Historia

El poeta prehispánico

A 617 años de su natalicio recordamos a una de las figuras más importantes de nuestra historia.

| Por: Alan Rosas.
| Fotografía de portada: México Desconocido.

El 28 de abril de 1402, el señor de los chichimecas y rey de Texcoco, Ixtlilxóchitl y la princesa mexica, Matlalcihuatzin, recibían un hijo al cual le dieron el nombre de Acolmiztli, que significa “felino fuerte”, un nombre que eligieron para demostrar que, debido a su linaje, el chico no tendría nada que desear. Sin embargo las circunstancias que rodearon la juventud de Acolmiztli y la muerte de su padre lo llevaron a adoptar un nuevo nombre cuyo significado era “coyote hambriento”: Nezahualcóyotl.

El coyote se vio forzado a vivir en el exilio tras el asesinato de su padre a manos del rey Tezozomoc, líder del reino de Azcapotzalco. Durante este tiempo, habitó en la ciudad de Tenochtitlán donde tenía familiares con puestos importantes en la política, esto permitió que Nezahualcóyotl pudiera educarse en guerra, artes y ciencia, conocimientos que le servirían para retomar el reino que le habían negado.

Gracias a su habilidad diplomática, sus conocimientos de guerra y su deseo de venganza, Nezahualcóyotl logró formar una coalición con algunas de las ciudades más grandes de ese entonces, como: Tenochtitlán, Tlatelolco, Tlacopan, Tlaxcala y Chalco, para lanzar una contienda contra el reino de Azcapotzalco.

Fue hasta el año de 1429, después de una larga guerra, que Nezahualcóyotl regresó a Texcoco para tomar el trono que le habían arrebatado años atrás. Así inició el reinado de una de las figuras más importantes del México prehispánico.

Si bien era un gran estratega y  un formidable guerrero, también tenía un interés muy marcado por las artes, incluso tenía un grupo de seguidores llamados tlamatini (“los hombres sabios”), hombres dedicados a la filosofía, la música, la escultura y la poesía. Ésta última disciplina era la que más lo atraía y practicaba.

En los poemas de Nezahualcóyotl se puede percibir su formación intelectual, su gran respeto por la naturaleza, su percepción sobre los acontecimientos de su época y su escepticismo religioso. Su obra literaria lo ha convertido en el sujeto de estudio de intelectuales y en una referencia de la poesía en náhuatl. Una lírica que ha perdurado por generaciones y que mantiene viva la memoria de este rey de Texcoco.

“¿A dónde iremos

donde la muerte no exista?

Más, ¿por esto viviré llorando?

Que tu corazón se enderece:

aquí nadie vivirá para siempre.

Aún los príncipes a morir vinieron,

los bultos funerarios se queman.

Que tu corazón se enderece:

aquí nadie vivirá para siempre.”

Descarga en Descarga en