Cine

El Faro: terror de antaño

Una cinta que nos recuerda que a veces es mejor la ambigüedad y la incertidumbre para causar tensión en el espectador.

| Por: Alan Rosas.
| Imágenes: El Faro de Robert Eggers.

El más reciente filme del director estadounidense, Robert Eggers nos presenta un viaje hacia la locura y los efectos de la soledad en un thriller psicológico que, si bien no es para los amantes de un trama que responde a todas las preguntas, logra mantener el interés del espectador hasta el final.

El Faro inicia con Thomas Wake y Ephraim Winslow en su llegada a una alejada isla para hacerse cargo de la luz durante todo un mes. No pasa mucho tiempo antes de que empiece una pequeña batalla de poderes entre ambos hombres, con Wake molestando a su nuevo subordinado e indagando sobre su pasado, y Winslow tratando de sólo hacer su trabajo, conseguir su pago y olvidarse del lugar.

Conforme avanza el mes, las tensiones entre los hombres van incrementando. Wake, un viejo perro de mar, atormenta a Winslow con historias sobre su antiguo ayudante y leyendas sobre lo que se encuentra en las aguas, mientras éste comienza a tener extrañas y perturbadoras visiones que nos hacen recordar la literatura de Edgar Allan Poe o H.P. Lovecraft.

De lo primero que debemos hablar son las actuaciones. Willem Dafoe y Robert Pattinson logran cargar con un gran éxito el peso de la película, pues ambas actuaciones son muy bien logradas, con un mérito especial a Dafoe quien encaja perfectamente en el marco histórico del filme, pues en verdad crees que se trata de un marinero de los 1890. Las constantes peleas y discusiones entre ambos son muy entretenidas de ver y nos permiten conocer más sobre la personalidad y el trasfondo de los personajes.

Aunado a las actuaciones, el guión de Eggers se nota elaborado con un gran cuidado por el uso del lenguaje, pues se utilizan expresiones y palabras características de la época en la que se desarrolla la historia, además de que cuenta con escenas en las que la forma en la que los personajes dicen sus líneas da la impresión de que estuvieran recitando poesía, particularmente una escena en la que Wake parece estar incitando una maldición sobre Winslow.

El trabajo de cámara merece su reciente nominación a los premios óscar pues no sólo es capaz de transportarnos a los inicios del cine con su relación de aspecto cuadrado, también logra dar una sensación de claustrofobia para ponernos en el mismo estado mental que los protagonistas, y en ocasiones, puede causar la impresión en el espectador de que está viendo una pintura. Algunos ejemplos de esto son las escenas en las que los protagonistas están cenando o una escena particular casi al final de la cinta que nos recuerda a una obra del artista Sascha Schneider.

Con El Faro, Eggers demuestra que para hacer una buena cinta de terror no es necesario depender de los jumpscares, sino que es mejor ir plantando poco a poco ideas en la mente del espectador, con pequeños fragmentos de diálogo o pistas visuales que después culminan en extrañas visiones que no sabemos si pueden ser causadas por un descenso hacia la locura o si se trata de una maldición que el mismo Neptuno ha puesto sobre la isla y sus ocupantes. También quiero hacer una mención especial para el audio, que con el constante sonido de la alarma del faro no nos permite estar ni un momento tranquilos.

La película es como el epónimo faro, no sabemos exactamente por qué pero no podemos retirar la vista de la pantalla y nos vamos adentrando más y más en su luz. No sabemos con exactitud qué es lo que acabamos de ver y es precisamente esto lo que nos hace querer quedarnos hasta el final de este tormentoso trayecto, queremos darle sentido a las tenebrosas imágenes que hemos visto y a las historias que Wake insiste en contar. Aunque al final no hay respuestas claras, es esa ambigüedad la que cimenta a El Faro como una película que resistirá el paso del tiempo y la cual veremos una y otra vez con una nueva interpretación para cada ocasión.

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