Cultura

Algunos juegos rituales y el deporte

Las carreras, el juego de pelota, las batallas e inclusive el escalar son parte de algunos de los juegos rituales mexicas que solían terminar en sacrificio religioso, principal motivo que no permitió que se convirtieran en deportes como se logró en Grecia con los juegos olímpicos.

| Por: Gaby Méndez.
| Imagen de portada: Juego de pelota de Chinkultic por Mud and dark.

En la cultura griega fue donde se encontró el concepto del deporte, donde la mejora en capacidades corporales y una disciplina rigurosa eran requeridas. Los Juegos Olímpicos se ligan con el mito de la salvación de Zeus niño, cada “deporte” o “juego” era dedicado a un dios distinto; sin embargo, la competencia se desencadenaba de toda deidad y el competidor, su cualidades, su posición social y su honradez como deportista tomaban el protagonismo. 

Antes de la Conquista, en la capital mexica se celebraban distintos juegos que se alineaban con las fechas de importancia religiosa, es decir que su origen también era mitológico, pero, a diferencia de los griegos, jamás pudo apartarse de ese ámbito e incluso los mismos sacerdotes llegaban a ser participantes. Los griegos permitieron que su tradición se fuera modificando, en un principio, en busca de un beneficio social, principalmente como adiestramiento para la expansión territorial; para los mexicas el beneficio clave era conservar el equilibrio y la experiencia para la guerra resultaba una ganancia colateral. Tal vez un punto a resaltar para ver más de cerca la cadena que no dejaba nacer el deporte es que el espectador tenía la misma carga de sentido religioso que el participante, para los mexicas expectantes algo estaba en riesgo, podrían ser testigos un mal augurio o podían perder algo (dependiendo del juego ritual). En Grecia, los espectadores sólo esperaban ver a un héroe alzarse.

Imagen: Lucha griega de Becante.

Si los juegos olímpicos en Grecia no se hubiese desarrollado, la polis hubiese enfrentado algunos problemas, pues los competidores personificaban a los que defenderían la ciudad en batalla, cada uno era embajador de su pueblo que los había adiestrado para ser el héroe que les representase. Pero volteamos a ver a los mexicanos, para ellos en los juegos no existía tal competencia en primer plano, era un sacrificio que si no se llevaba a cabo, terminaría en la extinción de toda la humanidad, un ciclo roto. Esta condición no se da en todos los juegos, pero sí en los más importantes. Alfredo López Austin hace toda esta comparación para entrar de lleno a los juegos rituales, es una forma de entenderlos porque si el contexto religioso se hubiese suprimido, probablemente se hubiese generado toda una “industria”, o al menos un deporte que no se esfumara tras la conversión religiosa. 

Cada juego ritual tenía su propio nombre y la mayoría de ellos incluía algún verbo que indicaba lo que debía hacerse, o se usaba el sustantivo del instrumento principal del juego. De forma genérica, los juegos rituales podían ser llamados de varias formas. Una de ellas era neellelquixtiliztli, que significa “acción que da salida a la vehemencia”; otra es netlaocolpopololiztli, “acción que desvanece tristeza”. Suena parecido a lo que el deporte puede significar para varios atletas; al menos para los nahuas, estas acciones sacaban tensiones, daban olvido momentáneo y eran motivo de admiración.

Imagen: Juego de pelota de Chinkultic por Mud and dark

Recordemos que el calendario ritual nahua se conforma de 365 días divididos en 18 “meses” de 20 días. Los últimos 5 días eran sin ceremonias. Cada rito no estaba distribuido estrictamente en las 18, y algunos requerían una preparación larga y otras necesitaban pocos días.

En la primera veintena se preparaba el Rayamiento o Tlahuahuanaliztli y sucedía hasta la segunda. En la primera se dan las ceremonias a los Tlaloque. Los “rayados” eran otros guerreros cautivos, que junto a los cautivadores danzaban en honor a Xipe Tótec (dios de la vegetación). De la cumbre de la pirámide de Yopi, descendían los sacerdotes, junto con músicos, hasta donde se encontraba una piedra cilíndrica. Después ingresaba un “rayado” que era atado a dicha piedra y se le ofrecía un arma casi inofensiva, entonces aparecían dos guerreros águila y dos ocelotes. Cumplían todo un protocolo religioso y posteriormente iniciaba la pelea. Si el amarrado lograba vencer a los cuatro, un guerrero representante de Huitzilopochtli era el siguiente oponente, pero era prácticamente imposible de vencer. El sacerdote finalmente se acercaba para arranca el corazón del abatido y ofrecerlo de tributo al Sol. Los “rayados” eran desollados, y con sus pieles se cubrían a los nuevos guerreros representante. El significado de estas pieles era el renacer de la vegetación.

