Cultura

Canto en la primera fiesta del año: Festividad quecholli

Los cantos a los dioses no pueden traducirse ni entenderse sin ver el panorama completo. La elaboración de las flechas para la primera caza del año forma parte de las festividades quecholli y se acompañaban del “Canto de Aamímitl”.

| Por: Gaby Méndez.
| Imagen de portada: La veintena Quecholli de Códice Durán.

La cultura teotihuacana está llena de fiestas donde los dioses son halagados, dentro de estas se acostumbraban los cantares teocuicah cuya interpretación al español se convierte en un reto de extrema dificultad debido a la necesidad de referentes específicos. Existieron cantos de diferentes géneros, los llamados “Cantos de dioses” se encuentran en su versión original en el Códice matritense, son en total 20 y sus transcripciones e información para su entendimiento se reunió en “Primeros memoriales” de Sahagún y posteriormente en el Códice florentino. Estas transcripciones tenían una distinción particular, en el original se encontraban como cantares a los dioses y en los posteriores la palabra “dioses” se sustituye por “hombres-búhos” (tlatlacateculo), se interpreta como “demonios”.

Por la misma dificultad que representaba el pronunciar los cantos y porque aquellos que estaban bien instruidos en la antigua religión no se encontraban más, su lectura adquirió un tinte peligroso que les hizo catalogarlos como algo “diabólico”. Patrick Johansson habla de que la expresión oral indígena en realidad no puede ser un texto escrito, porque se trata de un tejido que debe acompañarse de gestos, compases dancísticos, efectos sonoros e incluso un espacio-tiempo determinado. Cuando estos cantos son sacados del caleidoscopio no puede ser leído, porque aquello no se hizo para ser escrito. Cuando se analiza desde el papel se sesga el sentido original. Otro de los riesgos es que el texto adquiere un sobrevalor semántico y se dan varias interpretaciones erróneas que simplemente no expresan lo que se quería y por ello se desvirtúa el pensamiento indígena prehispánico, su cantar.

Un ejemplo de esto es el texto oral “Aamimitl icuic”, que más allá de lo que dice podemos hablar un poco de los componentes expresivos que nos permiten entender el acontecer en el contexto más amplio posible. Aamimitl puede hacer referencia al dios de lagos y pescadores, pero también refiere a la frase “flecha de cacería” que se relaciona con un ritual en que se elaboraban las flechas nuevas para la primera cacería del año. El canto forma parte de la festividades “quecholli”, y en sí está en chichimeca, pero se mantenía en la cultura mexica. El ritual empezaba justo después de pasar cinco días de silencio, en este período quedaba prohibido hacer algo. Tras el no trabajar ni hablar, se llevaban cañas al pie del templo de Huitzilopochtli. Empezaban los cantos y llevaban de vuelta las cañas, cada quien a su casa; entonces volvían a andar hasta el patio del Templo Mayor con cañas en mano. Ahí se enderezarían en el fuego a mano del dios Xiuhtlecuhtli; una vez enderezadas se llevaban a lo alto de la pirámide. Seguían cantando junto con el sonido de caracoles y se hacían sangrar las orejas para después untarse la sangre en las sienes.

Imagen: La veintena Quecholli de Códice Durán.

De vuelta en el patio, los artesanos flecheros y los mismos cazadores cortaban las cañas, todas de la misma medida. Después las pasaban a otro grupo de cazadores para que fijasen las puntas, se amarraba con ixtle (fibra vegetal que proviene del agave lechuguilla) y se untaba resina desde la punta hasta la parte trasera de la flecha. Durante este tiempo el ayuno era riguroso y se debía sangrar continuamente (preferentemente de los oídos), las relaciones sexuales y el pulque estaban prohibidos. Al terminar de hacer todas las flechas se juntaban en grupos de veinte y se amarraban en la parte media, para después ser colocadas al pie del templo. Dejaban las flechas y cada quien partía a su casa.

Al día siguiente llevaban sus flechas a casa, donde colocaban una penca de maguey y practicaban con ella, la flechaban una y otra vez, se piensa que esta práctica se acompañaba de una danza que acompañaba al canto ritual. Este era un acto de gestación, ya que se pensaba que la flecha sólo era caña y punta de obsidiana, con el ritual adquiriría un alma, “tonalli”.

Imagen: El Cantar de Amímitl en Códice Matritense.

En el quinto día se iba a donde los muertos habían sido enterrados para colocarles cuatro flechas amarradas junto a una pluma. Ponían dos tamales dulces y permanecían ahí, hasta que el sol se escondiera, entonces quemaban la ofrenda y enterraban las cenizas donde el difunto. Para aquellos que habían muerto en la guerra se tomaban las insignias, escudos y taparrabos para ser amarrados a cañas de maíz seco y  en un extremo colgaban un colibrí muerto, muchas (se estima que eran 400) plumas de garza y cuerdas. Al fin del día, también se quemaban y enterraban.

En el sexto día, se esparcía zacate y agujas de pino en el suelo, después las ancianas se sentaban sobre ello y enfrente de ellas colocaban un petate. Las mujeres con niños llegaban y sobre el petate dejaban cinco tamales dulces y dejaban a sus hijos en los brazos de las ancianas para que estos bailasen. Al terminar volvían a casa y en seguida los cazadores salían hacia el monte Zacatepec. Iniciaba la primera cacería.

Fotografía: Punta de obsidiana.

 Fragmento de traducción de contexto de “Aamímitl acuic” de Códice florentino, Libro II, capítulo 33

“Allá cañas eran ofrendadas, cada quien

cogía una carga, los guerreros tequihuaque de

Tenochtitlan, de Tlatelolco. Las ofrendaban

allí al pie (del templo) de Huitzilopochtli”

“En verdad todos de movían; los guerreros tequihuaque,

los jóvenes, los hombres maduros y los niños pequeños,

cada quien las subía (las cañas) al templo”

“Luego ya se van a cazar, se

dirigen al Zacatepec, allá en el flanco

de nuestra madre”.

Las festividades quecholli son todavía más extensas y cuentan con distintos elementos significativos, intervenciones de ancianos, animales, la constante del zacate y un vínculo entre los difuntos y el espíritu en las flechas que permiten la caza. El canto es parte importante del ritual, principalmente porque se considera que es un vínculo con el cantar de las aves, y se respeta el equilibrio con la naturaleza. Por supuesto que también es una forma de acercarse a los dioses quienes forman estas interrelaciones con hombres y naturaleza. El ejemplo que se da es un canto dirigido a Aamímitl como protector de animales y hombres, sólo algunas de las palabras han podido ser traducidas, pero el entendimiento del aparato es lo más importante o sino aquello carecería de sentido. La enunciación sin el factor rítmico no permite la aprehensión correcta del texto, el poder de la traducción está disminuido.


Fuente:

Johansson, P. (2007). Amimitl icuic” Canto de Amímitl”. El texto y sus” con-textos”. Estudios de Cultura Náhuatl, 38(038).


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