían en la tierra serían orientadas para que en determinadas fechas el sol, la luna, las estrellas, etc. tuvieran una interacción más directa. Inclusive el cielo podía ser responsable de la fundación de ciudades enteras. Ejemplo de ello es México-Tenochtitlan, que se ha sostenido, que fue nombrada por los tenochcas al llegar a la señal prometida de un águila sobre un nopal. Su nombramiento como México de Metztli (luna), xitli (centro) y co (lugar), suele manejarse debido a que el águila del mito fue encontrada en medio de un cuerpo de poca agua que dejó ver a los viajeros todo el cielo reflejado sobre aquella superficie, resultando en una bella ilusión óptica de que aquello se encontraba en el centro de la Luna. Y así la capital fue construida y nombrada.

Fotografía: Altinay Dinc.

Los astros eran tratados como deidades, el Sol era fundamental, ya que era el más brillante y el más fácil de seguir al moverse. El Sol era la deidad de los panteones mesoamericanos, porque se le atribuía la capacidad de dar calor y representante de las transiciones; se le llamó Tonatiuh y su representación más importante está en el centro de la Piedra del Sol.  Por toda la significación que se le daba al astro es que los observadores llevaban registro de cada eclipse de Sol, a este fenómeno le solían llamar “mordida de Sol” o “Sol enfermo” dependiendo del idioma. En algunos códices los eclipses se representan con una serpiente emplumada a punto de devorar al sol.

La Luna, por su parte, fue llamada Tecuciztecatl por los mexicas e Ixchel por los mayas. La luna solía ser representada por el conejo o diversos elementos acuáticos. Uno de los pueblos que tomó a la Luna como su deidad principal fue el otomí, por lo que una de sus ciudades principales fue nombrada como Metzititlán. Las observaciones del cielo también permitieron que los mesoamericanos vieran el planeta Venus, reconocido como “la gran estrella”. En el códice Dresden aparecen deidades asociadas a Venus atacando a personas y animales, en otros códices (el Borgia y el Vaticano) se registra las estaciones por las que pasa el planeta. En Tenochtitlan existió Ilhuicatitlan, un templo dedicado a Venus. Se le solía atribuir a Quetzalcóatl cuando se le veía por la mañana y al atardecer se le identificaba como Xolotl.

Imagen: Diosa Maya Ixchel con conejo 1988 en Museo de Boston.

Otro fenómeno que se registró fueron los cometas, que fueron conocidos como “estrellas humeantes” (en náhuatl Citlalin Popoca). En los diversos códices se registra como una influencia maligna, ya que se pensaba que traían la muerte de algún príncipe o rey. En 1531 aparece el cometa Halley y ocurre un eclipse solar, esto se registra en diversos códices, como si estos hubiesen pasado al mismo tiempo, pero en realidad sólo coincidieron en el mismo año. En 1531 se termina la conquista de los cacicazgos de Jalisco y el 12 de diciembre de ese mismo año Juan Diego dice haber visto a la Virgen de Guadalupe. Tras la conquista religiosa, es hasta 1910 cuando se registra en etnografías la creencia de varios pueblos mexicanos de que los cometas traen muerte, ya que el estallido de la Revolución Mexicana había coincidido con el paso del cometa Halley. Todo cometa era registrado y las distintas investigaciones al respecto han concluido que fue en Tecamachalco (Anales de Tecamachalco de Antonio Peñafiel Barranco) donde se registraron por primera vez las observaciones de los cometas de 1569 a 1580.

En Mesoamérica también se agruparon estrellas y se les asignaron imágenes de distintas deidades, objetos y animales. Pero esto no fue consensuado, cada región tenía sus propias constelaciones. Los mayas veían una tortuga con tres estrellas en su caparazón en Orión. A las Pléyades o Las siete hermanas (cúmulo estelar) se les conocía como Tianquiztli (mercado) por los mexicas, mientras que en el Popol Vuh (libro maya) las conocían como Motz (montón) y se creía que Kukulkán había tomado el alma de 400 guerreros y les había puesto en el cielo.

Fotografía: Daniel Weiss.

En cuanto a La Vía Láctea, los mexicas la llamaban Mixcoatl (serpiente de nubes), mientras que los mayas le llamaban Itzamná, que era un gran monstruo, pero algunas veces por la perspectiva de luz y nubes llegaban a considerarla una Ceiba. La Ceiba es el árbol que sostiene el mundo, se creía que desde el centro del mundo este árbol gigante crecía con raíces que iban desde el inframundo y con una copa que alcanzaba el cielo. Solía considerarse un símbolo de fertilidad. Otros fenómenos astronómicos que se han documentado son las explosiones de supernovas que coincide con registros de otras culturas como la china. También estrellas fugaces y meteoritos, que siempre se asociaron con heridas en los animales. Las auroras boreales, sí se registraron y fueron nombradas Mixpamitl (bandera de nubes).

Todos los fenómenos que los antiguos pobladores de Mesoamérica registraron ordenaban la cultura, los edificios se construían para alinearse con los solsticios y equinoccios, pero en los rituales parece que un elemento que resultaba de suma importancia era el de el sol alcanzando el cenit. Cuando los objetos o personas no tenían sombra, esto sucedía en dos momentos del año; en Tenochtitlan era del 17 de mayo al 26 de julio, mientras que en Monte Albánera era del 8 de mayo al 5 de agosto. Otro elemento cultural determinado por el cielo fue el juego de pelota o Tlachtli, que tenía una serie de connotaciones astronómicas, la pelota representaba el sol y la luna el aro en donde se debe pasar la pelota; y los sacrificios de este juego tenían el propósito de mantener el sol brillando.

Imagen: Mesoamerican Ballgame por Flavio Bolla.

Culminemos trayendo a colación el hecho de que aquellos que estudiaban el cielo eran los sacerdotes prehispánicos, ellos eran aquellos que daban valor a las construcciones, daban un valor ritual a cada belleza arquitectónica, así lograban la armonía entre el tiempo y el espacio. Actualmente la Astronomía pretende expandir la perspectiva del hombre en el Universo; los descubrimientos de hoy no portan el significado que daba en el México antiguo y la esencia de las construcciones más importantes en el país no ve hacia al cielo para su disposición, sin embargo, los vestigios culturales permiten escuchar los ecos del pasado que nos da identidad.

Fuentes:

Galindo, J. La Astronomía prehispánica en México. Anuario Astronómico del Observatorio de Madrid. 2006

Ulrich, K. Meteors and comets in ancient Mexico. Universidad de Freiburg. 2002

Marion, M. Bajo la sombre de la gran ceiba: la cosmovisión de los lacandones. Desacatos no.5: México. 2000

Descarga en Descarga en