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EDGAR ANAYA: LA CIUDAD ES UN ALEBRIJE

El periodista cultural se ha dedicado a explorar la cara oculta de la urbe, figura majestuosa y temible repleta de incontables secretos.

| Por: Karla Ceceña.

La Ciudad de México y sus infinitos rostros pueden provocarnos múltiples sensaciones. A pesar de vivir entre contrastes hay habitantes que aman cada aspecto de la urbe e incluso van más allá de lo cotidiano para descubrir una cara menos familiar. Edgar Anaya conoció la ciudad gracias a sus padres, quienes lo paseaban por paisajes diversos como el Castillo de Chapultepec, los Dinamos o incluso localidades cercanas a la metrópolis durante toda su infancia.

“Una fortuna que uno puede tener de niño es que lo saquen a pasear porque inevitablemente, se va desarrollando un gusto por recorrer tu propia urbe.”

Tal placer se intensificó cuando el amante de la ciudad bestia estudió periodismo con enfoque turístico. Su profesión le permitió explorar los rincones secretos de un México que no se mira a simple vista, sino que demanda una labor de investigación que no sólo involucra los libros, sino también la práctica, el recorrer las calles con los propios pies. Gracias a sus descubrimientos y a ese afán por mostrar aquello que no tiene voz, el periodista compartió sus hallazgos en periódicos emblemáticos como México Desconocido o el Reforma, especializándose cada vez más en mostrar la cara oculta de nuestro país. Más tarde decidió compartir su conocimiento con la gente de una forma más personal, creando su empresa, Mexicorrerías.  

“Hice de visitar lugares de la ciudad un modo de vida y Mexicorrerías pretende enlazar personas con lugares a través del periodismo y paseos artesanales para recorrerla.”

Y es que como se ha dicho antes, la capital mexicana es por sí misma una ciudad conformada por pequeñas ciudades, cada una con diversos paisajes, tradiciones, historia y gastronomía. 

“Es la ciudad de los contrastes y le tengo que meter velocidad si quiero conocerla más porque la vida es corta y la ciudad es tan vasta que apenas puedo decir que medio la conozco. Es emocionante salir todos los días a descubrir tantas maravillas y no creo que las ciudades del mundo te sigan sorprendiendo día con día como lo hace la nuestra.”

Su extensa trayectoria y pasión por la ciudad que lo vio nacer, llevó al periodista a crear un libro independiente maravilloso que descubre “la cara B” de la antigua Tenochtitlán: Ciudad de México, Ciudad Desconocida. El prólogo es de Elena Poniatowska y la obra entera nos invita (o reta) a descubrir 100 lugares desconocidos o poco visitados por los habitantes. Durante 7 años de su vida, Edgar se dedicó a investigarlos para presentar una guía poco usual que no sólo indica nombres y direcciones, sino también historias profundas que nos recuerdan lo poco que sabemos del monstruo que transitamos diariamente. Túneles de lava en el Ajusco, un cementerio escultórico en el panteón de San Antonio Tecómitl en Milpalta, las aguas termales del Peñón y los museos más exóticos, forman parte del mapa escrito que el viajero local nos regala. 

Ahora sólo queda salir a las calles y comprobar por nosotros mismos que la ciudad de los contrastes aún tiene mucho que contar y provocar. Y aunque podría pensarse que ya lo hemos visto todo, Edgar afirma que la Ciudad de México es como un alebrije:

“Este monstruo de cartón que surge, por cierto en el barrio de La Merced. Muchas personas ven a ese monstruo con colmillos, garras, actitudes medio agresivas pero muchos colores y un trabajo fino y detallado de pintura. De momento he oído a personas que dicen “ay qué horror, qué bestia tan espantosa”, pero cuando lo ven con más cuidado dicen “ah pero está muy bien hecho, cuántas horas habrá llevado hacer esta figura”, lo ven más y dicen “está bonito, es una obra de arte trabajar así el cartón” y quizá hasta compran uno y lo ponen en su sala. Se enamoran, quedan cautivados por ese monstruo. Igualita es la ciudad de México.

Personas que llegan de otros estados, de otros países podrían pensar a simple vista “ay la ciudad cuántos problemas qué grande qué complicado moverse en esta ciudad, y el transporte y la delincuencia, es un monstruo”. Y después empiezan a probar la comida, y después van a los espectáculos de clase mundial y después recorren sus calles y luego van a los barrios y luego y luego y luego… ya no la ven tan fea. Incluso hay extranjeros que se quedan a vivir aquí, aquí pasan el resto de su vida atrapados, enamorados por el encanto de la ciudad.

Y así como el alebrije se apropian de la ciudad, ya la hacen suya y luego ya la presumen y la comparten. Pero así como el alebrije que cambia de formas, que está hecho de varias partes de animales, así la Ciudad de México. Cuando la queremos atrapar y decimos ya la tengo ya la conozco, cambia de forma, como los alebrijes, y surgen nuevas colonias y cambian de nombre las calles y el museo que estaba cerró pero surgieron otros dos… ya cambió de forma el alebrije y cambia y cambia permanentemente… y no deja de asombrarnos.