Cultura

De poder y guerra: México-Tenochtitlán

El Tlatoani era el representante de Tezcatlipoca en la tierra y era su deber proteger a su pueblo y ser ejemplo de valentía. Debía mantener el equilibrio cósmico mediante conflictos bélicos.

| Por: Gaby Méndez.
| Imagen de portada: Donn P. Crane

Para los nahuas el Estado significaba en términos muy básicos, que se tenía el poder de sentenciar; si algún pueblo no contaba con un poder de este tipo no se reconocía como una de las grandes ciudades. Como en otras partes del mundo y en diferentes épocas, los nahuas veían el poder como algo que era otorgado por dioses, este sistema era reconocido y aceptado por el pueblo, se aceptaba una regla de vida y se entendía que el Tlatoani era el representante de los dioses para salvaguardar dicha regla, principalmente se les asociaba con Tezcatlipoca.

Desde que se adquiría ese poder, el pueblo aceptaba que el Tlatoani ejercería justicia, se pensaba que su libertad para matar era un medio para que Tezcatlipoca protegiera al pueblo. Si alguien distinto al Tlatoani asesinaba, por cualquier motivo fuera de la guerra, se castigaba con la pena de muerte porque se entendía como un intento de usurpar el poder que Tezcatlipoca había otorgado.

Imagen: Máscara de Tezcatlipoca en Museo Británico

El Tlatoani solía portar flechas doradas y un arco, como símbolo de la justicia, cuando condenaba a muerte usaba una flecha para rayar el lugar donde perecería el delincuente. En el Códice Matriense se describe a un buen Tlatoani como un ahuehuete, fuerte y protector; se le veía como ejemplo de valentía y honor con el deber más importante de llevar a la gente en su regazo. Un mal Tlatoani era aquel que era cruel, que “elevaba en extremo su rostro” y que pretendía arrojar miedo a través de su furia.

La forma del estado en México-Tenochtitlan se modificaba durante los gobiernos. En el de Acamapichtli la costumbre era la creadora de las normas obligatorias, esto terminó en el tiempo de Itzcoátl que no apoyaba los cambios bruscos en el orden jurídico, así muchos de los preceptos quedaron inválidos. Después Moctecuhzoma Ilhuicamina, retomó varias de las costumbres a su nueva legislación. La costumbre creó normas que principalmente trataban de reglamentar las relaciones bélicas; otras eran para mantener la paz en el interior con formas de cortesía, gratitud, peticiones, invitaciones a ceremonias, etc.

Imagen: Guerreros en Códice Florentino.

Entre la reglamentación bélica, se manejaban cuales eran las causas justas para comenzar una guerra, cómo se debían llevar a cabo, lo que se hacía con enemigos capturados, etc. Las principales causas de un conflicto bélico eran ataques a embajadores, comerciantes o mensajeros; otras razones que se originan a partir de la expansión mexica, es el culto a los dioses. Si tus ideas religiosas no admitían a los dioses mexicanos y no les rendían culto y tributo, sobretodo en los pueblos vecinos, se hacía una declaración de guerra.

Si se pretendía comenzar un conflicto, primero debían de dirigirse al pueblo gobernado para que ellos iniciaran con la rectificación de actos y hacerles entender que, de lo contrario, todas las consecuencias recaerían sobre ellos. No sobre sus gobernantes. El pueblo debía reunirse y tras 20 días se iría por una respuesta. Si la respuesta era negativa, se debían entregar escudos y espadas de madera, como símbolo de que previo a una batalla el enemigo no se encontraba desarmado o desprotegido.

Fotografía: Paul McClure.

El siguiente deber era dirigirse al Tlatoani y a su corte, intentando una vez más que se hiciese una rectificación, que se ajustasen a sus términos. Nuevamente tras un plazo de 20 días, se va por la respuesta, si de nueva cuenta era negativa, se untaba al gobernante con un líquido para resistir las fatigas del combate por venir y se ofrecían más armas. Finalmente, las mismas peticiones se le hacían al ejército, con otro mes más de plazo. Se llevaban más armas, en caso de la negativa. Posteriormente entre ambas partes, se debía hacer un pacto que indicara lo que se debía cumplir en caso de perder, si aquello no se respetaba se tomaría como traición a los dioses. Estos pactos tienen su origen, cuando en guerras anteriores se solía regatear con el capitán del ejército que estaba por vencer, se ofrecía tributo hasta que el triunfante estuviese satisfecho, de lo contrario se continuaba con la batalla. Pero el pueblo mexica siempre buscaba que al final el resultado fuera la adición de sus costumbres.

