Internacional

Dujiangyan (都江堰)

Cuentos de magia y pruebas de ingeniería que transformaron una ciudad.

| Por Araceli Stubbe (@arastubbe)
| Fotografías: Edgar Díaz Trueba (@edgartrueba)

Chengdu probablemente sólo existe como una vibrante ciudad de diez millones de habitantes gracias a que se lograron resolver los serios problemas de inundaciones causados por el río MinJiang (uno de los mayores afluentes del YangTze), que arrastraba lodo, ramas y piedras tras su paso por las arcillosas montañas Min.

Si visitas el Museo de Chengdu y te encuentras unas esculturas rosadas de tres metros y ocho toneladas que parecen hipopótamos con nubes en el cuerpo, aprenderás que son las bestias espirituales del agua del pueblo (ZhenShui ShenShou), enterradas debajo de la plaza central para suprimir “el exceso de esencia del agua urbana”. Magia es magia, pero también pusieron manos a la obra y ejecutaron un brillante plan ingenieril que dio la solución hace más de dos milenios en un sitio a solo 60 km de la ciudad: Dujiangyan.

Mis lugares favoritos son esos que tienen muchas historias que contar y aunque aquí no hay castillos ni príncipes, la historia empieza con Li Bing, el gobernador de los Shu en el estado de Qin al que le encargaron construir algo que evitara las inundaciones pero sin que fuera una presa, porque las embarcaciones militares necesitaban tomar esa misma ruta del río.

La innovadora solución que se propuso para canalizar y dividir el agua cosechó los mismos recursos de su problema: Desde el 256 A.C., el agua más limpia se envía a la ciudad e irriga 5,300 km2 de tierras mientras que las rocas y arcillas se separan en la Boca del Pez para usarse en la industria de la construcción. Las divisiones originales se idearon con estructuras piramidales de bambú, rellenas de rocas. Este museo viviente, con partes todavía operativas es único, pues sigue honrando las tradiciones y la creencia de que ‘un dragón de agua’ inundaba la ciudad, así que la entrada a uno de los miradores de la presa se llama ‘El templo atrapa-dragones’.

Dujiangyan es un paseo que le da gusto tanto al práctico visitante con espíritu ingenieril como al romántico que quiere ver el caudal de un bello río con tonos de un limpio azul. Y a nadie le cae mal una visita a los templos taoístas, ni pasar a tocar la roca que transmuta la ‘mala suerte’ en alegrías.

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