Las capturas representaban para el guerrero un cambio de estilo de vida, era un honor y se adquirían privilegios. Se generaba un vínculo entre el cautivo y el cautivador, cuando el cautivo moría, la familia entraba en luto riguroso. El guerrero no podía bañarse dentro de los siguientes 20 días; si el cautivo murió en representación de Xipe Tótec, se debía participar en un juego. En la tercera veintena (veintena de Tozoztontli) se llevaba a cabo la Persecución del Tetzompacqii, esta consistía en portar las ropas del “rayado” fallecido y perseguir a todo hombre a su paso, arrebatando sus mantos para llevarlos al centro del patio del cautivador. Los hombres para evitar el despojo le apedrean y luchaban contra él.

Imagen: Xócotl del Códice Borgia.

Otro juego ritual era la Caída del Xócotl, se preparaba en novena veintena y se realizaba en la siguiente. El juego consistía en llegar a la cima de un tronco alisado, hasta arriba había una figura de masa en forma de pájaro galano, que representaba a Otontecuhtli. El tronco junto a la figura se llamaba xócotl. Traían un tronco del bosque, aproximadamente de 25 brazas de altura, le quitaban todas las ramas y tras dejarlo descansar le hacían ofrendas, posteriormente lo lijaban y erguían. Se mantenían así por 20 días. En el último día se le colocaba la figura en la punta, mientras un esclavo era bañado y después asesinados en representación de Yacatecuhtli (dios de comerciantes). Cuando el sol ya se hubiese escondido los jóvenes intentaban escalar el xócotl, con ayuda de cuerdas. De cada cuerda subían hasta 20 personas, en la cúspide el ganador debía cortar el cuello de la figurilla y desmenuzarla sobre los que observasen desde abajo. Al bajar, los ancianos le llevaban al Tlacacouhcan, Durán afirma que lo encerraban por cuatro días. Se le daba una manta morada, lujosa y con franjas de plumas. Después era llevado a su casa, si alguna vez había capturado a algún enemigo en combate entonces podía portar la manta, de lo contrario, debía ser guardada en casa.

En la veintena 17 del año se hacía la Carrera de la flor, en ella un joven usaba un manto, un tocado de plumas blancas y ataba a sus tobillos pezuñas de ciervo; así iba cargando una penca de maguey hasta Cuauhxicalco. Después los sacerdotes corrían hasta la cumbre donde estaba el templo donde se encontraba la “flor divina”. Cuando los ven bajar, prenden fuego a la penca y todos deben llegar y arrojar su flor a las llamas.

Terminemos con el Juego de pelota de hule u Ollamaliztli, este no estaba ligado a una fecha específica. Cuando los señores lo usaban de pasatiempo se le llamaba juego de pelota de viento, en dos paredes muy altas separadas por veinte pies, una frente a otra, con una rueda en medio por la que la pelota de goma debía pasar. El objetivo era pasar la pelota por los agujeros, cada jugador iba con dos cintas en la cintura de las que colgaban pedazos de cuero. No se podía usar manos o pies para pasar la pelota, debía ser con cintura o nalga. Había de dos a cuatro jugadores por equipo. En realidad, los documentos de Sahagún no tienen una vasta información sobre el juego, y varias de las reglas no se exponen en los distintos códices. Algunos manejan que la estrategia era hacer perder el bote al contrincante u obligar al otro a usar una parte no permitida del cuerpo. Cuando alguien pasaba la bola por el aro, ganaba, pero era muy difícil por lo que los jugadores que lo lograban eran recordados por mucho tiempo. Los señores perdían sus cosas valiosas en el juego, inclusive, si se atravesaba el aro, los espectadores también debían ceder sus cosas de valor. El juego era muy duro, ya que debido a las dimensiones de la cancha y las cualidades de la pelota, era fácil lastimarse. Era común que un golpe en la cabeza ocasionara la muerte del jugador. En el juego ritual no sé sabe si el equipo perdedor o ganador era sacrificado.

Imagen: Arqueología Mexicana.

El único de los expuestos aquí que se considera un deporte actualmente es el juego de pelota, ahora se llama Ulama y no es muy popular, por lo que quienes lo practican no se consideran atletas y por ende el profesionalismo no es posible. Otros juegos son las representaciones de guerras y cuando los participantes son guerreros, cautivos o mujeres había algún tipo de desmembramiento, desollamiento o sacrificio en general. Pero cuando los participantes eran sacerdotes, no enfrentaban un destino funesto, incluso se enriquecían; el motivo principal de todo esto es porque los sacrificados representaban a alguna deidad. Un carácter religioso que estaba realmente arraigado y permitía estás situación sin cuestionamiento.

Fuentes:

Juegos rituales aztecas (formato PDF), versión, introducción y notas de Alfredo López Austin, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 1967 (Cuadernos Serie Documental 5)


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