El Tlatoani, como representante divino, era quien debía hacer la guerra para mantener equilibrio cósmico, para alimentar al Quinto Sol. De hecho, el Tlatoani debía de ser un guerrero hábil, sin embargo, había ocasiones en que no se encontraba en el frente de batalla, por lo que algún militar de alto rango usaba una corona de oro, que significaba ser su representante en batalla. Los mandatos no tenían una duración fija, algunos fueron de 20 años, otros de 10 o inclusive de 5. Dependía de las circunstancias, que regularmente se determinaban por las guerras. Es cierto que el Tlatoani era visto con mucho respeto, era un ser divino y aun así se han registrado eventos que parecen cuestionar su significado para el pueblo.

Imagen: Códice Moctezuma.

El primero se da en 1486, cuando el séptimo tlatoani Tízoc Chālchiuhtlatoana muere, aparentemente a manos de su propia corte. A lo largo de su periodo tuvo muy poco éxito militar, sufrió varias derrotas que trajeron pobreza a su reinado. Tomó varias decisiones militares erróneas que provocaron grandes pérdidas humanas en batallas que se suponían “fáciles”. A ello se le suma que en aquel momento varios guerreros pretendían subir la escalera social mediante méritos bélicos, pero Tízoc los limitó con nuevas reglas de obtención de insignias. Estas se obtendrían solamente al capturar soldados de Huextozingo. Lo cual era muy difícil, ya que estos soldados eran de los más diestros en combate. Llegó un punto en que los mexicas se preocupaban más por someter rebeliones, en lugar de continuar con su expansión; y así se obtiene a un Tlatoani asesinado, supuestamente con veneno.

El otro episodio es la muerte de Moctezuma Xocoyotzin, el tlatoani que gobernó durante la llegada de los españoles. Moctezuma, a diferencia de Tízoc, era un buen militar que llegó a conquistar más de 450 poblaciones. En realidad, hay varias versiones respecto a su muerte. Pero en una de ella se cuestiona la divinidad y el aprecio a la autoridad de un Tlatoani. De acuerdo con los cronistas españoles, el 29 de junio de 1520, Moctezuma es apedreado cuando éste, amenazado por los conquistadores, sale a la azotea del palacio y pide que se permita la salida de los españoles. Tres piedras, que venían de la mano de los suyos, le dejan heridas que le matan. Algunos historiadores concuerdan con esta versión, y consideran que el ataque se da porque el pueblo le había dejado de reconocer y veían a Cuitláhuac (hermano de Moctezuma) como el verdadero Tlatoani. Puesto que Moctezuma estaba en manos de los españoles y Cuitláhuac había encabezado los ataques. Cabe mencionar que éste último es quien orquestó la llamada “Noche victoriosa” o “Noche triste”, dependiendo la perspectiva.

Imagen: Muerte de Moctezuma por Donn P. Crane

En las crónicas de corte indígena, se sostiene que al salir a la azotea Moctezuma ya estaba muerto. Los tlatelolcas cuentan que el cuerpo del Tlatoani tenía heridas de espadas; mientras que Durán plasma en su obra que los indígenas encontraron a Moctezuma encadenado de los pies y con cinco puñaladas en el pecho. En otros textos se lee que fue estrangulado por españoles, agreguemos que en el Códice Moctezuma se le ilustra con soga al cuello. En este lado de la moneda es indiscutible el respeto que los pobladores otorgaban al representante de Tezcatlipoca, a pesar de la situación que se vivía.

Se tiene registro de doce tlatoanis en México-Tenochtitlán, todos ellos reconocidos como faro guía encargado de proteger a las familias, aunque es un hecho que siempre se intentó proteger los privilegios de los nobles, y a pesar de ello el pueblo les reconocía como portadores del poder y la justicia. Los tlatoanis eran electos y no herederos forzosos por derecho, nunca ha quedado claro cómo se llevaba la elección, más la mayoría de los historiadores coincide en que los cuatro máximos representantes de la corte eran los que hacían valer su voto.  El primer Tlatoani fue Ténoch en 1325, cuya memoria y fortaleza fue inspiración para los siguientes gobernantes, tanto así que se le homenajeo nombrando a la capital “Tenochtitlán”.

 Referencias

López Austin, Alfredo, La Constitución Real de México-Tenochtitlan (formato PDF), prólogo de Miguel León-Portilla, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Historia, 1961 (Serie Cultura Náhuatl. Monografías 2)

Vela, E. (2011). Los Tlatoanis mexicas: La construcción de un imperio. Arqueología mexicana, (40), 8-17.


Conoce la cultura e historia de la CDMX con nuestra app gratuita para viajeros culturales.