Cultura

El arpa en la Huasteca: el mito y sus festividades

El arpa es un instrumento celestial con un mito de origen muy particular en la Huasteca, que además es usado en los dos grandes ciclos de festividades religiosas de la región.

| Por: Gaby Méndez.

A lo largo de su historia, las comunidades han mantenido innumerables festividades, algunas rituales, otras de alabanza. El arte siempre se liga a dichas fiestas, ya que la danza y la música confluyen en el abanico de las cosmovisiones indígenas. Las celebraciones impactan la vida diaria y unen a la comunidad, llevan la tradición a nuevas generaciones y así evitan la desaparición del espacio festivo. Debemos recordar que el sincretismo cultural del México actual permite que el horizonte del arte se expanda en nuestro país y la dinámica de pueblos indígenas se ha visto inspirada, retocada, influida e incluso salvaguardada debido a las influencia culturales externas. El arpa es uno de los instrumentos de cuerda que se concibe en la antigua Europa y a través de la colonización, se abre paso en América Latina para consolidarse como un instrumento de música tradicional en Paraguay, Perú, Venezuela, Chile, Colombia y México.  El arpa entre los nahuas está presente en los estados de Hidalgo y Veracruz, que serán nuestros protagonistas en esta ocasión, pero no debemos olvidar otras comunidades que se han apropiado de este sonido, como San Luis Potosí y Puebla, que cuentan con sones totonacas y danzas teenek.

Fotografía: María Eugenia Jurado.

Gonzalo Camacho, estudioso de las culturas musicales de México, nos regala una visión sobre la música en comunidades indígenas, con un enfoque en la región Huasteca del Nororiente de la república mexicana.  En la Huasteca, las nuevas formas de producción musical son parte de un proceso complejo de colonización material y espiritual, pues la evangelización de los indígenas se da con apoyo de la música, debido a la sutileza con la que este arte se adentra en la piel humana y así logra la apropiación de espacios y fechas sagradas. La música logra llevar la resignificación impuesta de la religión, que contienen lo ancestral de la comunidad indígena que se ve sobretodo hipnotizada por el sonido del arpa. El siglo XVII fue la época de oro del arpa en España, sus características tímbricas y morfológicas llevaron al imaginario hispánico a asociar al instrumento con los númenes celestiales. La música se torna en un contacto con el mundo sagrado, es un medio de oración. Poco a poco el arpa se cuela en la fila de los instrumentos prehispánicos al sonar en danzas indígenas y, aunado a la tercera raza, se reconfiguran los sistemas musicales.

El arpa en la región es diatónica de tipo barroco, de 24 cuerdas con bocas armónicas en formas de “efes”. Los nahuas de la Huasteca conciben este instrumento con un origen celestial. Los habitantes del lugar señalan que está escrito en la Biblia que El Rey David tocaba el arpa para que sus borreguitos bailasen y que posteriormente es el hijo del Rey David quien lleva las danzas con arpa a la Huasteca. También se atribuye a Santa Cecilia el llevar el instrumento a la región y se le da el título de patrona de los músicos. Un mito más cuenta que un hombre escuchó en las lejanías una bella melodía, era la música más hermosa que había oído y por ello fue a buscar su origen. El hombre trataba de acercarse al sonido, pero este siempre cambiaba de lugar, una y otra vez lo sentía cerca de él, pero jamás lo alcanzaba. Después de ayunar siete días logra conocer a el Rey David, que era el músico que tocaba el arpa. En su presencia, el hombre pide que mate a un animal que está destrozando las milpas. El Rey David acepta el encargo y deja su arpa al hombre para que él la toque en su ausencia. Así fue como el humano aprende a tocar el instrumento divino.

Fotografía: Museo Arqueológico Nacional de Cividale.

Las prácticas relacionadas al arpa en la Huasteca se dan durante dos grandes ciclos festivos: el agrícola y el de vida. Cada ciclo cuenta con su propio perfil emocional que se ve reflejado en su dotación instrumental. La ausencia de música solamente se procura en Semana Santa y así se define su esencia. Cada espacio y fecha sagrada tiene su propio ambiente sonoro y podemos identificar la festividad al escucharla. En las festividades de ciclo de vida el arpa está presente en ceremonias fúnebres, los músicos tocan toda la noche y de hecho sólo puede sonar la música de arpa debido a que las danzas en este ciclo cuentan con una cruz. En el ciclo agrícola se encuentran las Fiestas Patronales, la Semana Santa y el Xantolo. A lo largo de las fiestas se tocan diferentes sones, que se acompañan de una danza particular y de significado específico.

Fotografía: Karen Hollingsworth.

Ejemplo de esto es el son del Tordo. El Tordo (zanate) es un ave de la región, que se ve con dualidad. Por una parte, es el padre del maíz (mito de la región) y a su vez es capaz de dejar a la comunidad sin alimento pues se come al maíz directo de la milpa. Los bailarines del son simulan movimientos de ave y los arperos dan vida al cielo. En todas las festividades, el arpa exalta emociones y provee una estética religiosa. En el Xantolo, fiesta de día de muertos en la Huasteca, se toca el arpa frente a la ofrenda o altar para la danza de Moctezuma y así se da la bienvenida a las almas de aquellos niños que han muerto.  Frumecio Hernández, constructor de instrumentos de la región, agrega que cualquier instrumento se puede elaborar en cualquier momento, mientras que el arpa se debe construir en días específicos de la semana y se requiere un ayuno previo de siete días para iniciar su elaboración.

La música es una forma de apropiación natural y social, en ella se ve reflejada la cultura y se abre paso como determinante en la historia de una comunidad. Estas estructuras sonoras evocan imágenes, mitos y símbolos transformándose en conocimientos que permiten la preservación de los núcleos básicos de una región. La música de arpa contiene en sí un universo simbólico, emocional y cognitivo que no ve distinción entre razón y sentimiento. Es vehículo emocional, y portador de sincretismo cultural que proyecta pasión y cultura.