Cultura

El arte plástico prehispánico: testimonios

Los informantes de Sahagún hablan de los artistas de la pluma, los pintores, los alfareros, los orfebres y plateros, siendo todos ellos predestinados a esta labor y con la capacidad de dialogar con sus propios corazones.

| Por: Gaby Méndez.
| Imagen de portada: Un Paseo por la Historia.

El arte que los antiguos pobladores dejaron siempre ha sido motivo de estudio, particularmente la escultura por su maravilloso abanico de posibilidades, desde estructuras colosales hasta piezas minúsculas. La realidad es que son pocos los textos indígenas que nos permiten entender el mensaje que su creación artística emitía. Miguel León-Portilla nos lleva a través de varios textos con testimonios de los tlamatinime, sabios y filósofos nahuas, para comprender qué es el arte náhuatl prehispánico.

Los indígenas más viejos a fines del S.XV sirvieron a Sahagún de informantes en torno al origen de la creación artística en Mesoamérica. En estas notas se habla de la toltecáyotl, las artes e ideales de los toltecas.  Al encontrarse los nahuas con una ciudad como Tula, se maravillaron con las columnas redondas con serpientes, las pirámides y muros estucados; también los restos de cerámica junto con collares y pulsera de piedras verdes, turquesas y esmeraldas. Los mexicas se vieron herederos de todo ello, pues los restos Toltecas les parecieron admirables y sobretodo hermosos. A partir de ello comenzaron a trabajar los mismos materiales.

Imagen: Pintado de plumas en Códice Florentino.

Los tlamatinime comunicaron que los toltecas eran considerados sabios porque eran capaces de dialogar con su propio corazón, por ello podían generar aquellas creaciones, inclusive la música que compusieron se veía como un canto maravilloso de la memoria cultural. Otros textos más apoyan la admiración de los mexicas por los toltecas, tanto así que en su lenguaje se genera la palabra toltécatl para significar “artista”; y el verdadero artista es aquel que saca todo de su corazón y deleita con calma.

Los sabios sostenían que para alcanzar el carácter artístico de los toltecas se debía estar predestinado a ello. El primer punto para identificar este “destino” era poseer una personalidad bien definida, es decir ser una persona decidida que pudiese reflexionar consigo mismo o en sus palabras “dialogar con su propio corazón”. Si no era de esta forma, era señalado como farsante.

El segundo punto era que naciese en una de las fechas señaladas como propicias para el arte. En el calendario se conocía como Ce Xóchitl que quiere decir “rosa del día último del mes”. Los hombres nacidos en estas fechas se consideraban alegres, ingeniosos y decididos. Por otra parte, la mujer se suponía tendría habilidades sobresalientes de costura, sin embargo, fácilmente podría caer en pobreza si se volcaba a viciar su cuerpo.

Imagen: La Filosofía Náhuatl estudiada en sus fuentes.

La clase social no era un impedimento para forjar un camino como artista nahua, los sabios consideraban que los nacidos en Ce Xóchitl vivirían con suma alegría mientras se abrazaran a su destino artístico. Si por el contrario a pesar de cumplir con el par de requisitos, despreciaba su destino, entonces sería una persona desdichada, petulante y necia.

Los artistas recibían una educación especial en las cuicacalli o Casas de canto. En las cuicacalli los maestros eran sumamente severos, pues recordemos que para ser artista se requiere tener una personalidad bien definida. Y en términos de los sabios, los artistas debían poseer un rostro y corazón firme como la piedra.

En Cantares mexicanos, recogidos por Sahagún, se lee que había reuniones de poetas, cantores y danzantes. En otros textos también se estipula que los artistas se reunían con sus pares de misma disciplina específica, por lo que podemos afirmar que las clases de artistas estaban definidas entre ellos, los informantes de Sahagún hablan de algunas de ellas. El primero es el artista de plumas o amantécatl, este tenía el objetivo de “humanizar el querer de la gente”. Su trabajo era la creación de penachos, abanicos, mantos, etc.

Imagen: Reproducción de mural de Tepantitla en Teotihuacán.

La labor de los amantécatl iniciaba desde la recolección de las plumas. Ellos decidían sobre los colores y orden de las plumas en su obra y si no lograban encontrar un color específico entonces lo creaban y aplicaban sobre las plumas. Los sabios tenían un ideal fuerte de cómo eran los artistas de las plumas, por lo que era fácil no alcanzar el significante amantécatl. Quienes fallaban eran los que sólo tomaban de la naturaleza, los que la devoraban sin encontrar un rostro en su labor y poseían un interior adormecido y por ende su obra no era más que algo echado a perder.

Otro tipo de artista fue el pintor, también llamado tlahcuilo. Ellos eran considerados de la élite, porque intervenían lugares sagrados e impregnaban el legado o historia de los dioses para que la sociedad pudiese entender mejor la religión. Los pintores conocían las diversas formas de escritura náhuatl y poseían un vasto conocimiento de la tradición, los simbolismos y la mitología.  Antes de iniciar su labor artística, el tlahcuilo debía dialogar con su corazón, cuando lo hacía se le conocía como yoltéotl (corazón endiosado) obteniendo una capacidad creadora fundamental para reflejar la religión de su pueblo.

Imagen: Códice Telleriano-Remensis

Los pintores eran quienes tenían la mayor habilidad para generar colores específicos, se creía que solamente ellos habían visto todos los colores posibles de las flores, sin embargo lo característico o tradicional era el uso de rojo y negro. En su ideal, los mejores pintores eran quienes podían trazar sombras y daban acabados perfectos.

Respecto a los alfareros se consideraba que debían de otorgar vida a las cosas. Los llamaban zuquichiuhqui que se podía interpretar como “el que enseña a mentir”, porque los alfareros enseñaban al barro a pretender o “mentir” acerca de lo que en realidad era. Por lo que la principal característica de un buen artista de barro era su capacidad para imitar la naturaleza, claro que para hacerlo antes debía de terminar de conocer su propio corazón y el corazón de lo que reproduciría.

Finalmente el otro tipo de artista era el orfebre y platero cuya máxima expresión de arte era alcanzar un hiperrealismo. Raspaban los metales para asemejar lo más posible las plumas de las aves, los caparazones de tortugas o las escamas de los peces. También trabajaban collares y demás adornos para las élites.

Imagen: Códice Florentino.

Una vez que alguien era reconocido por los tlamatinime (sabios y filósofos nahuas) como un artista, la gran mayoría comenzaría a celebrar las fiestas que honraba a las deidades protectoras del arte que se celebraba en el día 7 de la veintena tecuilhuitontli. Se hacían ofrendas para chicome Xóchitl y distintos ayunos en su honor, podían ser de 80, 40 o 20 días. Sus súplicas eran por ser tan diestros como los toltecas.  Reforzando así una vez más su sentir de herencia tolteca. Posiblemente el eje central del pensamiento nahua sobre el arte es que se requería de una reflexión y entendimiento profundo sobre lo que hay en la tierra, sobre la naturaleza, y sólo entonces también se podría expresar su simbolismo.

CE XÓCHITL. (s. f.). Arqueología Mexicana. Recuperado 1 de diciembre de 2020, de https://arqueologiamexicana.mx/calendarios/ce-xochitl-1-flor

León-Portilla, Miguel, La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes, 11a. edición,México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 2017,

Mamani, B. D., & Basualdo, R. R. Cantos y flores: la verdad de los tlamatinime.