Cultura

Apariciones testimoniales: La Nueva España

La religión era eje central en la vida de los novohispanos, por ello surgen relatos de apariciones que reflejan ideas, miedos y aspiraciones que compartía la sociedad; funcionando también como reforzamiento de su estructura.

| Por: Gaby Méndez.
| Imagen de portada: Las cuatro partes del mundo por Juan Correa.

La sociedad novohispana estaba inherentemente adherida a la religión, el pensamiento científico independiente no existía. Aquello que la Biblia decía era incuestionable, todas las concepciones sociales partían de ahí, toda institución debía tener un vínculo con la Iglesia. Inclusive el tiempo se media con las campanadas que convocaban a los pobladores a rezar en determinada hora. Los fieles constantemente se preocupaban sobre si su actuar les permitiría entrar al cielo o les condenaría al infierno. Con el tiempo, la religión en la Nueva España empezó a evolucionar y tomar ejes diversos, la tradición aparicionista europea se introdujo y se generó un sincretismo cultural alrededor de ello, pues las creencias indígenas permanecían en el subsuelo que se plantaba.

Las apariciones que se contaban entre los habitantes sirvieron como anclaje identitario y afianzaron el patriotismo hacia la Nueva España, les hacía sentir que su lugar de origen se equiparaba a Asia Menor y Europa en cuanto a santidad.  Las apariciones se distinguen en dos tipos, las legendarias y las testimoniales. Las legendarias se refieren a imágenes de culto que se atribuyen a facultades milagrosas, son legendarias porque no hay personas en la época que lo hayan presenciado o se consideren testigos de primera mano. Ejemplo de ello son los santuarios a la virgen de Guadalupe que fueron construidos un par de décadas después de la conquista, aunque la leyenda de su origen surge al final del S.XVI. Las apariciones de esta índole suelen ser de gran importancia religiosa, cultural e histórica, por lo que se cuenta con largos y bien sustentados estudios al respecto.

Imagen: Vista de la Plaza Mayor de la Ciudad de México por Cristobal de Villalpando 1695

En cuanto a las apariciones testimoniales podemos decir que son experiencias de individuos que dejan testimonios escritos u orales, estos son fenómenos religiosos que tuvieron repercusiones sociales y económicas. En la investigación de Gisela von Wobeser al respecto no se pretende comprobar si lo atestiguado fue real o no, el propósito es comprender el papel de estos relatos en la sociedad; porque todo relato es reflejo de la realidad, del pensamiento, de los miedos y aspiraciones, en este caso, de los novohispanos.

Se decía que cuando algún convento estaba por iniciar una celebración religiosa, en las noches, afuera de las puertas acudían decenas de “personas” con banderas, pífanos y cajas; tenían un enorme toro negro que daba bramidos y echaba llamas por la boca. Aquellos fuera de las puertas eran considerados demonios que pretendían estorbar las celebraciones, si alguna de las monjas salía por la noche eran atadas con cuerdas y redes para que no pudiera ayudar a los rezos que la celebración requería. Esto nos indica que era deber de todos el participar en las celebraciones religiosas, porque aquello que se consideraba el mal intentaba detenerlos, es decir que era de valientes el rezar como era debido. Te otorgaban un papel de suma importancia.

Imagen: Santa Rosa tentada por el demonio por Cristobal de Villalpando

En la Nueva España era común que los pactos con el Diablo se hiciesen, sobretodo la gente pobre, enferma y los esclavos; esto debido a que sentían que habían sido abandonados por Dios, pensamiento contradictorio al de Mesoamérica donde aquellos en dificultades eran quienes habían sido marcados para ser conducto de los dioses y se les veía con respeto. Se cuenta que en 1691, Antonia de Soto, esclava mulata de Durango escapó a los 12 años de su amo, y vestida de hombre  hizo de vaquero y ayudante de arriero, tras 6 años se hizo de riqueza y reconocimiento como excelente domadora de caballos y torera. Todo esto lo logró gracias a un pacto que hizo con el Demonio tras su primera huida, el rumor se esparció diciendo que pudo engañar a todos gracias a una ayuda del más allá, pero que su alma no descansaría en paz. Esto demuestra que los roles sociales estaban bien definidos para los novohispanos, por lo que se buscó una explicación que diera cabida a la transgresión de las normas y sólo así se entendió que una mujer gozará de buena fama y dinero tras ser una esclava.

El 15 de enero de 1624, el pueblo se rebeló en contra del mal gobierno del virrey conde de Gelves y del arzobispo Juan Pérez de la Serna. El arzobispo excomulgó al virrey y mandó a cerrar las iglesias, por lo que el pueblo se enfureció aún más y se levantó en armas, la turba parecía que sería imposible de controlar por lo que Inés de la Cruz en el Carmen Descalzo entró para rezar, ahí la Virgen apareció y exhortó a rezar, ya que había sido una gran ofensa que las iglesias se hayan cerrado. Tras un largo tiempo la Virgen se levantó y les dijo que ahora era seguro salir, que la paz se había alcanzado por su oración, pero que la ofensa sería castigada con grandes inundaciones y castigos temporales. Este fragmento deja entrever que el papel de los conventos como extensión de lugares de alto valor religioso se había reafirmado y la creencia de que las mujeres son quienes aplacan la ira mediante su comportamiento nos permite ver a grandes rasgos cómo es que uno de los papeles primordiales de la mujer se encuentra atado a los conventos. Porque ellas son quienes cuentan con la capacidad de aquietar, se les afianza una vez más su papel como protectoras.

Imagen: El ángel de la guarda, anónimo. S.XVIII en el Museo de El Carmen INAH.

Otro de los relatos cuenta que el Fray Agustín vio al Fray Juan reprender a uno de los correligionarios que se vería con una mujer de mala fama, logró convencerle y el resto de la noche lloro arrepentido de lo que había pretendido hacer. A la mañana siguiente el hombre pidió ver al Fray Juan para mostrarle arrepentimiento y gratitud, pero el Fray Juan aseguró haber estado toda la noche en su habitación y juró no haber visto a aquel hombre o al Fray Agustín como ellos declararon. Entonces el Fray Agustín dijo que entonces había sido el ángel de la guarda del Fray Juan quien había reprendido al hombre. Como este relato hay varios, que nos indica que, en la época, la idea del ángel de la guarda tenía una suma importancia, ya que no solamente te protegía a ti mismo sino también a los demás. Para aquellos que soñaban con lugares extremadamente bellos o lugares lejanos, se contaba que el ángel de la guarda daba enseñanzas y recompensas en sueños.

Estos ejemplos son solamente una parte de la investigación de la historiadora Gisela von Wobeser que permite entender cómo es que sistemas como las indulgencias fueron aceptadas en primera instancia por los novohispanos, así como la inclinación hacia la producción del arte religioso y la generación de un ejercicio de refuerzo de estructura de dos vías. Desde una institución muy poderosa, como lo fue la Iglesia en la Nueva España, que permeaba en los pobladores, hasta como los mismos pobladores ofrecían relatos que se acomodaban con la ideología y que, incluso hoy en día, se mantienen en un país católico, como lo es México.

Imagen: Las cuatro partes del mundo por Juan Correa.

Fuente:

Wobeser, Gisela von, Apariciones de seres celestiales y demoníacos en la Nueva España, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 2016, 148 p. (Historia Novohispana, 100)


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