Historia

El encanto multifacético de la Roma

El origen, los cambios y el renacimiento de una de las colonias más emblemáticas de nuestra ciudad.

| Por: Alan Rosas.

Por años la colonia Roma ha captado la atención  de los habitantes de la ciudad, así como de diferentes artistas: Luis Buñuel la utilizó como locación para su cinta, “Los Olvidados”; José Emilio Pacheco la retrató en “Batallas en el desierto”; Remedios Varo y Leonora Carrington decidieron hacerla su hogar, y recientemente, Alfonso Cuarón nos mostró una ventana hacia la Roma de su infancia. ¿Qué tiene esta colonia que resulta tan atractivo? quizás la respuesta puede estar en su origen y en los cambios que la han llevado a su situación actual.  

Su historia se remonta hasta 1903, cuando Walter Orrin, dueño de un circo que llevaba su apellido, decidió invertir su fortuna en la construcción de una nueva y hermosa colonia destinada a la clase alta mexicana. Incluso se rumora que los nombres de sus calles salieron de los lugares en donde se estableció el Circo Orrin y recibió el mayor número de aplausos. Puede ser que este origen haya marcado a la Roma como una colonia para aquellos con inclinaciones artísticas.

Imagen: México Desconocido.

Su desarrollo fue tan importante que incluso Porfirio Díaz hizo mención a ella durante el mensaje presidencial de ese año pues estaba sumamente orgulloso de que una de las colonias de la ciudad pudiese competir con las ciudades europeas y norteamericanas en su aparente modernidad, funcionalidad y prosperidad.

La construcción de la colonia se dio en los extensos terrenos de la ex-hacienda la Condesa, perteneciente a los hermanos Escandón, patrocinada principalmente por dos compañías: “Condesa S.A.” y “Terrenos de la Calzada de Chapultepec, S.A.”, en la cual Orrin figuraba como uno de los principales accionistas. Ambas compañías invirtieron una gran cantidad de dinero en su construcción, mismo que se les fue devuelto debido a una ley de aquella época que obligaba al gobierno de la ciudad a devolver todo el dinero invertido en la urbanización de las colonias.

Imagen: Más por más.

Las grandes avenidas con árboles, las plazas con jardín y los grandes edificios de arquitectura Art Nouveau mostraban el gusto por lo francés característico del porfiriato. En sus inicios había grandes mansiones, solicitadas por las familias más acaudaladas de la ciudad, pero también hubo cabida para quienes no tenían tanto capital y dependían de los créditos otorgados por los bancos o las compañías constructoras, es por ello que en su infancia, la Roma contaba con una población más heterogénea que sus vecinas.

Con el fin de la revolución, el estatus de los habitantes de la Roma cambiaría, pues ahí comenzaron a asentarse los revolucionarios. Personajes como Álvaro Obregón, Aarón Sáenz y Pedro Lascuraín se asentaron en la colonia donde comenzaron a refinar sus gustos y adoptaron las costumbres de los vecinos adinerados que aún habitaban la zona.

Imagen: México Desconocido.

La llegada de los años veinte propiciaron la expansión de la colonia con nuevos edificios de estilo neo colonial y la construcción de lugares icónicos como la escuela Benito Juárez, también conocida como la “secundaria de los presidentes” debido a que contó con Luis Echeverría y José López Portillo entre su alumnado, y el templo de la Sagrada Familia. Edificaciones que atraían a personas de diferentes puntos de la ciudad, algo que cimentó a la Roma como una colonia de “ricos”, pero también como una colonia abierta y accesible. 

La zona sur fue la última en poblarse y en ella comenzaron a destacar las construcciones con el estilo art decó, principalmente edificios de departamentos que acogían inquilinos de distintas partes del territorio mexicano y de otros países. La Roma se convirtió en un refugio para los extranjeros y exiliados que debieron huir de su hogar por diversas situaciones, como el ascenso del nazismo en Europa. Esta mezcla de culturas aún puede sentirse en la colonia después de tantos años, sobre todo en algunos cafés y librerías de viejo.

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El paso del tiempo trajo varios cambios, desde el éxodo de la clase adinerada en los años treinta, la turbulencia de las rentas congeladas durante los cuarenta, la construcción del metro en los sesenta y su crucifixión por los ejes viales en los setenta la transformaron cada vez más en un espacio multifacético con habitantes de diferentes nacionalidades y estratos sociales, desde temidas pandillas hasta comerciantes, literatos y artistas.

Desafortunadamente, la Roma estuvo entre las zonas más afectadas por el sismo del 19 de septiembre de 1985. Con un gran número de edificios dañados o colapsados, los vecinos comenzaron a huir debido al miedo de sufrir otro movimiento telúrico, esto aunado a la falta de iluminación por los estragos en el sistema eléctrico, así como el incremento en el número de asaltos provocó que la colonia fuera considerada durante años como un lugar inseguro.

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A pesar de los tiempos difíciles ha podido renacer y actualmente es una de las colonias más culturales de la ciudad. Caminar por la plaza Río de Janeiro, disfrutar de una comida alrededor de la Plaza Luis Cabrera o maravillarnos con las muestras de arte y la arquitectura de Casa Lamm son sólo algunas de las cosas que podemos disfrutar en ella.

Su arquitectura tan cambiante entre sus diferentes zonas tienen la capacidad de hacernos sentir en otras épocas u otros países. Aunque sin duda seguirán los cambios, la Roma aún conserva un encanto que nos inspira a conocerla y cuidarla para que pueda seguir siendo la musa de los artistas del mañana.

Fuente:

Historias de la Roma . Microhistoria de la Ciudad de México”. Manuel Perló Cohen.


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